¿Un libro lleno de abuelos?
Una pregunta muy difícil de responder da título a uno de los más bellos textos hallados en nuestras andanzas por librerías y ferias de verano: ¿Cuánto cuestan los abuelos? Este tesoro que propone la editorial Cauce, fechado en 2012, retoma el que viera la luz pública, un año antes, por Ediciones Almargen, de la UNEAC pinareña.
La edición, el diseño y la composición corrieron a cargo de Carlos Fuentes Rodríguez, un educador nacido en 1968, fundador y editor tanto de Cauce como de Chinchila, revista para la niñez y la adolescencia. Por su labor editorial, ha ganado el premio La Rosa Blanca en tres oportunidades. También pinareño, Nelson Simón González, el otro firmante de esta muy amena selección de cuentos, es un reconocido autor de libros para la infancia, por los cuales ha recibido en dos ocasiones los premios La Edad de Oro, La Rosa Blanca y el de la Crítica Literaria. Yancarlos Perugorría explota su fértil imaginación en las ilustraciones a través de una amplia escala de grises, en trazos curvilíneos que dan forma y volumen a disímiles abuelas y abuelos cuyas expresiones reflejan alegría, tristeza o esperanza, pero siempre colmados de ternura hacia la familia que han creado.
No esperemos, sin embargo, encontrar narraciones sobre la clásica abuelita inmóvil sentada en una esquina, en total abandono. No. Aquí las abuelas son brujas, tan tremendas, que se cuelan en los cuadros (Luis Carlos Suárez: “Abuela sobre el lienzo”); o les brotan alas (Elaine Vilar Madruga: “Soy la abuela que vuela”); o no son de este planeta (Olga Rodríguez Colón: “La abuela extraterrestre”).
Se incluyen también relatos hermosísimos que impactan fuertemente en la emoción del lector de cualquier edad a través de la narración delicada e inteligente que maneja sentimientos y sensaciones como la nostalgia, la melancolía, las ilusiones posibles y las perdidos. Tal es el caso de “El baile”, de Yunier Serrano (Valerio), que tiende un puente amoroso entre generaciones con intereses aparentemente irreconciliables, como nonagenarias abuelas soñadoras y cariñosos nietos rockeros. Similar en objetivos y profundidad, es el magistral relato “El abuelo malo”, de Luis Caissés, poeta y narrador reconocido por la búsqueda de la sensibilidad y la provocación de meditaciones interesantes y espinosas acerca de la comunicación, el manejo del rencor, el perdón y la necesidad de la unión familiar de los adultos para el futuro de los niños.
El escabroso tema del racismo en la sociedad y en la familia es abordado por el propio Nelson Simón en su honda historia “Como la Noche y el Día”, dedicada a todos los niños que tiene abuelas de colores. Y otro tanto hace Marcia Jiménez Arce en “La balada de las dos abuelas”, plena de originales alusiones a la más genuina creación de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén.
La incomprensión familiar ante la emigración y la homosexualidad de los hijos, que lastra y perjudica la temprana vida de los nietos, es el tema de “Papá viene a las seis”, de Yordis Monteserín Matos, joven guantanamero que ofrece una íntima y dolorosa visión de este complejo escenario. Su coetáneo y coterráneo Eldys Baratute Benavides, con “Los novios de la abuela Rosa”, nos entrega una belleza literaria contrastante en humor y gracia criollos, introducida a partir de una expresiva dedicatoria en palabras de Enrique Pérez Díaz, nada menos que a otra creadora: Ivette Vian Altarriba.
Un lugar especial ocupa la reconocida narración de José Manuel Espino que ha dado nombre a toda una colección de la Editorial Gente Nueva: “El último diente de leche”, gratísima aproximación al amor eterno desde un abuelo centenario deseoso de retornar a la infancia, para lo cual, al perder su último diente, pide como único deseo revivir el primer encuentro con su “novia” de toda la vida: la abuela.
Los problemas de salud típicos de la vejez son abordados poéticamente por Enma Artiles en “Cielo despejado”, precioso y breve cuento sobre una abuela que pierde la memoria y es ayudada a recordar por su pequeña nieta mediante dibujos y fantasías. Omar Felipe Mauri nos regala un relato de increíbles aventuras y sorprendentes visos autobiográficos: “Mi abuelo el pirata”.
El abandono filial en la tercera edad da pie a la torva historia que, con un lenguaje muy actual que mezcla la mayor poesía con el más crudo realismo, aporta el ya mencionado Pérez Díaz: “Mi abuela busca un hogar”, sobre una viejecita que debe vivir a la intemperie, a pesar de la impotencia y el sufrimiento de su preocupado nieto.
La abuela preocupada, pulcra, culta, educada y lectora la encontramos en “Dos hojas por leer”, de Teresita Medina. Con sutil encanto, nos presenta el tema de la dolorosa pero inevitable aceptación de la muerte por parte de los más pequeños. Magali Sánchez Ochoa es otra escritora que se acerca a este tema, de manera optimista y llena de humor, con “Doña Ritalia y el Ángel”. Cual obra de teatro, Ivette Vian nos regala “La noche de Maga y Santiago”, que recrea la relación amorosa de la autora del cuento anterior.
Abundan, intercalados, los poemas inspirados por (y ofrendados a) esas entrañables figuras del hogar. Celima Bernal nos entrega su alegre “¿Qué vas a darme, abuela?”; Maylén Domínguez incluye su “Anunciación”, metafórica esperanza de conocer el mundo de una nieta viajera que camina rumbo al caserío donde habita su abuela; Isván Álvarez pinta con palabras la escena de una “Anciana cosiendo”, expresivo retrato de una abuela en su labor; Reinaldo Álvarez le canta a “Abuelo”, con entrañable amor; y Benigno Horta Hermidanos nos brinda “El sueño de abuela”.
Esta es apenas una muestra del contenido del libro. Abuelas hadas, sirenas, cuenteras, lloronas, noveleras… Abuelas y abuelos presentes en las 42 obras que, llenas de encanto, nos esperan; todas de autores cubanos y desbordadas de emoción, hondura y gratitud hacia esa etapa de la vida, de la cual Excilia Saldaña —quien también integra el elenco del volumen—en otro muy famoso y vibrante libro de igual tema, ha dicho: “el tiempo son las niñas que se convierten en abuelas”.
