De Nersys Felipe, sobre Martí, por el Día de los Niños
Este domingo 20 de julio se celebró en Cuba el Día de los Niños, fecha aplaudida con entusiasmo por la infancia. Y también por quienes ya somos adultos, por el grato recuerdo de cuando el Estado cubano podía garantizar la venta, a un módico precio, de tres juguetes a cada niño en todo el archipiélago en el oportuno momento de las vacaciones, justo tras el logro de los éxitos escolares individuales del fin de curso. Aunque ya no se realiza esta acción específica, sí se programan muchas actividades para que la fecha brille. Entre las más gustadas y esperadas, están las ferias de lecturas de verano, durante las cuales, en distintos puntos de ciudades y pueblos, se instalan estanquillos y pequeñas tiendas que ofertan los mejores libros para la niñez, de autores cubanos y extranjeros. Y un libro hermoso e instructivo muy bien puede ser el mejor juguete para un escolar que ha cumplido con las expectativas académicas y educativas de sus padres y maestros.
Uno de los más finos tesoros disponibles es Pepe y la Chata, de la autora pinareña Nersys Felipe Herrera, homenajeada en la Feria Internacional del Libro de este año y a quien conocemos por obras tan delicadas como Romás Elé, Cuentos de Guane y Maísa.
Editada con esmero por Nelson Simón, con la escrupulosa corrección de estilo de Enrique Pérez Díaz y las certeras ilustraciones de Maikel Martínez Pupo, Pepe y la Chata (Gente Nueva, 2013) deviene una hermosa joya de las más recientes letras dedicadas a los pequeños en Cuba. Narra y describe al detalle la vida hogareña más íntima de José Martí y de sus hermanitas mayores cuando, como decimos los cubanos, “no levantaban un palmo del suelo” —de seis y siete años se nos presenta el futuro héroe—. La recia educación del padre, la estricta y tierna conducción materna, y el amor entre ambos hicieron estable, firme y limpio el camino de Pepe.
En 23 estampas o breves capítulos, Nersys nos lleva de la mano por el año 1859, cuando los hermanitos enferman, sanan, hacen travesuras, asimilan experiencias y regaños de sus padres. Asistimos al doloroso descubrimiento de la esclavitud —especialmente, de la infantil— por el Héroe de Dos Ríos; al nacimiento de la admiración consciente por su padre, incansable y digno trabajador; a la ternura y la protección que le despiertan las nuevas vidas de las hermanas que van naciendo. El argumento se centra en la singular relación que el Maestro tuvo con la Chata, su hermana más cercana en edad y, en consecuencia, en intereses y sueños. Una complicidad llena de amor y respeto, de juegos y mimos, de maldades y secretos, se tejió entre ellos, y esto nos lo refiere Nersys con técnicas casi cinematográficas: imágenes llenas de colores, olores, sabores y otras muchas sensaciones, tal y como se descubre el mundo en plena infancia. Inciensos, frutas tropicales —naranjas, guayabas, ciruelas, piñas, platanitos—, dulces caseros de herencia española —como las sabrosas torrejas—, tejidos diversos al tacto, pregones llenos de ritmo para el oído, son recursos explotados al máximo por la autora para ubicar al lector en tiempo y espacio, sumergirlo en la atmósfera colonial. Escuchamos el relinchar de los caballos, el griterío de los vecinos, la marcha de la soldadesca en la plaza, el sonoro arribo de los barcos a la bahía habanera.
La dinámica familiar de los Martí Pérez es retratada con una viveza casi testimonial. Las casas donde habita la familia son descritas, podría decirse, a plumilla: desde los comejenes a la estampa de los manteles. De las reacciones del niño con respecto a su padre —reflejadas en versos, décadas más tarde—, nos cuenta Nersys:
A Pepe le gusta salir con él. Es peleón, conversa poco, apenas sonríe, pero yendo a su lado se siente seguro. Y cuando lo atrae con fuerza, porque en la calle se desboca un caballo bravo, se le aprieta, lo mira y al ir a decirle:
—Papá, cómo te quiero.
…Sin saber por qué, no se lo dice.
Escenas emotivas y sensibles, por momentos llenas de humor, nos esperan en Pepe y La Chata, como ocurre con el escondite de la gata, que les provoca alergia a los dos traviesos, que entonces deben burlar a su propia madre para no ser descubiertos al embadurnarse con emplastos para dormir. Portazos, disgustos y reprimendas son igualmente parte del diario vivir decimonónico de una familia española con hijos cubanos que, sin saberlo, muy pronto forjarán el crisol de la nación caribeña.
Una manera muy especial de acercarnos a la infancia de nuestro Apóstol José Martí es la lectura de este texto, divertido, ocurrente, reflexivo e interesante, cualidades que lo hacen ideal para aprender más mediante el sano entretenimiento de una lectura de verano.
