Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 18 de noviembre de 2019; 5:53 AM | Actualizado: 15 de noviembre de 2019
<< Regresar al Boletín
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2
Página

El valor de un verso

Ricardo Riverón Rojas, 18 de julio de 2014

A un poeta lo representan todos sus versos. A lo largo de su ciclo creativo trabaja, línea por línea, hemistiquio por hemistiquio, palabra por palabra, sílaba por sílaba, letra por letra, para acabar integrando los sonidos e ideas en libros —si armónicos resultan los textos— hilvanados por ese algoritmo o filosofía de la audacia lingüística que llamamos Poética. Pero un poeta puede quedar representado muchas veces, en el imaginario popular, por uno solo de sus versos. La memoria colectiva almacena y repite, con los altavoces de la tradición oral, versos huérfanos que en desafío permanente al tiempo devienen holograma del hombre que hay tras el poeta.

De entre todas las paradojas dolorosas que padecen los poetas, esta quizás sea, por reduccionista, la más dramática, pues al parecer resta mérito al angustioso y dilatado empeño por dominar el oficio poético. Mas, si nos concentramos en la volatilidad de la palabra, cobra sentido la pregunta de si, entre los trillones de trillones de palabras que se han escrito desde que el hombre descubrió la expresión gráfica, no constituye un privilegio de abundante valor el que se recuerde algo —por mínimo que resulte— de nuestra escritura.

Una de las claves sobre las dificultades que entraña estructurar un verso recordable (y usable) la dio Paul Valery cuando expresó: “Cada palabra es una reunión instantánea de efectos sin relación entre sí”. De ahí que un verso recordado y repetido, como proviene de esa asamblea caótica que en tanto música forman las palabras, tenga tanto valor como cuando conservamos y veneramos cualquier piedra de una pirámide —de la Mesoamérica precolombina o del antiguo Egipto—, aunque en la poesía las fragmentaciones no siempre trasciendan como en la arqueología.

El valor de un verso, en voz de Fuenteovejuna, gana notable relumbre cuando sabemos que de Miguel de Cervantes Saavedra —pese a ser el creador de la obra cumbre de nuestra lengua— nadie repite ni un verso, aunque quiso infructuosamente ser más reconocido por su poesía que por su narrativa. Angustiado por su poca gracia poética, el propio Cervantes se lamentó: “Yo que siempre trabajo y me desvelo/ por parecer que tengo de poeta /la gracia que no quiso darme el cielo...”

“Polvo serán, mas polvo enamorado” (Francisco de Quevedo), “Puedo escribir los versos más tristes esta noche” (Pablo Neruda), “Pasarás por mi vida sin saber que pasaste” (José Ángel Buesa), “Su alma no sabe otra cosa que estar viva” (Gastón Baquero), “Me celebro y me canto mí mismo” (Walt Withman), “Hoy es siempre todavía” (Antonio Machado), “Hay golpes en la vida tan fuertes. Yo no sé” (César Vallejo), “¡Ah, que tú escapes!” (José Lezama Lima), “Era llena de gracia como el Ave María” (Amado Nervo), “Verde que te quiero verde” (Federico García Lorca), “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?” (Rubén Darío) y un sinnúmero más de versos imposibles de relacionar in extenso, funcionan como documento de identidad para dar testimonio de una manera rotunda de sentir, o como muletilla oportuna para concluir o comenzar diferendos académicos, políticos, amores conflictivos, plenitudes o éxtasis de diversa temperatura. Fosilizados y sin permiso, se expandieron esos versos en la pragmática y colorida oralidad popular —muchas veces repetidos por personas desconocedoras de su origen— como sentencias de ingeniosas y a veces opuestas connotaciones.

Se pregunta uno por qué algunos versos se integran a ese arsenal de proyectiles lingüísticos y otros no, y nuevamente Paul Valery nos auxilia con las agudas reflexiones de la conferencia que dictó, el 2 de diciembre de 1927, en la Université des Annales:  “…las cualidades del lenguaje más importantes para el poeta, que evidentemente son sus propiedades o posibilidades musicales, por una parte, y sus valores significativos ilimitados (los que dirigen la propagación de las ideas derivadas de una idea), por la otra; son también las menos protegidas del capricho, las iniciativas, las acciones y las disposiciones de los individuos”. Un alto valor le concede el autor de “El cementerio marino” a la musicalidad y a lo rotundo de la idea que esa partitura encierra para que los individuos incorporen algún verso a su idiolecto público.

El uso de los versos por quienes no los crearon se maneja muchas veces con el sentido contrario al que sugirió el autor. Un buen ejemplo podemos extraerlo de uno de los poemas de amor más conmovedores de la poesía cubana: “Nocturno y elegía”, de Emilio Ballagas.

El texto constituye un hondo réquiem por un amor perdido, en cuyo halo autodestructivo el poeta se propone desaparecer de la vida del sujeto amado. Por obra y gracia de la plenipotenciaria poesía, metamorfosea su presencia en objetos comunes y elementos naturales. Y en virtud de ello, entre otros memorables versos, manifiesta: “Si pregunta por mí, di que me he muerto /y que me pudro bajo las hormigas. /Dile que soy la rama de un naranjo, /la sencilla veleta de una torre”. Luego añade: “Dile que me he perdido, que me he vuelto /una oscura perdiz, un falso anillo /a una orilla de juncos olvidados: /dile que voy del azafrán al lirio”. En su trasvase hacia la cotidianidad este último verso devino chascarrillo, y se incorporó a los diálogos de ásperas, epatantes y elegantes ironías con que los gladiadores de las capillas literarias cubanas estigmatizan a quien, por veleidoso, pasa sin transición ni trauma de un extremo a su antípoda; se le caracteriza entonces como alguien “que va del azafrán al lirio”.

Brilla nuevamente la sabiduría de Valery:

El lenguaje del que me acabo de servir, que expresa mi propósito, mi deseo, mi mandato, mi opinión, mi pregunta o mi respuesta, ese lenguaje que ha cumplido su función, se desvanece apenas llega. Lo he emitido para que perezca, para que irrevocablemente se transforme en ustedes, y sabré que fui comprendido por el hecho relevante de que mi discurso ha dejado de existir. Es reemplazado enteramente y definitivamente por su sentido, o al menos por un cierto sentido, es decir, por imágenes, impulsos, reacciones o actos de la persona a quien se habla; en suma, por una modificación o reorganización interior de esta.

Tan ambigua puede ser la apropiación de un verso por sus receptores que, muchas veces, los cambios en el contexto subvierten drásticamente el sentido original. Es el caso del poema “Tengo”, de Nicolás Guillén, que alaba, desde la perspectiva de 1963, las reivindicaciones que la recién instaurada revolución proclamó para todos los cubanos. “Tengo, vamos a ver, /que siendo un negro /nadie me puede detener /a la puerta de un dancing o de un bar. /O bien en la carpeta de un hotel /gritarme que no hay pieza, /una mínima pieza y no una pieza colosal, /una pequeña pieza donde yo pueda descansar.” Con el arribo de la década de 1990 (excluyendo el componente racial del pronunciamiento) esos versos, como consecuencia de la cancelación de aquellas expectativas, adquirieron un sentido casi paródico y subversivo, de manera que en aquellos días (y aún hoy) cualquier cubano, para resumir sus frustraciones en la búsqueda de víveres u otros bienes de consumo, concluye: “tengo lo que tenía que tener”.

Claro que los ejemplos que hasta aquí he expuesto parten, en alguna medida, de la tergiversación, uno de los riesgos que no predice Valery, pues en su conferencia presupone a un lector puro y sensible a las vibraciones del lenguaje, víctima o cuando menos reformador —nunca victimario o manipulador— de la polisemia popular. Pero sirven para comprender que el valor de un verso escapa frecuentemente a la voluntad del autor, a su ideología o ideario, a su tono y su contexto.

Otra de las variantes desde cuya perspectiva podemos analizar el fenómeno es la opuesta a la que hasta ahora he tratado. Por eso existe la glosa, cuya estructura modifica, por ampliación, el sentido de los versos. Quien lea la cuarteta del venezolano Andrés Eloy Blanco: “No sé si me olvidarás, /ni si es amor este miedo; /yo solo sé que te vas; /yo solo sé que me quedo” pudiera muy bien conformarse, en sentido recto y contundente, con su hondo dramatismo; sin embargo, el valor individual de esos versos llevó a Nicolás Guillén a incorporarle nueve más a cada uno para multiplicarlos, con nuevas rutas, en su notable “Glosa”: “Como la espuma sutil /en que el mar muere deshecho /cuando roto el verde pecho /se desangra en el cantil; /no servido, sí servil /sirvo a tu orgullo no más, /y aunque la muerte me das, /ya me ganes o me pierdas, /sin saber si me recuerdas /no sé si me olvidarás // Flor que solo una mañana /duraste en mi huerto amado; /del sol herido, y quemado /tu cuello de porcelana./Quiso en vano mi ansia vana /taparte el sol con un dedo; /hoy así a la angustia cedo /y al miedo la frente mustia; /no sé si es odio esta angustia /ni si es amor este miedo. / /Qué largo camino anduve /para llegar hasta ti /y qué remota te vi / cuando junto a mí te tuve:  estrella, celaje, nube, /ave de pluma fugaz; /ahora que estoy donde estás /te deshaces, sombra helada; /ya no quiero saber nada; /yo solo sé que te vas //¡Adiós! En la noche inmensa /y en alas del viento blando /veré tu barca bogando, /la vela impoluta y tensa. /Herida el alma, y suspensa, /te seguiré, si es que puedo /y aunque iluso me concedo /la esperanza de alcanzarte, /ante esa vela que parte /yo solo sé que me quedo”.

Conscientes los bardos del mutante valor de los versos y de los vericuetos por donde estos pueden deambular, la dinámica literaria latinoamericana recoge soberbios desafíos que los poetas se han lanzado, a partir de versos absurdos, o de imposibles rimas, para ponerse a prueba. Solo dos ejemplos, emblemáticos, bastan para ilustrar tales jugarretas lúdicas. Al poeta decimonónico cubano Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), lo conminaron a glosar un verso graciosamente disparatado: “la campanilla de qué”. La joya que compuso resultó inolvidable: “Un cáliz y una patena /y una campanilla quiero, /y espero, señor platero, /que ha de ser cosa muy buena. /Por el pago no os de pena /que yo lo satisfaré; /los primeros que nombré /han de ser de oro muy fino /y ahora no determino /la campanilla de qué”. Rubén Darío es el protagonista del otro ejemplo: algunos colegas trataron de doblegar su capacidad improvisadora con un verso de imposible consonante: “el rosal que está en el patio”. Darío, de modo magistral, pese a las asonancias, respondió: “No entiende de acentos Pablo, /pues cuando dice una frase /forma un requiéscat in pace /que es capaz de darse al diablo. /Si con él converso o hablo /por «batió» me dice «batio» /y por «combatió» «combatio»; /un día me sublevé /y por poco no arranqué /el rosal que está en el patio”.

Un verso puede poseer, simultáneamente, una lógica inequívoca y un absurdo total, y en virtud de ello corporeizarse como un fogonazo de pasión o como un lánguido suspiro. Puede asimismo concluir, sentencioso, en sí mismo, o remitir a amplificaciones emocionales inesperadas. El misterio de la creación entra de cuerpo entero en ese cofre, y puede también, sin traiciones, desbordarlo.

Un verso que puede metamorfosearse en diez, cien versos que pueden condensarse en uno. Diversas e infinitas son las rutas. Y entre las muchas aproximaciones que se han escrito sobre el valor de un verso, para mi gusto sobresale —quizás por la exacta apropiación de su misterio al margen de artificios y por estar escrita, precisamente, en versos— la de León Felipe: “Deshaced ese verso, /Quitadle los caireles de la rima, /el metro, la cadencia /y hasta la idea misma. /Aventad las palabras, /y si después queda algo todavía, /eso /será la poesía”.

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis
 
Página
<< Regresar al Boletín Resource id #37
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2