El Servicio de Investigaciones de Actividades Enemigas: análisis de un documento fundacional
El archivo histórico del Instituto de Historia de Cuba (IHC) atesora la colección documental número 10, nombrada Ministerio de Defensa Nacional. Esta representa una mínima parte de la vida administrativa que tuvo la institución, enmarcada entre 1917-1959. No obstante, contiene una valiosa documentación que completaría otras fuentes correspondientes a este mismo ministerio, existentes en el Archivo Nacional de Cuba.
Un documento muy importante de la colección es la Resolución Ministerial número 28, emitida el 21 de marzo de 1942, que inaugura el departamento del Servicio de Investigaciones de Actividades Enemigas (SIAE), activo desde septiembre de ese año. Tenía como objetivos controlar las actividades relacionadas con el espionaje y la salida de barcos y aviones del país, proteger la industria azucarera contra actos de sabotaje y cumplir otras tareas para la vigilancia del enemigo nazi-fascista.
Dicha resolución fue concebida inmediatamente después que Estados Unidos inició su participación en la Segunda Guerra Mundial, el 7 de diciembre de 1941, respondiendo al ataque japonés a Pearl Harbor en Hawai, y de la redacción por parte del Congreso de la República de las leyes 32 y 34, a finales de ese mes.
La primera de estas leyes contenía la declaración de guerra a Japón, Italia y Alemania; la segunda establecía el estado de emergencia nacional y le otorgaba amplias facultades al Consejo de Ministros, para garantizar la defensa del territorio cubano; en especial, se propuso emprender la reorganización del Ejército, la movilización de la ciudadanía y convenir los presupuestos extraordinarios requeridos para el tiempo de guerra.
El SIAE fue un departamento que operó durante nueve años, aproximadamente, desde la fecha citada hasta principios de la década de los cincuenta; estaba conformado por una plantilla de treinta hombres al mando del entonces comandante de la División Central de la Policía, Mariano Faget Díaz. Se caracterizó por la relativa profesionalidad de sus miembros, quienes fueron seleccionados por examen de oposición y recibieron un cursillo de especialización. El propio Mariano Faget, entre 1942 y 1944, viajó a territorio norteamericano, como parte de varias comisiones militares destinadas a recibir adiestramiento.
El SIAE fortaleció y cohesionó las labores de contraespionaje en Cuba y, además, contó con la ayuda del Gabinete Nacional de Identificación, que fue trasladado del Ministerio de Gobernación hacia el Ministerio de Defensa Nacional. El Gabinete mantuvo un sistemático intercambio de fichas dactilares con otros organismos similares norteamericanos y británicos, fundamentalmente con el Buró Federal de Investigaciones (FBI). 1
A pesar de lo anteriormente expuesto, el documento tuvo una repercusión más allá de sus simples enunciados. Si bien la resolución partió de la premisa de combatir el nazi-fascismo y contribuyó de manera decisiva a desarticular sus redes asociativas en nuestro país, legalizó el encarcelamiento de muchos inmigrantes italianos, alemanes y japoneses sin filiación política probada hacia el fascismo. Se calculaba que hasta 1944, se había logrado la reclusión de 509 personas clasificadas de enemigas, entre ellas 346 japoneses. 2
Las historias que vivieron estas personas, resultado de la persecución y el encarcelamiento, han quedado sumergidas dentro de nuestra historia nacional. Esta inmigración casi no está presente en el imaginario de nuestro pueblo, debido, entre otras causas, a que fue inferior, cuantitativamente, a la española o la china.
Como institución represiva el SIAE ha sido mencionado de manera muy general en nuestra literatura histórica, que se centra en los aspectos de las relaciones militares Cuba-Estados Unidos durante la república neocolonial. En estos últimos años han salido a la luz, en algunas publicaciones, los testimonios de la familia japonesa de apellido Harada, radicada en la Isla de Pinos y recluida en el Presidio Modelo y de la familia italiana de Francesco Mario Grosso, interrogada directamente por Mariano Faget, lo cual resalta el aspecto subjetivo de los efectos que provocó la política aplicada por el SIAE. 3
Alguien tenía que pagar los platos rotos y fueron unos inocentes inmigrantes italianos, los pequeños italianos, los pequeños agricultores de la Isla de Pinos, honestos y callados y unos cien residentes alemanes en Cuba…los que pagaron las consecuencias. Faget tenía su trama bien preparada, no afectaba a nadie de importancia y mucho menos rico; no ponía en apuros a las autoridades de la isla y los infelices que ningún delito habían cometido, fueron tomados como chivos expiatorios y nada más. No hubo citaciones ni rueda de testigos…decenas de los temidos agentes del control a las órdenes de Faget iban aterrorizando, torturando y asesinado…los italianos, alemanes y japoneses eran hombres de trabajo honestos padres de familia. Los fueron a buscar a sus casas, centros de trabajo y pequeños comercios…los montaron en automóviles de chapas particular y los llevaban al control situado en Cerro y Sarabia…todo como se decía en aquellos tiempos muy democráticamente.
Solamente dos o tres italianos lograron ser presentados a los tribunales de urgencia, como el caso de mi propio padre al cabo de diez meses pero ¡A qué tribunal!, al Tribunal de Urgencia, que no explicaba sus sentencias y confirmaba el derecho de cualquier acta de la Policía Nacional. 4
La creación de un departamento como el SIAE nos muestra la adhesión, en materia de defensa nacional de la institucionalidad administrativa de Cuba republicana neocolonial, a la política de Seguridad Nacional de los Estados Unidos. Aunque esta se oficializó después del segundo conflicto bélico mundial durante los primeros años de la Guerra Fría, siempre fue un componente esencial en el devenir de la política exterior norteamericana desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, cuyo objetivo central ─que no se restringe a la defensa de su territorio─, es preservar la hegemonía sobre sus vecinos del continente americano según el momento político, para el sostenimiento del sistema de explotación capitalista.
En esta coyuntura particular, la inmigración procedente de los países anteriormente mencionados que se asentó en Cuba y en los países del continente americano, sin ninguna distinción constituyó “el peligro número uno” para la seguridad nacional de Estados Unidos. Es decir, había que combatir al enemigo real y al enemigo construido para mantener a la opinión pública atada a las percepciones norteamericanas en torno a quiénes amenazaban la democracia.
En sentido general, pudiéramos decir que los textos de los documentos de archivo, generados en las labores de la administración pública y que tienen un carácter único, no son una letra fría, sino que corresponden a un contexto marcado por intereses políticos, clasistas, gremiales, personales… En el caso particular de la Resolución 28, junto a otros decretos presidenciales, actas y resoluciones que permitieron el funcionamiento del Ministerio de Defensa durante la Segunda Guerra Mundial, constituye parte de nuestro amplio patrimonio documental, mencionado en nuestra literatura histórica, el cual es imprescindible desenterrar para poder analizarlo en toda su complejidad.
Citas y notas:
1-Consultar el libro: Cuba y Estados Unidos. Relaciones militares, 1933-1958, Servando Valdès Sánchez, Editora Polìtica, La Habana, 2005.
2-Datos tomados de: Batista Pensamiento y Acción, La Habana, 1944. "Durante la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos fueron apresados cuarenta mil japoneses y unos setenta mil ciudadanos estadounidenses-nipones fueron internados en campos de concentración". En: Nuevo Cine Latinoamericano, Num. 11, Invierno de 2010, p.42-72.
3-Entre los autores que abordan o se acercan a estos temas se encuentran los investigadores Servando Valdés, Marilú Uralde, Juan Chongo Leyva (La muerte viaja con pasaporte nazi. La Habana, Ediciones Unión, 1984) y José Cantón Navarro. Una parte de los testimonios han sido tomados gracias a la celebración en la Habana de la semana de la cultura italiana.
4-Consultar: Emigrazione e presenza italiana en Cuba. Volumen II., el capítulo: "El internamiento de los súbditos italianos en la Isla de Pinos durante la Segunda Guerra Mundial", Circolo culturale Roccarainola, 2003.
Editado por: Diana Fernández Fernández
