La caricatura: imagen y texto satíricos en la prensa republicana
La caricatura es una de las expresiones de las artes plásticas que con mayor síntesis recoge la esencia de un rostro, de un suceso, de una situación. Tiene el filo de un estilete y el calado de una caries, al menos cuando se trata de la de carácter político, denunciante, cuya comprensión resulta accesible a todos los sectores de la población.
El artista de este género ha de tener múltiples méritos: ser buen dibujante, estar “enterado”, ser muy sagaz, rápido y poseer una buena dosis de humor, porque este último es elemento esencial para que el dibujo prenda, haga pensar y dé que hablar.
A lo largo de los años que corren entre 1902 y 1958, la caricatura tiene eximios representantes en Cuba, pero no nos detendremos en ellos, sino en los personajes, en tres de ellos que son emblemáticos, cada uno en su momento, del acontecer nacional: Liborio, El Bobo y El Loquito.
A Liborio le dio vida Ricardo de la Torriente (1869-1934), y durante el primer cuarto del siglo XX, el personaje fue testigo de todo el complejo entramado de frustraciones de la nueva república. Liborio es narizón, tiene patillas, es decididamente flaco y siempre lleva su sombrero auténticamente cubano. Es, además, astuto, socarrón, observador y no le pasan gato por liebre. El rejuego político lo descubre, también se huele el injerencismo extranjero y de tal manera, se conforma su imagen de estandarte gráfico de la opinión pública.
Veamos algunas situaciones:
Liborio sostiene en sus brazos una enorme yuca. El texto acompañante dice así:
“El bobo de la yuca”
¡Nos ha dado en la cayuca
El tutor americano!
El pobre pueblo cubano
Es el bobo de la yuca
(En La Política Cómica, febrero de 1908)
Esta otra:
Sentado sobre territorio norteamericano y con las botas sobre suelo cubano, el Tío Sam brinda con Liborio.
Uncle Sam: Brindo por la salud de Cuba, amigo Liborio.
Liborio: Y yo brindo por la gran nación americana, que nos ha ayudao dos veces, porque no tenga que ayudarnos la tercera.
(En La Política Cómica, noviembre de 1908)
Una tercera:
Liborio, muy serio y enérgico, señala hacia la silla presidencial vacía y advierte a un general de uniforme norteamericano:
Liborio: Oiga, general, tenga mucho cuidado con lo que va a hacer. En esa silla solo se puede sentar, por mi voluntad, un buen cubano, nunca un ‘desteñido’ por una combinación impuesta por usted. ¡Arriba, Liborio!
(En La Política Cómica, agosto de 1922)
En cuanto a El Bobo, es el resultado del pincel y la imaginación del pintor Eduardo Abela (1891-1965). Llega a mediados de la década del 20 y tiene una fisonomía propia, trajeado, más bien gordito y provisto de cierta bobería en la expresión del rostro, pero El Bobo no es tal bobo, como se le cree, sino que más bien se hace el bobo, una frase que los cubanos bien conocemos. La sagacidad de El Bobo es notable, así como su gracia y realización artística.
Veamos algunos ejemplos:
Al fondo se ve el edificio del Congreso Nacional, vacío y cubierto de telaraña. El Bobo contempla el cuadro desolador:
“Haciendo patria”
- ¡Pero qué manera de trabajar!...
(En Diario de La Marina, febrero de 1930)
He aquí otra situación: El Bobo permanece sentado a la mesa de una cafetería, el camarero se le acerca y pregunta:
- Señor mío, usted se pasa el día sentado en esta mesa y cada vez que le pregunto qué desea, me dice: ¡nada!... y, a la verdad...
- ¿Entonces aquí no se puede decir nada?
(En Diario de La Marina, octubre de 1930, durante el régimen de Machado)
Una tercera: afuera, intenso jolgorio; dentro, El Bobo está sentado con una banderita cubana en la mano:
- Pero, ¿cómo es que todo el mundo menos tú se dispone a celebrar el acontecimiento?
- Porque no están como yo en el secreto, hijo mío, ¡el que se va es el año!
(En Información, 31 de diciembre de 1931, plena dictadura de Machado)
Y esta última: frente al mar, con catalejo que otea el horizonte. Dice así:
“La pesquería de Roosevelt”
- ¿Y por qué será, padrino, que no quiere venir a Cuba?
- Porque esa gente es así, hijito, van solamente a donde haya algo que pescar...
(En Diario de La Marina, febrero de 1933)
Un tercer personaje de la caricatura política irrumpe en la prensa cubana en la década del 50 del pasado siglo. Se trata de El Loquito, que, aunque parece informar solo en base a la gráfica, pues utiliza escasamente la palabra, resulta evidente el peso de la lectura. Los acontecimientos de la lucha en la Sierra Maestra, el desasosiego popular, la represión gubernamental... son algunos de sus motivos. Una en particular nos muestra las banderas de los equipos del béisbol profesional: el Almendares, el Habana, el Marianao, solo falta la correspondiente al equipo Cienfuegos, cuya asta queda vacía. No es humorística, sino dramática, y aparece en el semanario Zig-Zag del 14 de septiembre de 1957. Aun sin texto, se hace evidente que alude al levantamiento popular de la ciudad de Cienfuegos el 5 de septiembre de aquel mismo año.
De tal forma, El Loquito se desenvuelve como un elemento capaz de romper la censura, informar, alertar... en momentos de profunda convulsión política y social en el país. Su creador: René de la Nuez (1937), y el personaje —con fuerte contenido crítico y denunciante, pero agudo humor— fue creado en 1957 para el semanario Zig-Zag.
La caricatura política entregó a los lectores un humor satírico de auténtica cubanidad, no exento de valentía, y cuyo recuerdo perdura en la memoria del corazón de los cubanos.
