Mujer ante el paisaje (I)
Poemas de cuatro autoras austríacas: Lisa Fritsch, Annemarie Moser, Marie-Thérèse Kerschbaumer y Friederike Mayröcker, reunidos en la antología bilingüe Frau in der Landschaft / Mujer ante el paisaje,1 nos acercan a una poesía que mira a la naturaleza, la recrea mediante las palabras, la hace protagonista de la experiencia lírica. Unas veces con gran economía de recursos, otras fluyendo en un caudal de imágenes que se entrelazan y superan, el quehacer poético del que dan fe estos poemas va desde el surrealismo o el tono conversacional a la meditación sobre la vida humana, el amor, la propia escritura.
La barca “con remos de sol” de Lisa Fritsch navega entre los juncos, mientras la poeta viajera aprehende su entorno, con vocación pictórica o, tal vez, fotográfica. Como ha escrito Marie-Thérèse Kerschbaumer: “Lisa Fritsch explora en sus poemas las fronteras de la percepción. En su obra, la observación del mundo tiene lugar a la manera de una serie de encuadres fotográficos”.2 Las cosas así contempladas y descritas son el principal objetivo del poema que las retrata: el “amarillo intenso” de los nenúfares, el florecer de los castaños, el sol que se alza sobre el lago, los abedules, la ciudad que “al cruzar las colinas” se entrega “de memoria, en colores”. En este sentido, la lírica de Fritsch se emparenta con los poemas de su coterráneo Michael Donhauser incluidos en la antología bilingüe Once poetas austríacos.3
Algunos poemas de Annemarie Moser reflejan una apropiación de la naturaleza que conduce hasta su vivencia íntima y personal: en “Camino hacia mi patio interior”, la luz de la luna y el agua de la fuente circundan los pensamientos de la poeta, quien está “serena / poblada de senderos / que desde muchos sitios van a casa”. En otros, como “Pequeño tríptico”, los elementos naturales aparecen personificados, como la flor que, orgullosa, “se obstina / hacia la profunda, / siempre abierta mano del abismo” (también personificado), o el árbol que “atraviesa / el blanco, lo concibe / y aprehende”, y al que la mañana halla “sentado para contemplar el sol”. Finalmente, la autora se encuentra a sí misma en la naturaleza y se identifica con ella cuando afirma: “A veces la alondra me canta, / a veces soy yo su canción”.
La mirada de Marie-Thérèse Kerschbaumer se posa, reflexiva, sobre un “ramo de lavanda en una roja / vasija de barro” que ilumina “desde las honduras del verano”, una habitación en penumbra. La campiña italiana, cuyas líricas descripciones enriquecen la narración en la novela Lejos,4 es el marco ideal para el poema escrito sobre un verso de Francesco Petrarca: “Sola y absorta en campos despoblados / abandonada, errante la memoria…”, donde la belleza del entorno representado hace más intenso el tono elegíaco, más profunda la queja: “Las ondas del trigal me desgarran el corazón: / No digas por qué, no preguntes por qué”. En “Eres el juego de aguas”, letanía de metáforas dedicadas al amado (“eres la cabra entre la hierba láctea / eres la planta acuática y las algas / eres canto rodado y pez danzante”), la poeta concluye llamándolo “hombre de las aguas” y “genio acuático”, lo que remite a los cuentos de hadas (Grimm) o a antiguos conjuros mágico-poéticos vinculados con la naturaleza.
El universo lírico al que nos dejan acceder los poemas de Friederike Mayröcker está lleno de paradojas, privilegiadas por la autora para crear su propio paisaje de palabras: bandadas de palomas y “cántaros que beben fuego”, “fluyentes ramos de genistas”. Pinos necróticos y rojos tulipanes son vistos “desde la ventana de una fría vetusta sala de taberna”, en un poema cuyo título, “Primavera incinerada”, es ya paradójico y encuentra eco en imágenes como “calcinados cielos de julio”, de “Oda a un lugar”. En “Dicha invernal”, la voz amada se compara con un trino de ave que se anhela volver a oír, mientras la “Bendición”, que al iniciarse ha llamado a la golondrina “ancla de los aires”, concluye deseando que “así como plegada sombra dilatada / descubramos la profundidad del paisaje”.
Por la diversidad en las trayectorias y poéticas de las autoras, fue necesario un especial cuidado en la traducción, respetando la identidad y el estilo de cada una, y atendiendo a las peculiaridades formales de sus poemas. Estos, en su unidad temática, motivan una honda reflexión existencial: la flor, el ave, el árbol, comparten con el ser humano un mismo planeta, un mismo destino. Las poetas coinciden en cuanto a la valorización del entorno y nos convocan a mirar alrededor nuestro y a tomarnos el tiempo de contemplar y amar, condiciones indispensables para comprender y valorar nuestro mundo, y salvarlo de la destrucción.
Notas:
1- Frau in der Landschaft / Mujer ante el paisaje. Cuatro poetas austríacas. Antología poética bilingüe con selección, prólogo y traducción de Olga Sánchez Guevara, Edition Art Science, St. Wolfgang, Austria, 2014. Propuesta para su publicación por la Editorial Oriente.
2- Marie-Thérèse Kerschbaumer, “Orpheus auf Umlaufstation” [Orfeo en la estación orbital], citado en: Gerhard Jaschke: Etwas Bestimmtes? Nichts Bestimmtes! Annäherung an den poetischen Kosmos der Lisa Fritsch [¿Algo definido? ¡Nada definido! Acercamiento al cosmos poético de Lisa Fritsch], Podium Porträt 29, p. 6. [La traducción de los títulos es mía.]
3- Once poetas austríacos, edición bilingüe al cuidado de Marie-Thérèse Kerschbaumer y Gerhard Kofler, Ediciones Unión, La Habana, 1997.
4- Marie-Thérèse Kerscbaumer: Lejos, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2001. Traducción: Olga Sánchez Guevara.
Editado por: Tupac Pinilla
