Un eterno narrador de historias
“Creo que el bien vencerá finalmente al mal. No sé cómo, pero tengo fe en su victoria. (...) No soy ni un teólogo ni un filósofo, sólo un narrador de historias. (...) Básicamente soy un optimista. (...) soy por naturaleza un optimista y por convicción intelectual un pesimista, supongo”.
Así se definía el escritor William Gerald Golding, en 1962, en una entrevista concedida a James Keating. Esas firmes convicciones sobre la victoria del bien sobre el mal estaban influenciadas por la educación que recibió en Newquay, Cornualles, en el Reino Unido, luego de su nacimiento el 19 de septiembre de 1911. Allí, su padre, el profesor Golding, apoyaba los postulados del racionalismo científico y el socialismo y su madre, Mildred, desde las primeras décadas del siglo XX defendía el derecho al voto femenino.
El joven Golding estudió literatura inglesa, en el Braneose College de Oxford, con el sueño de convertirse en una gran poeta, al estilo de William Shakespeare y Alfred Tennyson. En 1934 apareció su primer libro de versos, titulado Poems, volumen que años después rechazaría. Durante esos años trabajó como docente en la escuela Michael Hall, ubicada al sur de la capital inglesa y tiempo después retornó a los salones de Oxford para realizar su doctorado.
Corrían los años treinta y con el fin de la tercera década del siglo XX comenzó un hecho que conmovió a cada rincón del orbe. El 1º de septiembre de 1939 empezó la Segunda Guerra Mundial. En diciembre de 1940 Golding abandonó las letras y la enseñanza para alistarse en una de las mayores contiendas bélicas que ha sufrido la humanidad.
En diciembre de 1940 ingresó en la Royal Navy. Como militar participó en el HMS Galatea, en el Atlántico norte y como marinero tomó parte en la batalla para destruir el acorazado alemán Bismarck y en el desembarco de Normandía. Durante el conflicto también integró, en Liverpool, misiones de vigilancia terrestre. Al terminar el enfrentamiento abandonó la esfera militar y se dedicó para siempre a la enseñanza y a la literatura.
Sus vivencias durante los años de la guerra lo convencieron de la maldad y el horror de que es capaz el ser humano. Le sirvió esa experiencia para negar los postulados racionalistas de su padre sobre el desarrollo del hombre. “Cualquiera de mis contemporáneos que no entienda que el hombre produce maldad —afirmó, en cierta ocasión—, como una abeja produce miel, (...) debe estar ciego o mal de la cabeza”.
Esta nueva visión del mundo más grotesca y, hasta cierto punto, pesimista influiría toda su creación literaria posterior. La primera obra que escribió, luego de la guerra —sin lugar a dudas su novela más reconocida—, es El señor de las moscas, la cual comenzó a escribir en 1952, bajo el título de Extraños desde el interior y no vio la luz hasta 1954, luego de haber sido rechazada por varias casas editoriales inglesas.
La narración, considerada una de las mejores obras alegóricas de la literatura contemporánea, cuenta la historia de un grupo de niños que sobreviven a un accidente aéreo y desembarcan en una isla desierta. Allí, con el paso del tiempo, las personalidades de los infantes se transforman, de manera radical, hasta convertirse en verdaderos seres diabólicos y malvados, movidos por los instintos más primitivos.
Los siguientes títulos, dentro de la bibliografía de Golding, tienen, de una u otra manera, la misma esencia: el análisis de la personalidad tenebrosa del hombre. Así lo confirman obras como Los herederos (1955), Caída libre (1959) y La catedral (1964), entre otros.
La trilogía To the Ends of the Earth, protagonizada por Edmund Talbot, que comenzó a escribir en 1980 con Ritos de paso —obra galardonada con el premio Booker del Reino Unido— y que continuó con Barrios cerrados (1987) y Fuego en las entrañas (1989), evidencia su profunda pasión por el mar y la navegación.
Cuando en 1962 decidió abandonar sus labores como docente y dedicarse solamente a la literatura escribió no solo ficción, sino también ensayos y textos críticos sobre sociología y temas literarios, que aparecieron publicados en los volúmenes Puertas ardientes (1965) y Un blanco móvil (1982). En 1992 comenzó su última novela La lengua oculta, la cual dejó inacabada al fallecer el 19 de junio de 1993 y se publicó póstumamente.
Por su amplia labor dedicada al mundo de las letras Golding fue galardonado, en 1983, con el Premio Nobel de Literatura. Posteriormente, en 1988, fue nombrado Sir, caballero de la Orden del Imperio Británico por la reina Isabel II y, en 1992, Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo, en España.
En palabras del jurado que le entregó el Nobel, en 1983, sus “(...) novelas e historias (...) no son sólo sombrías enseñanzas morales u oscuros mitos sobre el mal y las fuerzas de traición y destrucción. También son relatos llenos de aventuras y color que pueden ser disfrutados como tales, por su alegre narrativa, inventiva y emoción. Sus obras, con la perspicacia de la narrativa realista, y la diversidad y universalidad del mito, iluminan la condición humana del mundo actual”.
Editado por: Heidy Bolaños
