Homenaje a Cira Romero: «al César lo que es del César»
Los estudios literarios en Cuba tienen una deuda eterna con la investigadora y ensayista Cira Romero. A esta mujer, que es toda sapiencia, dedicó el Instituto Cubano del Libro su más reciente espacio El autor y su obra. Para elogiarla y acompañarla, se reunieron en la biblioteca Rubén Martínez Villena personalidades de las letras cubanas, quienes son, además, amigos y “deudores de su obra”: los escritores Reynaldo González y Ambrosio Fornet, así como las investigadoras Zaida Capote y Marta Lesmes.
Aunque la modestia la llevó a confesar “en cubano”, que el traje que le han querido poner con este homenaje le queda grande, Cira Romero dijo asumirlo con especial orgullo y satisfacción; no ya por el reconocimiento mismo, sino por la buena compañía de amigos y familiares cercanos. A ella le gusta más “la cosa silenciosa”, por eso no quería una distinción pública, pero su obra, afortunadamente, pesa más que su modestia.
Ambrosio Fornet enunció la convicción de los convocados de que, “en lo que va de siglo, con sus sorpresivas incursiones en zonas apenas exploradas de la producción intelectual cubana, Cira Romero ha contribuido decisivamente al rescate y revalorización de nuestra memoria cultural”.
Cira Romero es, efectivamente, responsable de una documentada y rigurosa obra investigativa, enfocada en figuras y temas de la literatura cubana. Algunos de sus títulos más importantes son: Moral y sociedad en la novelística de Carlos Loveira; Las horas completas de un escritor cubano de origen gallego, y Fragmentos de interior: Lino Novás Calvo, su voz entre otras voces.
A estas piezas únicas, se les unen ediciones críticas, compilaciones y prólogos de textos tan significativos como: Mi desposado el viento, poesías de escritoras cubanas de finales del siglo XIX; Prosa, de Emilio Ballagas; Angusola y los cuchillos, de Lino Novás Calvo y Severo Sarduy en Cuba.
Fornet acotó que este último volumen “sorprendió a muchos, como una revelación, por la precocidad que mostraban aquellos textos de un autor de quien y sobre quien solo se habían publicado aquí la novela De dónde son los cantantes, y una colección de ensayos de sus coterráneos, recogidos por Oneyda González, bajo el título Severo Sarduy”.
Resulta que la divulgación de los hallazgos de investigación y el reciclaje de obras olvidadas o desatendidas por los lectores y la crítica, es una labor a la que Cira ha sido asidua y de la cual ha recibido no pocas satisfacciones.
“Cuando se asume la investigación literaria como un acto de plena entrega, uno se convierte por momentos, sin pretenderlo, en Carlos Loveira, Ramón de Palma, Pedro José Morillas, Luis Felipe Rodríguez, Emilio Ballagas, Lino Novás Calvo, Severo Sarduy, y hasta Gertrudis Gómez de Avellaneda”, confesó la propia investigadora.
Aunque ha dedicado años a estudiar estas y otras figuras notables del campo literario nacional; reconoció que su formación nació de obras colectivas como el Diccionario de la literatura cubana, que fueron esenciales para su formación desde sus comienzos en el Instituto de Literatura y Lingüística, donde ha permanecido toda su vida.
Sobre su invaluable desempeño en esta institución versaron las palabras de Zaida Capote. Desde su posición de compañera de trabajo, amiga y admiradora, Capote no solo aludió a los intríngulis de la vida cotidiana de Cira en el Instituto; sino también a la vastedad y relevancia de su obra, así como a las enseñanzas que ha recibido de su mero ejemplo y voz.
“Cira no se arredra, no sabe hacerlo, así que asume cualquier demanda editorial o de investigación sin ponerse a calcular los inconvenientes que pueda traer consigo. Y tampoco dice “no” cuando le toca cubrir el trabajo ajeno, el que no llegó a realizarse o se hizo mal o a destiempo, o quedó incompleto. En tales casos, todos sabemos que podemos contar con ella para enmendar lo que sea y para asumir labores ajenas sin remilgos”.
El secreto radica, para Ambrosio, en que Cira posee, como profesional, dos cualidades que no siempre logran coexistir: el rigor intelectual y la sensibilidad literaria.
En el plano personal, sus brillos son otros. “En ella sobrevive el espíritu inicial del ILL, el de la colaboración permanente y el interés común, aquel que agradezco haber hallado cuando llegué al bello edificio de Govantes y Cabarrocas, y que me conquistó para siempre”, acotó Zaida Capote, quien también agradeció la calidad de sus consejos, no solo en cuanto al trabajo propiamente dicho, sino en el arte más peliagudo de lidiar con la incompetencia, la dejadez o el desaliento desde la grandeza.
“Esta incansable exploradora nos ha devuelto parte de la memoria cultural de la nación y la ha enriquecido con sus puntos de vista. Es por eso que a nosotros, sus deudores, este homenaje nos parece tan merecido”, concluyó Fornet, y selló una tarde donde la vibra positiva y la sabiduría se unían, con justeza, a la celebración.
