Aire de luz con nuevos aires
Tras la culminación del verano, el café literario Aire de luz comenzó su primera actividad con una propuesta que incluye no solo a las más nuevas generaciones de poetas.
Esta idea tiene en cuenta las insistentes sugerencias de los asiduos al lugar, y consiste en insertar en la programación a autores de diversas generaciones, en particular, a quienes por su gran prestigio y protagonismo en otros campos, son olvidados en su condición esencial de poetas.
Por esa razón, se dieron cita a las cuatro de la tarde en la librería Fayad Jamís, el escritor y etnólogo Miguel Barnet, admirado por su extraordinaria obra narrativa, que comienza con Biografía de un cimarrón, así como por sus labores en el cargo de presidente de la UNEAC y de la Fundación Fernando Ortiz; y Alpidio Alonso, quien fuera director de
la excelente revista Amnios, activo promotor de la poesía y los poetas.
Basilia Papastamatíu, su conductora, expresó sobre su primer invitado:
[…] En los poemas de Alpidio siempre aparece su devoción por la naturaleza, en particular la de la tierra cubana, pero no por un superficial afán paisajístico, decorativo, sino por lo que significa en su valor vital y en su relación misteriosamente sabia con la existencia humana, y también encontramos un sensible tratamiento de temas perennes como el amor o la muerte. Y a partir de un lirismo apegado en sus comienzos a la tradición canónica, sus composiciones han ido evolucionando hacia formas más libres, más informales, más abiertas a las nuevas sensibilidades y realidades.
Alonso leyó de su libro La casa como un árbol: “Poema de la infidelidad”, “Cisne salvaje”, “El árbol en los ojos”, y otros poemas inéditos, entre los que se ellos: “Bosques muertos” y “Libros de los comienzos”.
Antes de que su segundo invitado completara el mano a mano, la Papastamatíu manifestó:

[…] La poesía de Miguel Barnet es su refugio personal, el reino de su subjetividad, de sus sueños, no el de una realidad que mira tal cual es, sino el de una realidad atravesada, interferida por sus deseos, o añoranzas o fantasmas. Es una poesía que nos seduce como memoria espectral de lo vivido, donde la escritura es depositaría de los signos o señales que nos iluminan sobre un destino recorrido, marcado y por hacer, siempre por descubrir, descifrar y comprender.
Barnet, quien un poco cansado de la soledad del poeta percibía ese día como especial para leer, eligió con ese fin y sin reparar en el tiempo que invertiría, un sinnúmero de poemas, entre ellos: “La oficina”, “El cuerpo”, “Flawer power”, “Los años 60”, “Los años 70”, “Miami es cuestión de visitarla”, “El barrio chino” y “Sabes qué”.
Editado por: Diana Fernández Fernández
