Seguro en su esperanza
“Salió el domingo, de noche, / salió el domingo, y no vuelve. / Llevaba en la mano un lirio, / llevaba en los ojos fiebre; / el lirio se tornó sangre, / la sangre tornóse muerte”. Hermosos versos, fechados en 1937, que forman parte de España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, en que Nicolás Guillen rememora la muerte de Federico García Lorca.
Aún hoy, a setenta y ochos años del vil asesinato del poeta granadino, la humanidad se pregunta por qué el fascismo, que por entonces señoreaba en tierras españolas, decidió truncar la vida de quien, a lo largo de su breve existencia, solo se interesó, a través de sus poemas, de sus narraciones, de sus artículos, de sus piezas para la escena, en enriquecer la espiritualidad de los hombres.
“Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos”, declaraba Federico García Lorca, al diario madrileño El Sol, poco antes de aquel fatídico 19 de agosto de 1936, en que caía abatido, en Granada, por las balas enemigas. “Canto a España –concluía— y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política”.
La sustancial obra lorquiana, como acertadamente han analizado estudiosos de varias latitudes del mundo, es mezcla prodigiosa de las tradiciones, angustias, realidades, esperanzas, anhelos, de ese vigoroso y enérgico pueblo que vio nacer al poeta, el 5 de junio de 1898, en Fuente Vaqueros. Pero es, también –quién puede dudarlo—, fiel y lúcido testimonio de esos sentimientos, actitudes, valores, que identifican al hombre en cualquier rincón del planeta.
Tal certeza queda confirmada con la lectura –siempre sorprendente, siempre fecunda— de los versos de Poema del cante jondo (1921), Romancero gitano (1928) y Poeta en Nueva York (1929-1930); de las piezas para la escena Mariana Pineda (1923), La zapatera prodigiosa (1930) y La casa de Bernarda Alba (1936), y de sus numerosos artículos y narraciones aparecidos en las páginas de publicaciones periódicas.
Difícil entender, por ello, que Federico García Lorca haya sido una de las víctimas de aquellos años terribles en que el mundo, amenazado por el fascismo, estuvo al borde del holocausto final. Difícil entender que, quien ya por entonces era considerado una de las más relevantes voces líricas españolas de su tiempo, haya engrosado la relación de crímenes que aún hoy merecen ser enérgicamente denunciados.
Este ha sido, indudablemente, uno de los temas recurrentes en quienes se han acercado, desde diversas miradas y perspectivas, a desentrañar la vida y la obra del escritor. Uno de los más conocidos estudios del legado lorquiano, el hispanista de origen irlandés Ian Gibson, en su libro titulado Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca, ofrece esclarecedores documentos y testimonios al respecto.
Comenta el investigador Ian Gibson, en este libro —publicado, en su edición en español, en el año 1998— que “en Federico García Lorca confluían todas las circunstancias para ser una presa de alto valor para los fascistas que impusieron el terror en Granada a partir de julio del 36: era de izquierdas, tenía gran éxito como escritor y era homosexual".
Era el propio Nicolás Guillén, por cierto, quien, en 1962, durante las sesiones del Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba, celebrado en la capital insular, evocaba al poeta que había conocido, en los años treinta del siglo XX, durante su visita a la isla, invitado por la Institución Hispanocubana de Cultura, presidida por el polígrafo don Fernando Ortiz.
En ese breve y medular discurso, el autor de Motivos de son volvía sobre el tema, ya tratado en el citado poema de 1937. “A García Lorca lo matan —afirmaba— no porque ignoraran que era él, sino precisamente por ser él; lo mata la reacción granadina, que no pudo ponerle de su parte; lo mata el clero, lo mata la guardia civil, lo matan los señoritos y los señorones: lo mata el fascismo, en fin, que es todo eso empapado en sangre”.
“Renueva nuestro amor cada día una rosa de Cuba en su recuerdo —concluía entonces sus palabras el Poeta Nacional Nicolás Guillén— y mantiene viva una lámpara fiel que ninguna tempestad puede apagar. Fino andaluz de sueño, gitano principal, junto a nosotros esta noche, García lorca sonríe, seguro en su esperanza”.
El mundo no ha olvidado, no puede olvidar, a Federico García Lorca. Hoy, quizás, está más vivo que nunca. Vivo en sus hermosos versos, vivo en su encendida ternura, vivo en su inclaudicable amor, vivo en su inmensa hermandad... Su legado y su ejemplo pertenecen a la memoria de la humanidad y ya, afortunadamente, han sido salvados para las actuales y futuras generaciones.
Editado por: Heidy Bolaños
