Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 22 de noviembre de 2019; 5:29 PM | Actualizado: 22 de noviembre de 2019
<< Regresar al Boletín
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2
Página

Alabanzas y recuerdos por Sergio Hernández Rivera

Ricardo Riverón Rojas, 16 de octubre de 2014

Los cubanos no somos muy memoriosos, sobre todo en los ámbitos del mundillo literario. Solo cuando la muerte está acompañada de algún hecho extraliterario, como la marginación por causas políticas o sexuales, o por cualquier otra circunstancia inscrita en la chismografía; o cuando estamos ante una figura que, por su grandeza (validada sobre todo fuera de Cuba) no admite ser abandonada en brazos de la inercia, la memoria mantiene vivos a quienes nunca debieron desaparecer de nuestros panoramas críticos.

Es sorprendente lo rápido que nos olvidamos de nombres de importantes escritores ya muertos, y de obras que seguramente algún lugar –unas más discreto, otras más notable– merecen en nuestro panteón literario, independientemente de las actitudes que hayan marcado el quehacer de esos creadores. Tan injusto como preterir de muchas listas e intereses investigativos, editoriales y promotores, durante un tiempo, a José Lezama Lima, Ángel Gaztelu, Eugenio Florit, Gastón Baquero, Jorge Mañach, Enrique Labrador Ruíz, lo es que con menos frecuencia de lo que merecen Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Soler Puig, Eliseo Diego, Félix Pita Rodríguez, Roberto Friol, El Indio Naborí, Onelio Jorge Cardoso se instituyan letra viva, sobre todo porque que se trata de figuras de similar relevancia a las antes citadas.

Ante ese panorama desalentador cualquiera pensaría que, solo en vida de la persona que la creó, determinada obra es atendible. Con ello se alimenta, más que todo, la suspicacia sobre posibles factores de cercanía con instituciones (culturales o políticas) que le hubieran podido proporcionar a determinados autores o tendencias la difusión, y adjunto se prescribe una devaluación histórica que opera ipso facto sobre las instancias de crítica y recepción de la literatura.

Entonces no es de extrañar que tan fácilmente ingresen en la nómina de los olvidados autores que en vida fueron menos espectaculares, aunque no menos brillantes. Pienso –para solo pensar en algunos– en Miguel Collazo, Luis Suardíaz, Roberto Branly, Gustavo Eguren, Carlos Galindo Lena, Francisco de Oráa, Raúl Ferrer, Adolfo Martí Fuentes y tantos otros, también de obras significativas y muy pocas veces reincorporados al discurso literario nacional. No existe un pensamiento sistémico que coloque a cada figura en las distintas plataformas de estudio y promoción de la literatura para que, como corresponde, dialoguen desde sus obras con quienes les precedieron.

Uno de esos casos de cruento olvido es el del poeta Sergio Hernández Rivera, nacido en Remedios en 1920 y fallecido en La Habana en 1996. Fue Sergio una figura que nunca integró la galería de estrellas, pues su proceder era más bien discreto, y su obra, no muy copiosa, tampoco daba pie para situarlo frente a los reflectores. Pero de lo que no cabe duda es de que la calidad de su poética sí le debía garantizar algún sitio en las recordaciones que la vida literaria ejecuta, bien provengan de sus amigos o conocidos, de las instituciones donde actuó, o de aquellas que tienen la obligación de salvar para la memoria colectiva cada una de esas realizaciones que nos han permitido configurar una historia y entender un sentido de nuestro imaginario poético.

Revisando un viejo número de la revista Signos (la 37 de 1989) hallé una crónica titulada “Poeta en la isla vieja”, donde Sergio nos dibuja un colorido fresco de lo que fue su infancia y adolescencia en su natal Remedios, y en Caibarién, lugar este último donde en la década de los 40’s se concretaron sus iniciaciones literarias en un curioso grupo que, además de él, tenía en Antonio Hernández Pérez, Raúl Ferrer, Carlos Galindo Lena y Francisco de Oráa a sus más activos miembros. Cuenta Hernández Rivera de las dificultades que atravesaban en ese pequeño pueblo costero del interior de Cuba para mantenerse actualizados en las necesarias lecturas; para darse a conocer, para sobrevivir (con o sin empleo) sin tener que renunciar a sus sueños creativos. Así describe el poeta aquellos días en su crónica:

Galindo, Francisco [de Oráa] y yo éramos desempleados. Antonio estaba en una posición por encima de la nuestra, y Raúl Ferrer, en su bregar de dirigente comunista, batallando por las reivindicaciones de los maestros, unas veces en La Habana, otras en Yaguajay y ocasionalmente en Caibarién. Esa era la composición social del grupo, pues ser desempleado era la cosa más natural del mundo. En los tiempos de Prío se iniciaron las obras del alcantarillado, y las legiones de jóvenes fornidos hacían cola junto a las zanjas abiertas, esperando a que los llamaran cuando hiciera falta un peón o picapedrero.

En aquellos años que Sergio Hernández Rivera describe, se dio en Caibarién un curioso fenómeno editorial, en el cual el grupo participó. Me refiero a la existencia de la revista Archipiélago, de Quirino Hernández, una publicación que se propuso, y en buena medida consiguió romper las fronteras provincianas y emitir lo que su subtítulo proponía de manera programática: “una voz de tierra adentro para el continente”.

Tras aquellos años de iniciación, y de colaborar en las publicaciones y la vida literaria de la localidad, Sergio marchó a La Habana en 1951, donde también dio a la luz sus creaciones, en las siguientes publicaciones entre otras: Sucesos, El País Gráfico, Alerta, Mañana, Prensa Libre, Vanidades y La Opinión. La mayor parte de su vida laboral capitalina, no obstante, la desarrolló como bibliotecario.

Antes de establecerse en La Habana, aún en 1948 Sergio Hernández Rivera da a conocer: Mis siete palabras y Forastero de la sombra. Son ejemplares raros, hoy casi imposibles de localizar, al igual que Defensa de la golondrina, de 1956, aunque sobre ellos se pronunciaron en su momento Luis Ángel Casas, Antonio Iraizoz, Enrique Labrador Ruíz y Joaquín G. Santana. A la mano se encuentran, no obstante, sus últimos cuatro libros, publicados tras el triunfo revolucionario: Compadecido bosque (1965), Revolución es también eso (1975), Alabanzas, recuerdos (1983) y De distintas maneras (1990).

Basándome en estos cuatro libros y con el ánimo de alejar un poco de este poeta el olvido de veinticuatro años tras la publicación del último de ellos, hilo algunos comentarios breves sobre su poética. Fue Sergio Hernández Rivera un creador extremadamente cuidadoso con la forma, que muchas veces se ceñía a moldes tradicionales, como el soneto, la décima o la octava. En esas composiciones dio salida a la veta efusiva, sobre todo en lo referente a una vida sentimental que expresó plena de realizaciones efímeras. En ellas se presenta como un romántico empedernido, y consigue un autorretrato chaplinesco de enamorado reincidente, eterno buscador de una princesa encantada que, si aparece, acababa conduciéndolo al desencanto. El poema “Sucede”, incluido en dos de sus libros resulta programático en ese sentido:

Sucede que recién has descubierto
que te has enamorado como un tonto.
A donde quiera que la vista vuelves
la faz del ser amado es lo que miras,
su perfil pensativo es lo que ves.
Y si preparas el oído atento
a los innumerables rumores de la Noche
la voz del ser amado es lo que oyes,1
su risa musical es lo que escuchas.
¡Qué ingenuo enamorarse de ese modo!
A tu edad –te dirán– eso no pega,
ni en estos tiempos, a otra edad tampoco.
Me excuso por tamaña tontería.
Perdón, amigos todos, compañeros.
Pero qué voy a hacer. Estoy enamorado.

Pero tampoco es esta la única vertiente atendible en su poesía, pues sobre todo en Revolución... es también eso se aprecia una zona de hondas preocupaciones existenciales junto a otra donde se suma a esa poesía de reafirmación revolucionaria que ninguno de sus coetáneos eludió. En ambas vertientes se hace visible un fino oído para la poesía más apegada al decir laxo, al prosaísmo, a la imagen cotidiana. También al decir conceptuoso y cargado de simbolismo. Ejemplos de ello sería, entre otros, los poemas titulados “Para un hombre que nació en el año 20”, ”Del inválido que cedió su asiento” y el que le da título al volumen.

En conclusión, lo más destacado en la poesía conocida de Sergio Hernández Rivera está en haber sabido utilizar los distintos moldes estróficos, y hasta prescindir de ellos sin que resintiera por ello el espíritu de su poética. Esa voluntad creativa seguramente guió su mano cuando al hacer la autoantología De distintas maneras incluyó en ella los textos compuestos de cara a esa pluralidad formal.

Nuestra memoria cultural necesita, de cuando en cuando, volver los ojos hacia estas figuras que, sin destellar intensamente en el panorama poético nacional, dejaron su marca, atendible, y aún elocuente, tanto por sus valores formales como por su cualidad testimonial. Sergio Hernández Rivera fue un poeta sobre quien la crítica y los lectores debían fijar alguna vez su atención.

Santa Clara, 14 de octubre de 2014

1 Sergio Herández Rivera: “Poeta en la isla vieja”. Revista Signos Nº 37, Santa Clara, enero-junio de 1989, p. 173.

Editado por: Heidy Bolaños

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis
 
Página
<< Regresar al Boletín Resource id #37
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2