Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 22 de noviembre de 2019; 6:30 PM | Actualizado: 22 de noviembre de 2019
<< Regresar al Boletín
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2
Página

Philip Larkin

Enrique Saínz, 22 de julio de 2014

La poesía en lengua inglesa ha dado innumerables poetas de muy diversas corrientes y calidades desde finales del siglo XVIII. Alcanzar una significativa estatura en ese corpus lírico no es muy frecuente, pero tampoco improbable, pues la propia riqueza de esa tradición ha creado un sustrato que permite que el talento y la creatividad fructifiquen desde la propia historia del género. Philip Larkin (1922-1985) logró una justa nombradía con su obra tempranamente, ya desde su segundo libro: XX Poemas (1951). En el primero, The North Ship (1945), está aún muy apegado al magisterio de Yeats, poderosa figura que dejó su impronta en numerosos autores jóvenes. Según confesión propia, la lectura de Thomas Hardy transformó su capacidad de percepción y lo abrió a otras maneras, a otros temas, alejados del simbolismo de finales del XIX y comienzos del XX. Podría considerarse entonces, ese volumen inicial como el de un joven que todavía no ha encontrado su camino y que siente necesidad de expresarse a partir de un ejemplo que en cierta medida tiene lecciones importantes para él, fase de tanteo con el idioma y con las vivencias interiores, no muy precisas en esos años. Se ha observado en la pobra de Larkin un marcado pesimismo que le viene de su propia concepción de la realidad y que se hace muy visible en los personajes y hechos que encontramos en sus poemas. El diario vivir aflora en esas páginas con una languidez en ocasiones perturbadora, en especial por la conciencia de que el presente es lo único que tenemos en verdad. La declinación de nuestras facultades y de las posibilidades de disfrutar la existencia nutre muchos de sus textos, de un realismo sin concesiones y de una crudeza que no deja lugar a la especulación filosófica. Su ruptura con Yeats significó, asimismo, su negación de símbolos y verdades trascendentales, actitud que está en total consonancia con el relato de una cotidianidad que se mueve libremente alrededor del poeta y conforma sus mejores momentos líricos. Su vida parece haber sido un ejemplo de esa cotidianidad sin destellos y cargada de hechos y experiencias intrascendentes. Tras una infancia y una adolescencia sin apremios ni desgarramientos, no se vio obligado a participar en la guerra mundial, cursó estudios universitarios en Oxford, ejerció la crítica musical como apasionado del jazz –sus artículos fueron reunidos bajo el título All What Jazz: A Record Diary 1961-68–, escribió dos novelas: Jill (1946 y 1964) y A Girl in Winter (1947 y 1975), editó The Oxford Book of Twentieth Century English Verse (1974) y publicó cuatro libros de poemas después de los mencionados: The Fantasy Poets: Philip Larkin (1954), The Less Deceived (1955), The Whitsun Weddings (1964) y High Windows (1974), todos reunidos en 1988 bajo el título Collected Poems. Se desempeñó como primer bibliotecario de la Universidad de Hull desde 1965. Recibió el título de Poeta Laureado, distinción que comporta la obligación de escribir versos para la Familia Real. 

De sus libros se ha dicho que el más acabado y de más notable calidad es High Windows (Ventanas altas). Esa afirmación nos hace pensar que sus textos más perdurables y reveladores de su pensamiento poético están en esas páginas, de una atrayente sabiduría que no acertamos a emparentar fácilmente con autores anteriores, al menos con los más conocidos nombres precedentes. Es la de Larkin en esos textos una voz sosegada, de un equilibrio objetivo que mucho nos dice acerca de aquellos rasgos que señalábamos a propósito de su poesía. Los registros emocionales de varios momentos de este libro son disímiles, pero en todos predomina una mirada que podríamos considerar enjuiciadora de la vida, de los objetos y de su significado en nuestra cotidianidad, por abrumadora que esta pueda ser. Percibimos que el poeta entra en conjunción con su entorno, con la existencia como suceder de cada día, con un ritmo y una visibilidad que poseen, en esta concepción de la poesía, la misma fuerza deslumbrante o angustiosa de los mitos y las realidades no visibles. Los acontecimientos diarios entran en su obra de un modo natural, sin las irradiaciones que podemos ver en creadores de otro vuelo y otras inquietudes. Si miramos a la propia tradición de la poesía en lengua inglesa y nos detenemos en figuras como Thomas o cumings, Eliot o Pound, veremos de inmediato que Larkin se había propuesto romper con esas maneras sustentadas de una forma u otra por las vanguardias, abiertamente rechazadas por él en declaraciones y especialmente en sus acercamientos a las realidades que aparecen en sus libros, vistas en su simplicidad y en cierta medida en su funcionalidad, aunque nunca como objetos vacíos ni puramente físicos así sin más. Veamos un magnífico texto de Ventanas altas, el soneto “Viernes por la noche en el Royal Station Hotel”, donde leemos:

 

 

 

Desde los altos racimos de bombillas, esparcida,

la luz cae oscuramente sobre sillas solas

de colores distintos, que se miran una a otra.

Por la puerta abierta, el comedor declara

 

una más grande soledad de vasos y cuchillos

y una alfombra de silencio. El conserje lee

un diario vespertino que ha sobrado. Pasan horas,

y los viajantes ya se han vuelto a Leeds

 

dejando ceniceros llenos en la Sala de Reuniones.

Las lámparas alumbran pasillos sin zapatos. Qué

aislado es esto, como una fortaleza…

 

El papel con membrete, hecho para escribir a casa

(si hubiera casa) cartas del exilio: Cae

la noche. Olas se pliegan detrás de las aldeas.1

 

 

Los espacios, las costumbres, los personajes que habitan nuestro tiempo y nuestra inmediatez aparecen con singular maestría en este libro, siempre como una presencia vivificante y al mismo tiempo sumergida en una languidez que nos dice que vamos hacia lo nevitable, como en un deshacerse continuo. En ese texto y en todo el poemario hay un sosiego en ese lento transcurrir, incluso en “Sábado de feria”, con un movimiento interno que luego va apagándose después que comienzan todos a retirarse a sus quehaceres y desesperanzas habituales. Paradigmático de la poética del autor es el formidable poema titulado “El edificio”, páginas en las que palpamos el tedio y el vacío interior como elementos esenciales del diario vivir. La muerte, inseparable de la visión de Larkin como un acontecimiento sin redención, sin “más allá”, deambula por esos interiores y reaparece en otros momentos del volumen como trasfondo, verdad única y profunda. Los mejores versos de los más logrados textos de Ventanas altas alcanzan una extraordinaria nitidez por su plasticidad, como cuadros pintados con colores más bien sombríos que la presencia ocasional del sol no puede ocultar. El poeta no se muestra nunca exultante y regocijado frente a paisajes o interiores, marcado como está desde muy temprano por su visión sombría, crepuscular, de la existencia, siempre inmersa en una cotidianidad abrumadora o en una elocuente soledad, de la que emana sin embargo una cálido reposo, especie de resignación o de simbiosis del individuo con un acontecer sobre el cual no tiene ningún ascendiente o capacidad de decisión. La dinámica de “El edificio” no rompe el acontecer cotidiano ni crea en los lectores una vitalidad que los hechos no pueden transmitirnos.

 

El poeta se detiene en ocasiones a mirar el paisaje más o menos cercano, a contemplar los elementos de su entorno y sobreviene entonces, una meditación en la que el yo no aparece como centro a la manera romántica, sino como ausencia tras la pérdida de las facultades de la juventud, que reaparecerán en otros en un ciclo interminable de renovación perpetua. Eso leemos en el poema “Pasos tristes”, una pieza espléndida de descripciones en las que la poesía va ganando las estrofas hasta alcanzar una estatura lírica que nos da el tono propio de este poeta:

 

 

 

Después de orinar, volviendo a tientas a la cama,

aparto cortinas gruesas y me alarman

las nubes rápidas, la limpieza de la luna.

 

Las cuatro: hendidas sombras de jardines yacen

bajo un cielo cavernoso escarbado por el viento.

Hay en esto algo risible:

 

cómo se arroja la luna entre nubes que flotan

vagas como humo de cañón, para quedarse aparte

(abajo, luz pétrea afilando los tejados),

 

alta y absurda y separada.

¡Pastilla de amor! ¡Medallón de arte!

¡Oh. Lobos del recuerdo! ¡Inmensidades! No,

 

uno tiembla suavemente al levantar los ojos.

El brillo, la dureza y la simple

soledad trascendente de esa mirada ancha

 

son un recordatorio del dolor y de la fuerza

de ser joven; que no pueden volver,

pero en algún lugar aguardan, intactos, para otros.

 

 

 

En otros textos de este volumen hallamos también una reflexión acerca de la vejez y el recuerdo de una juventud sin retorno, una problemática de gran significación en la poética del autor, al menos en esta etapa de su vida y en Ventanas altas, su último poemario. Uno de esos ejemplos es precisamente el que da título al conjunto; otro “Los viejos bobos”, de un dramatismo conmovedor, por la imagen que nos entrega de la ancianidad como destino de una sobrevida que ha perdido ya todo sentido de la realidad o que simplemente ya no posee más tiempo, imposibilidad de toda realización. Es una página sumida en esa cotidianidad abrumadora en la que vivimos una gran parte de nuestra vida, trasiego intrascendente en espacios y entre objetos que han dejado de tener una dimensión metafísica y que ya tampoco tienen el valor elemental de intercambio entre el individuo y el mundo real. Si tildamos de pesimista esta obra podemos igualmente valorarla por el refinamiento que alcanza en momentos en los que describe o hace observaciones a propósito de detalles de una singular riqueza, con una mirada agudísima y una nostalgia que mucho nos gratifica. Es un contraste que podríamos considerar como una posibilidad de redención para el lector, una alternancia que nos dice que el poeta no está totalmente inmerso en la desesperación ni en la desesperanza y que es capaz aún de compensar su desolación con las bellezas y el misterio de la realidad que nos sobrevive, de la que extraemos lecciones de una poesía extraordinaria. No es la suya una “gran poesía” a la manera de Rilke o de Eliot, o a la manera de Mallarmé o de Saint-John Perse, pero fue lo que podríamos llamar una poesía suficiente, que nos comunica una secreta belleza en medio del horror de la cotidianidad y del vacío que habita detrás de una existencia que va progresivamente hacia la muerte. Su mirada penetra la realidad sin hacer concesiones a idealismos más o menos fructíferos.

 

 

Nota:

 

[1] Utilizo las versiones de Marcelo Cohen en Philip Larkin. Ventanas altas. Edición bilingüe. Traducción y prólogo de Marcelo Cohen. Barcelona, Editorial Lumen, S.A., 1989 (Poesía 61). De su prólogo, titulado “Philip Larkin, el corazón más triste”, tomo los datos biográficos y otras informaciones acerca del poeta y su obra.

 

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis
 
Página
<< Regresar al Boletín Resource id #37
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2