La luz sobre el espejo: historia, cultura y protagonistas
A la historia es posible llegar por muchos caminos. De niños, tenemos la aproximación primera de las poesías aprendidas de memoria con las cuales homenajeamos a los grandes en fechas señaladas; luego, llega la instrucción escolar que va acercándonos, por medio de nombres y hechos, a pasajes del devenir de la nación, a momentos cumbres en los cuales los cubanos forjaron la patria; después, es como si una chispa quedara encendida, y el deseo de conocer más sobre cuanto nos antecedió rebasa la necesidad de dominar fechas y sucesos para querer aproximarnos a lo anecdótico y lo humano, para querer indagar en el alma de quienes, a través de su obra, conocieron la trascendencia.
La luz sobre el espejo es uno de esos libros que permite mirar de forma diferente la historia y la cultura de Cuba, pues en él se combinan interesantes temas del pasado con la reconocida elocuencia de Eusebio Leal, historiador de La Habana, quien no solo sobresale por su conocimiento de hechos y personalidades, sino que además destaca por su capacidad comunicativa, por su distinción para narrar de forma amena y solemne.
Los textos que integran el volumen salieron de intervenciones, conferencias, entrevistas o discursos pronunciados por Leal, y en ellos se abordan asuntos tan diversos como la significación del 24 de febrero de 1895, el diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, las raíces de la emigración o la vida de encumbradas figuras del arte y la intelectualidad como Dulce María Loynaz y Fernando Ortiz.
El libro, publicado con anterioridad por la editorial Boloña, estará nuevamente a disposición de los lectores en la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana bajo el sello de Ciencias Sociales, según adelantó a Cubaliteraria la editora de esta nueva entrega, Norma Suárez.
Tanto ella como el autor de los materiales compartieron el pasado 17 de octubre con los asistentes al espacio Tardes de la Editorial Nuevo Milenio, celebrado en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, donde el autor, con esa oratoria apasionada que lo caracteriza, se acercó no solo a los pasajes recreados en el texto, sino que, además, sació parte de la avidez de un público deseoso de descubrir sucesos menos abordados en nuestra historiografía.
De ese modo, Leal rememoró acontecimientos como las numerosas gestiones que debió realizar a fin de traer de vuelta a Cuba la montura mexicana del lugarteniente general Antonio Maceo, un objeto devenido símbolo de las luchas independentistas y que durante muchos años se conservó en un museo español.
Cuando el investigador incansable contó sus esfuerzos para garantizar la vuelta a casa de la silla de montar, que se encuentran recogidos en las páginas de La luz sobre el espejo, también ofreció nuevos detalles sobre la epopeya de la guerra de liberación contra la metrópoli española y, en particular, sobre el modo en que los contemporáneos del Titán de Bronce describieron el momento de su muerte en combate.
Al mismo tiempo, en medio de narraciones que hacían imaginar tanto los hechos, como el carácter y la personalidad de los implicados, el auditorio pudo conocer algunas herramientas de las cuales se vale el investigador para contrastar fuentes y reconstruir muchos años después los sucesos de un periodo histórico determinado.
Pero, dado el lugar donde se celebró el encuentro, no fue raro que la mayor cantidad de preguntas de los espectadores estuvieran relacionadas con Dulce María Loynaz, la autora de Jardín y los Poemas sin nombre, la merecedora del Premio Cervantes de literatura cuya obra ha marcado a numerosas generaciones de cubanos.
Leal, quien tuvo el honor de conocerla y tener con ella una cercana relación, leyó gran parte del texto dedicado a la autora, en el cual es posible descubrirla desde su propia génesis, desde la infancia en la que junto a sus hermanos Flor, Enrique y Carlos Manuel jugueteaba en el jardín de la casa familiar y comenzaba a observar el mundo que después reflejaría con una voz poética única.
En esas referencias sobre la vida de la escritora hay dos nombres que no dejan de mencionarse: primero el del padre, el general de brigada del Ejército Libertador Enrique Loynaz del Castillo, un hombre que estuvo con Antonio Maceo en Costa Rica, que conoció a José Martí, y que, por la gran amistad mantenida con el mayor general Flor Crombet, bautizó con ese nombre a una de sus hijas.
Después, es ineludible la alusión a Pablo Álvarez de Cañas, su segundo esposo, cronista social que llegó a ser tremendamente agasajado por la élite de la época, y de quien la escritora dejó una amplia evocación en su libro Fe de vida.
A mediados de la década del 40 del pasado siglo Dulce María se trasladó con Pablo a la casona de 19 y E, donde actualmente se ubica el centro que lleva su nombre y donde la conoció Leal “en su momento de mayor soledad”, según las propias palabras del historiador.
Con anécdotas de ese tipo, que mantuvieron al auditorio expectante durante todo el encuentro del pasado viernes, Leal realizó la mejor invitación posible para leer La luz sobre el espejo, una obra que regalará al lector la posibilidad de desandar nuevamente por la historia patria, esta vez con una indagación más cercana al espíritu de los protagonistas.
Editado por Heidy Bolaños
