Eduardo Heras León: “Solo he querido dar testimonio de mi tiempo”
“Nunca pensé mucho en la trascendencia a largo plazo de lo que escribía, siempre fui modesto, solo quise escribir lo mío y ya, solo he querido dar testimonio de mi tiempo, de mi vida”, afirmó el destacado narrador cubano Eduardo Heras León, durante una jornada literaria celebrada recientemente en la sede de la Uneac en la provincia de Matanzas.
“El impacto que pueda tener mi trabajo en el futuro será decisión de los lectores, de los críticos, del transcurrir de los años; pienso que hice lo que tenía que hacer: escribir, y todavía lo hago, en todo momento trato de ser lo más sincero posible”, comentó además.
En declaraciones exclusivas para Cubaliteraria, Heras León se refirió específicamente a la publicación de sus Cuentos completos (Letras Cubanas, 2013), donde se reúnen La guerra tuvo seis nombres (1968), Los pasos en la hierba (1970), Acero (1977), A fuego limpio (1981), Cuestión de principio (1986), Dolce vita (2012) y un grupo de textos no recogidos antes en libros.
“Quizás yo hubiese podido escribir más, lo reconozco, y a que no lo hiciera contribuyeron avatares muy diversos —entre los que se encuentran algunos relacionados con la política cultural cubana que en determinada etapa provocó la frustración de muchos artistas—, pero de cualquier manera produje una obra, mi obra, y espero que les resulte útil a los demás, sobre todo a las generaciones más jóvenes”.
“Mis cuentos son un pedazo de mi vida, y me siento satisfecho de no haber renunciado a ninguno de ellos, ni siquiera en las circunstancias más adversas; debo hacer una confesión: hay dos cuentos por los que tengo preferencia, «La noche del capitán» y «Dolce vita»”.
Heras León comentó que esta compilación había sido publicada primero en República Dominicana, “en una edición realmente maravillosa”, y ahora, en la propuesta de Letras Cubanas, cuenta con más de quinientas página.
El narrador y crítico literario cubano Rogelio Riverón ha dicho: “La impresión que provocan las piezas que trabajan la epopeya —nada más y nada menos que la defensa de Playa Girón en 1961 o la dolorosa preparación de un grupo de hombres inexpertos para la guerra— no es menos intensa en la obra de Eduardo Heras, que la generada por algunos cuentos de sus libros posteriores. Un volumen como Acero es capaz de concentrar tanta tensión como demande un lector, aunque en ambientes distintos. Si en Los pasos en la hierba el desasosiego o la impotencia hacen inservible la ironía, en Acero esta es manejada como reguladora de estados aparentemente más previsibles, pero no menos propiciadores de tensión”.
“La maestría de un narrador —de un artista— se hace en el riesgo de que su estilo se trueque en costumbre —continúa Riverón—. Para evitarlo no parece haber otra fórmula que el propio trabajo, según lo demuestran estos Cuentos completos. Eduardo Heras León es un narrador de sutilezas, capaz de acercar al escenario ciertos artefactos que luego dejará tras las cortinas, pero que tenía que acercarlos, so riesgo de perder la atmósfera debida. Un escritor así no deja de renovarse.”
En el prólogo de estos Cuentos completos, Francisco López Sacha asegura que el autor es ejemplo de una creación donde el texto deja de ser artificio y puede sostenerse por sí mismo en aquellos valores que provienen de la experiencia, la observación, la madurez y el arte.
Abel Prieto, por su parte, ha calificado a Heras León como una figura imprescindible dentro de la narrativa cubana, con textos vitales para la comprensión del proceso revolucionario posterior a 1959, al cual nunca traicionó a pesar de sufrir en carne propia un oscuro pasaje en la historia cultural del país denominado "quinquenio gris".
Eduardo Heras León es licenciado en Filología y Periodismo por la Universidad de La Habana, lugar donde ejerció como profesor de Literatura Hispanoamericana, de Redacción y Técnica Periodística, y de Historia de América. Es director-fundador del Taller de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, en 1998, hoy Centro de Formación Literaria. Ha ejercido la crítica literaria y de danza en varias publicaciones cubanas y extranjeras. Fue jefe de redacción del periódico Alma Mater y de narrativa en Letras Cubanas, editor de Letras Cubanas, subdirector de Literatura del ICL, director de la editorial Casa de las Américas. Actualmente se desempeña como director del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y vicepresidente primero de la Uneac. Es Premio Nacional de Edición.
