María Zambrano, por los claros del bosque
Una de las magnas voces literarias de España lo es, sin dudas, María Zambrano (1904-1991), discípula de José Ortega y Gasset. La obra de esta también filósofa actualmente es reconocida como una de las más trascendentales en la historia de las letras de su país —fue distinguida con el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y con el Cervantes en 1988—, aunque no fue totalmente valorada en la nación ibérica hasta el último cuarto del siglo pasado.
Con María Zambrano, por los claros del bosque —cuya recopilación de textos fue realizada por Virginia Trueba y Leonardo Sarría—, el lector cubano tendrá la posibilidad de asomarse a una parte de la producción ensayística de esta gran humanista; textos de sorprendente belleza expresiva, signados por metáforas y símbolos, que evidencian las dos actitudes reconocidas por Zambrano: la actitud filosófica (la que se crea en el hombre cuando se cuestiona algo) y la literaria (la respuesta, en la que encontramos el sentido a todo). Incluso, una parte del libro reúne artículos de asunto cubano, en los que vislumbramos la admiración, respeto e imbricación que tuvo la escritora con la historia, la cultura y algunos intelectuales de la Isla. Oportunidad única de redescubrir, o quizás para muchos descubrir, el pensamiento innovador de una mujer adelantada a su época, quien supo mostrar por primera vez un nuevo modo de entender la filosofía a través de lo poético, y que asumió una postura ética y moral traducida en un deslumbrante compromiso humano.
