Cartografía de Jorge Amado
«Esta es mi ciudad, y en todas las muchas ciudades por las que anduve volví a verla en un detalle de belleza. Ninguna así, tan densa y perfumada. Ninguna así, para vivir. En ella quiero morir cuando llegue mi día. Para sentir la brisa que viene del mar, oír por la noche los atabales y las canciones de los marineros. La ciudad de Bahía, plantada sobre la montaña, penetrada de mar.»
Así describía Jorge Amado, en cierta ocasión, la ciudad que lo vio nacer el 10 de agosto de 1912. Su amada Bahía. Allí, en la Hacienda de Auricídia, propiedad de su padre, donde se cultivaba cacao, en el municipio de Itabuna, vendría al mundo el escritor, considerado uno de los más reconocidos autores de la literatura brasileña de todos los tiempos.
Novelista prolífico, desde su juventud mostraría una profunda vocación por la escritura. Fruto de su pasión por las letras publicaría, con tan solo 19 años, El país del Carnaval, en 1931. A estas páginas le seguirían las narraciones Cacao (1933), Sudor (1934) y Jubiabá (1935). Todas verían la luz antes de que Amado cumpliera 25 años. Estas primeras obras anuncian la trascendental y fecunda carrera del escritor.
Al unísono de su creación literaria también desarrollaría una activa vida política. Desde muy joven se vincularía a la Alianza Nacional Libertadora. Luego de graduarse de abogado, en 1935, en la Facultad Nacional de Derecho, en Río de Janeiro, mantendría una intensa labor como militante comunista. Razón por la cual sería apresado en 1936 y permanecería encarcelado hasta el año siguiente.
En ese tiempo publicaría Mar Muerto (1936), que lo hizo merecedor del premio de la Fundación Graça Aranha, hecho que lo convirtió, en palabras del profesor y poeta Adolfo Martí-Fuentes, «en el máximo representante de la "novela nordestina", especie de novela regional que funde elementos costumbristas, históricos y sicológicos en una sola pieza que es, esencialmente, desacuerdo y protesta.»
Al ser liberado viajaría por todo el continente latinoamericano, ocasión en que visitaría por vez primera Cuba y, entre 1941 y 1942, viviría exiliado en Argentina y Uruguay.
Al regreso del exilio, en 1945, sería elegido, en su país, miembro de la Asamblea Nacional Constituyente por el Partido Comunista Brasileño y se convertiría en el diputado más votado del estado de São Paulo. Fruto de su labor en este cargo su aprobaría una ley sobre la libertad de culto religioso.
El exilio sería nuevamente su única opción, en 1947, cuando el partido sería declarado ilegal y es dictada la orden de prisión para todos sus miembros y seguidores. Francia se convertiría en su nueva residencia durante tres años y, entre 1950 y 1952, viviría en Checoslovaquia. Al volver a Brasil, en 1955, se alejaría de la militancia, aunque mantendría vínculos con el partido. Se consagraría únicamente a escribir.
«Hoy solo puedo decir que "derecha'" para mí quiere decir hambre, miseria, dictadura —aseguraría el novelista—, y se encuentran elementos de derecha y formas de derecha en todos los regímenes, ya sean capitalistas o supuestamente socialistas. En cuanto a "izquierda'" para mí, quiere decir paz, libertad, quiere decir no sufrir miseria, tener trabajo, cultura y libertad para todo el mundo.»
Durante esos largos años de prisión, labor política y vida en el exterior Amado no abandonaría nunca su pasión por las escritura. Además de novelas, también publicaría libros de relatos, poesía, teatro, biografías y memorias de viaje. Capitanes de la arena (1937), A la entrada del mar (1938), El ABC de Castro Alves (1941), Caballero de la esperanza (1942), Tierras del sin fin (1943), San Jorge de los Ilhéus (1944), Bahía de todos los santos (1945), Cosecha roja (1946), El amor del soldado (1947), El mundo de la paz (1950) y Los subterráneos de la libertad (3 volúmenes, 1954) se darían a conocer en ese período.
Una de sus obras más conocida es, sin lugar a dudas, Gabriela, clavo y canela, publicada por vez primera en 1958 y cuya aparición constituiría un éxito sin precedentes en el gigante sudamericano. La obra presenta un fresco de la vida en Ilhéus, en el Brasil de 1925. La explotación del cacao, la riqueza y los conflictos por el poder son la esencia de Gabriela…, que es, como refiere el ensayista António Cândido, «una novela lírica, matizada de humor».
Emblemática también sería Doña Flor y sus dos maridos, que viera la luz en 1966. Volumen que, a través de una picaresca historia, presenta las costumbres y tradiciones brasileñas. Gracias a la popularidad que obtuvo en su época sería adaptada al cine y a la televisión en varias ocasiones.
A lo largo de su vida, Amado resultaría merecedor de múltiples reconocimientos por su labor política y literaria. En 1951 sería galardonado con el Premio Stalin por la Paz y, diez años después, elegido miembro de la Academia Brasileña de Letras. Además, recibiría títulos de Doctor Honoris Causa de universidades, no solo de su país natal, sino también de Portugal, Italia, Israel y Francia.
«Todo el proyecto de Jorge Amado (es) una apuesta a la memoria literaria, histórica y cultural del nordeste —valora la ensayista y docente Carmen Perilli. Con ardiente paciencia su estética concilia arte y conocimiento en tarea titánica de composición de un archivo. Sus cartografías, mundos de la memoria y el deseo, abarcan islas y mares, selvas y sabanas, y juegan con todo tipo de diseños temporales.»
Por azares de la vida Jorge Amado fallecería cuatro días antes de cumplir 89 años. El 6 de agosto del 2001 diría adiós uno de los más relevantes escritores brasileños de todos los tiempos. Como preconizaban sus palabras, murió donde quería, en su natal Bahía. Allí, en la ciudad capital de ese estado brasileño, en Salvador de Bahía. En ese Brasil «que tiene bordes de corazón —como aseguraba su amigo Nicolás Guillén—, el Brasil que nos dio Jorge Amado, cuya pluma escribe con sangre y cacao, con sangre y café, con sangre y sangre».
