Alguien indefinible, regañón y dulzón es Virgilio López Lemus
Virgilio Lopez Lemus, osado en sus temas, e investigador de toda la obra de Gabriel García Márquez, vaticinó el Premio Nobel de este último, debido a que pudo ver el gran talento del escritor. Él fue el invitado de Fernando Rodríguez Sosa a su espacio literario Páginas Inéditas, que se celebró en el lobby del Instituto Cubano del Libro.
El prolífero investigador coloca su vida cotidiana en su obra reflexiva añadiéndole lo que él denomina el ingrediente universal: la poesía. Este género es el que más le interesa, sobre todo si la poesía es hermética, estilo opuesto al suyo. Estudió por ello a todos los poetas cubanos y después los universales.
Samuel Feijoó fue uno de sus hallazgos en el estudio de la poesía cubana. Feijóo fue un creador férreo, armaba revistas, libros, de una manera incansable. Es un poeta aún desconocido en toda su magnitud, comparado con Lezama Lima y Alejo Carpentier. Expresó que bajo el humor escondía tanta filosofía humana con códigos de carácter humanista. Los mejores momentos del realismo mágico.
Donde la crítica ha dejado un espacio López Lemus ha tratado de llenarlo, por eso tomó para su estudio el siglo XVI, donde el poeta Padilla revolucionó la poesía de su época para ser olvidado más tarde.
Bajo el sello de Letras Cubanas se editó la Antología de poesía neorromántica y La poesía primitiva de Octavio Paz y 200 años de poesía cubana, que según la crítica ha sido uno de los mejores libros de antología. También ha publicado una de Brasil y varias de otros países ya que López Lemus valora que hacer antología es una necesidad que marca y recoge una época.
La décima, principalmente la barroca y renacentista, es una de sus favoritas, pues marca una identidad ya
que es una creación típica de la lengua española, no solo cubana, por eso considera que la historiografía ha sido injusta con ella tanto como con la oralidad.
La teología y la pedagogía tienen un valor poético y el maestro de primaria está entre sus favoritos, pues es quien conduce los primeros pasos y debe ser excelente.
Otro de sus oficios ha sido el de editor y le gusta ser activo, este quehacer le ha enseñado mucho a mejorarse como escritor e investigador, aunque se deja de ser un lector de placer, pues ya no puede ojear un libro deslindando al profesional.
Leyó al final algunos textos inéditos: “Cartas a los amigos”, “El futuro”, “Cine tormentoso”, “Indócil”, “A la rueda rueda”, “La extinta escuela” y de sus recientes libros Donde ha caído un ángel e Ipnos escogió “Bagdad”, “Ruego”, “Resistencia” “Acerca de la divinidad” y “En esta extraña sala”.
