Avatares del amor primero
Eso de andar flotando por “el techo del aula o en alguna nubecita rosada” no encajaba en el mundo lógico y concreto de Rito, mas cada vez que se sorprendía pensando en ella, notaba los síntomas que Romualdo, “experto en términos amorosos” y su “colega inseparable”, le profetizara. Estos incluían “suspirar por los rincones” y escuchar canciones de amores mal correspondidos, aunque, “trataría de reprimirlos por respeto a sí mismo”, ya reconocía que estaba Muerto por Carol.
Una simpática y fresca noveleta nos llega de las manos de la narradora y poeta pinareña, Lidia Meriño. La historia fue el título laureado en el apartado de literatura infantojuvenil de la XXV Edición del Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2013.
Rito nunca había observado con tanta ternura la sonrisa de alguien, pero la de aquella niña le parecía única: “No había sonrisa más blanca y perfecta en el globo terráqueo”. Era un adolescente muy práctico y gran amante de las ciencias, sin embargo, desde el día en que Carol “floreció en la puerta del aula”, andaba “volando por las musarañas”.
Esta novela de corta extensión, se encuentra disponible en las librerías de todo el país bajo el sello Capiro, como parte del impulso a la creación literaria juvenil. Meriño ha recibido galardones como el Premio Alcorta 2002, el Regino Boti, y el Raúl Gómez García, ambos en el año 2004, asimismo ha sido ampliamente antologada en Cuba y otros países de Iberoamérica.
Desbordante de situaciones ingenuas y jocosas logra atrapar entre sus líneas a quien ya se ha enamorado y a quien no, pues con prosa sencilla y picaresca la autora cuenta una historia de primeros amores.
“Desde que Rito descubrió dónde estaba la casa de Carol, no hubo trayecto más seguro para cualquier gestión que aquella calle, aunque hubiera que dar tres vueltas a la manzana para llegar a la escuela o evadir las dos panaderías que quedaban más próximas”.
Incluso Trocito, su perro, formó parte de los artilugios para conquistar a Carol: que si recolectaban muestras de agua de lluvia en el jardín de la bella muchacha; que si trataban de crear un hábitat, con la tierra de su jardín, claro, para una extraña especie de hormigas en peligro de extinción.
A través de esta deliciosa noveleta Lidia Meriño pone a consideración de los lectores el tema de los prejuicios raciales. Pues, si bien su doncella no era custodiada por algún malhumorado dragón, tenía “la piel cubierta de natilla de chocolate”, como pensaba Rito.
Concuerdo con Nelson Simón, jurado de la XXV Edición del Premio Literario Fundación de la Ciudad de Santa Clara: “Si ya tu corazón ha dado un par de vuelcos y has sentido mariposas en el estómago, no te asustes: estás enamorado(a) y debes leer este libro”.
