Eso que se extiende se llama desierto, en Sábado del libro

«Qué hacer sabiendo que todo lo que hagamos serán gestos inútiles, manotazos al viento.
Porque la vida es una gracia concedida, un permiso de plazo fijo (¿el divertimiento de un dios, su juego macabro?)
¿Esperar entonces resignados, nuestro fin mientras construimos civilizaciones que conservan ilusoriamente la memoria, mantener empecinadas nuestra fe y esperanza como si eso sirviera de algo?
Por ahora no queda más que escribir, y siempre con una sonrisa burlona y desafiante...»
Este es el aliento que Basilia Papastamatíu, en sus notas de contracubierta, nos deja de su libro Eso que se extiende se llama desierto, presentado este Sábado del libro bajo el sello de la editorial Letras cubanas.
El presentador del panel fue el propio director de la editorial antes mencionada, Rogelio Riverón, quien catalogó a la intelectual como una de las voces más precisas de la poesía actual y leyó al público fragmentos del prólogo de su autoría:
«(…) Pero Eso que se extiende se llama desierto no se caracteriza precisamente por la arritmia, para decirlo de forma un tanto ruda. Su movimiento cuenta con eufonías que subrayan esa manera aquietada de entonar el desencanto, como si esta mujer de origen griego estuviera convencida, con Lao- Tsé, de que para ganar hay que colocarse debajo. Solo que, por lo visto, ganar no es lo que más le importa. Parece, por el contrario, que el sujeto de este libro ya se respondió todas las preguntas y su fe, como un animal maduro, va siendo arreada hacia la palabra, un terreno por el que es preciso seguir marchando. Ese es su confín, digo, admitiendo que hay poetas así, tan originales que nos obligan a ser ridículos en el intento de comprenderlos.
»No es que la palabra sea insuficiente por sí sola, sino que viene después. Algunos poetas se encaminan a ella como un recurso de apelación. La palabra es una realidad más dura que otras realidades, según se deriva de las piezas peligrosamente bellas de este libro, que subraya otra constante de la poesía de Basilia: una inconformidad con la existencia, lo que en no pocas ocasiones resulta más bien una inconformidad con la manera en que alcanzamos a explicar la existencia. De modo que Eso que se extiende se llama desierto es también un intento por revocar el tiempo valiéndose del material efervescente del lenguaje, pero siempre contradictorio, como no es extraño en los descubridores.
»Con este poemario, tenso en su relación con el paisaje, la historia, el ser que la hace o está por hacerla y, finalmente, con el propio lenguaje, Basilia Papastamatíu corrobora que su desvelo nos implica a todos, que su palabra es por muchas razones la nuestra, aunque algunos lo ignoren, y que esa discreción al mencionar el dolor, lo banal y el peligro del desaliento ha logrado conformar uno de los discursos poéticos más legítimos de este tiempo.»
El investigador y novelista, Alberto Garrandés leyó sus experiencias sobre esta obra. En sus escritos manifestó de forma total que es un libro que vive en la manifestación y que es un camino entre la poesía y el poeta; nos dice que Platón tenía
razón. La obra muestra el prestigio de las ruinas, los instantes precarios donde experimentamos al mundo.
Por su parte Ricardo Alberto Pérez, más conocido como Richal, lo calificó como una ruta atestada de enigmas por una poesía que abarca cinco décadas, que se puede leer con mesura. Las palabras se tensan, se arraigan en una estructura concebida de manera exquisita y formal; que provienen de los grandes escritores argentinos. Cada poema coloca al lector ante un acontecimiento inevitable donde no es violentado ni estafado. Por un lado pretende la autora ser irreverente y por el otro es afectiva, aspirando a la belleza de la palabra.
La Papastamatíu expresó sentirse muy agradecida porque se encontraban allí amigos entrañables y mencionó la coincidencia de tres de ellos, muy significativos para la autora, porque renovaron la poesía de su generación cuando estaba regida por cánones muy rígidos: Omar Pérez, Sigfredo Ariel y Carlos Alfonso.
Leyó para el público, del libro presentado, cuatro poemas: «En la existencia flotante del sueño», «Muerte perezosa», «No más» y «Oh noches sin despertares ni amaneceres».
