Alma y fuego de la palabra
“Incansable y laboriosa como pocos, siempre en pos del saber que comparte con todos, acuciosa y defensora del alma de las palabras, Julia Calzadilla es una de esas criaturas que luchan toda la vida y que nos resultan indispensables, como dijera Bertolt Brecht”, afirmaba el narrador, periodista e investigador Enrique Pérez Díaz, en el homenaje a quien ha sido reconocida con el prestigioso Premio Astrid Lindgren 2014, concedido por la Federación Internacional de Traductores, Intérpretes y Terminólogos.
Es posible constatar, admirados, una vez más, la valía de esta gran mujer –también aseguraba el director de la Editorial Gente Nueva, en el tributo auspiciado por la Asociación Cubana de Traductores e Intérpretes (ACTI) y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)—, capaz de demostrarnos con creces que el saber es crecer, el leer es vivir y, por supuesto, que el precepto martiano de la utilidad de la virtud late en ella, en cada una de sus acciones por la cultura cubana y universal.
Desde hace casi medio siglo, Julia Calzadilla ha desarrollado, en varios centros e instituciones, tanto dentro como fuera de la Isla, una fértil y fecunda labor de traducción e interpretación, en los idiomas inglés, francés, portugués e italiano que, junto a su obra como narradora, poeta, investigadora, profesora, egiptóloga y editora, la convierten en una de las más relevantes creadoras de la vida cultural cubana de entre siglos.
A ello se refería, precisamente, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, escenario del referido tributo, el lingüista, traductor y narrador Rodolfo Alpízar, también galardonado con el relevante Premio Aurora Borealis 2011, quien reclamaba para la homenajeada –y para otros que, como ella, han enaltecido la labor del traductor en Cuba— la creación de un reconocimiento que valore y estimule la obra de la vida de aquellos que, con dedicación, talento y entrega, se han dedicado a tan noble empeño.
El Premio Astrid Lindgren fue entregado en el vigésimo Congreso Mundial de la Federación Internacional de Traductores, Intérpretes y Terminólogos, celebrado el pasado mes de agosto, en Berlín, ante la presencia de más de mil seiscientos delegados, de setenta y dos países, por –según criterio del jurado— la vasta obra literaria de Julia Calzadilla, que dedica su vida a escribir y traducir libros para niños y jóvenes de Cuba y el mundo.
Al conocer la noticia, Julia Calzadilla, en mensaje remitido al citado Congreso Mundial, aseguraba: “la emoción que siento por este premio otorgado por una organización tan prestigiosa como la Federación Internacional de Traductores, Intérpretes y Terminólogos es infinita. Agradezco a los que hicieron este sueño realidad y de lo más profundo de mi corazón les prometo seguir escribiendo y traduciendo para los niños y jóvenes guiada por el respeto y el amor que ellos merecen”.
Autora de casi una treintena de libros, fundamentalmente para el público infantil y juvenil, galardonada en dos ocasiones con el importante Premio Casa de las Américas, en la bibliografía de esta creadora aparecen, entre otros títulos, los poemarios Cantares de la América Latina y el Caribe y Los alegres cantares de Piquiturquino, así como las narraciones Casuarino y el Libro encantado de los Chacaneques y Los Chichiricú del Charco de la Jícara.
“Traducir es estudiar, analizar, ahondar” afirmaba, en 1875, el Héroe Nacional José Martí, quien también comentaba años después, en 1887, que “traducir es tanto como crear (...); porque el que traduce ha de salir de sí y ponerse donde el autor se puso, para dar a cada palabra el alma y fuego que la harán durable”. Julia Calzadilla, como lo confirma su consagrada entrega de décadas, es dueña del secreto que concede a cada palabra el alma y el fuego que la harán eternas.
