Carta de Rilke a José Luis Serrano
Nota del compilador:
Estas cartas fueron encontradas en el metro de París por una anciana de la que se me negó su nombre. Se dice que estaban en un cofrecito de ébano y marfil, unidas por una cinta de color rosa, y que la nieve había borrado todo vestigio de quién las había escrito. Por mis investigaciones pude esclarecer que fueron vendidas en subasta, a un precio casi insignificante, por un comerciante a un turista, el cual las trajo en un viaje a Cuba y se las entregó a un escritor de provincia, cuyo nombre quiero conservar en el anonimato, quien las tradujo al reconocer la firma de Rainer Maria Rilke. Pero era muy difícil augurar si se trataba de sólo diez cartas o si existían más; por las investigaciones que realicé, opino que eran un muestrario del tractus poético de la Isla, que el autor de las cartas de Franz Xaver Kappus había destinado a unos escritores cubanos; pero el poseedor de las mismas, después de traducidas, las había distribuido entre amigos y poetas, quienes las conservaron hasta el día de hoy. Mi intención fue buscar todas las cartas, volver a colocarlas en el cofrecito de ébano y marfil, descifrar si ciertamente era Rilke su autor, y dar fe de todo ello, a destiempo, en esa apuesta por la poesía y los poetas de hoy.
Roma, 12 de mayo de 1904
Estimado señor José Luis Serrano:
Ya estoy en Roma y confieso que ha sido un tiempo aciago por los cambios del clima y los años, que no pasan por gusto: resido entre una enfermedad y otra. Responder tantas cartas quizás me ayude a mejorar, desde estas efímeras moradas, mi propia salud.
Hace unos días, recibí su libro Aneurisma,* que ha sido una gran revelación para mí, le confieso. En sus páginas hay un divertimento y una sed por las palabras y la vida misma; lo que se enuncia se dice como una gran verdad:
—Doctor, yo no estoy en coma.
Sin embargo, me supura
el alma…
Así comienza el primer texto, titulado “Examen de fe”, y es precisamente el humor lo que me atrae en esta propuesta tan particular. Tal vez sea la riqueza del lenguaje que usted oficia en esta entrega, ganado no solo desde lo culto, sino también desde la intención de mostrar que en el octosílabo hay mucha tela por donde cortar para enunciar grandes verdades: la vida, por ejemplo, como personaje de estas páginas…
Somos nadie, nada, entes
inútiles, animales
ilusorios, espectrales,
efímeros, aparentes.
De allí la consagración del sujeto lírico que, desde un inicio, se minimiza para jugar con el lector, estableciendo una rara empatía, una simulación que nos hace apostar por él. El humor se muestra a partir de una ironía, un dejar de ser nosotros mismos para ser lo pequeño, lo insignificante. Entonces, ¿qué será lo verdaderamente serio de estas páginas? Aquí el lector posible tendría otras apuestas. No quiero delatar nada, no puedo juzgar tanta gracia para manejar los destinos de este libro, porque le confieso que son más de uno.
Estimado José Luis Serrano, usted tiene una gracia única: tal parece que ya no tiene nada que hacer con la espinela, en tanto ha recorrido todos sus países. Apuesta por desafiar a cualquier lector, como drama de estos derroteros:
Pregunta # 1:
¿Quién eres? Inciso a)
(concéntrate bien) ¿Quién va
contigo? (No es oportuno
responder “nadie “ o “ninguno”.)Pregunta # 2:
Inciso a) ¿Con qué voz
vas a gritar: ¡Ya no sé!?¿Con qué voz, inciso b)
vas a callar, con qué voz?
Como le preciso, su voz se vuelve humor en un inicio para interrogarnos con toda la seriedad de un interlocutor; nos sienta así en el banquillo de los acusados cuando todo había empezado con una broma. Aneurisma es, ciertamente, uno de esos libros que debemos releer en otro momento. Imagino, estimado señor José Luis Serrano, cómo se habrá quedado después de escribir las últimas páginas, en las que vuelve a Dios. Entonces me siento con usted en ese mismo banquillo de los acusados, donde también estará ese posible lector, para ponerme de pie cuando me señalen con un dedo.
Suyo,
![]()
Nota:
* Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara en 1998. Editorial Capiro, 1999.
Editado por: Tupac Pinilla
