Palabras en el desierto: un libro de Basilia Papastamatiu
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La aridez de la existencia que algunas veces se extiende hacia el lenguaje y la inconformidad con lo que la vida nos ofrece, son tal vez las temáticas fundamentales del excelente libro de poemas de Basilia Papastamatiu, que Letras Cubanas acaba de publicar con el título Eso que se extiende se llama desierto.
Textos caracterizados por la brevedad y la precisión, integran un conjunto en el que asoma el estilo característico de esta autora, donde las interrogantes y las sugerencias se conjugan con el silencio expresivo, dando pruebas de nuevo del oficio que nace de la intuición antes que de la intelectualización, aun cuando los poemas ofrecen dificultades a la recepción común por su alto nivel filosófico y conceptual.
A veces excesiva en la adjetivación, Papastamatíu logra, sin embargo, una pulcritud que la coloca entre las voces más sutiles de la poesía latinoamericana, incluso cuando la desilusión y la desesperanza se adueña tanto de la autora como de los sujetos de su escritura a los que se refiere siempre en la tercera persona del plural.
Si Espectáculo privado (su libro anterior) era de un tono más político que existencial, en el título que comentamos hoy ocurre todo lo contrario.
A mi entender, no se trata del momentáneo fracaso que puedan haber sufrido los que soñaron cambiar el mundo por vías violentas, sino del de todos los seres: indefensos ante la realidad y tercos en sus ilusiones y deseos.
La poeta les muestra que no hay asidero posible: la cruda realidad es el mayor obstáculo a esa plenitud a la que todos aspiramos y que ni siquiera la poesía es capaz de darnos, puesto que el lenguaje también está cargado de contaminaciones y límites, incluso cuando los espejismos de este desierto nos hagan suponer lo contrario.
Muchos son los textos que el lector no debe pasar por alto. Pero, en mi opinión hay uno entre todos que merecería figurar en cualquier antología, bien sea de nuestro continente como universal. Se trata de “Rozamientos”, donde “el pensamiento gira interminablemente y la asfixia del lenguaje en su torpe andar, en su obstinada rebeldía” nos espera al final del camino. Porque, como bien dice la autora (o más bien se pregunta), somos perpetuos insomnes que no nos resignamos al silencio.
En el cuaderno no hay siquiera la esperanza de otra vida a la que nos alientan las religiones. Nos queda solo esta que es vana, que no ha cumplido con nuestras expectativas y que, por indeseada, produce un efecto de rechazo-aproximación a la muerte a pesar de no ser esta última, una presencia recurrente en el libro.
La muerte es algo que está ahí, que nos espera. Pero lo más importante para la autora es la comprensión del vacío que se extiende ante nosotros. Esa es la cuestión esencial: la travesía del desierto.
El excelente prólogo de Rogelio Riverón quizás pueda servir de guía al lector ante una poesía tan compleja y que recurre todavía a la experimentación vanguardista, creo que de manera inconsciente, pues los poemas parecen sostenidos por un flujo de conciencia hábilmente controlado por Papastamatíu.
Según Riverón, “explicarse el desierto es conjurar la aridez y la fatiga. Porque el desierto encubre la vitalidad pero al mismo tiempo obliga al movimiento, hay que atravesarlo de manera perenne: está detrás y delante, es pasado y al mismo tiempo cuanto queda por andar”.
En una era signada por las guerras, la destrucción del planeta y las hambrunas y el pésimo pronóstico de un futuro, que tal vez provoque la extinción de la especie humana, a estos textos no podría calificárseles de pesimistas aunque tal vez lo son.
Su universalidad es indudable, porque el único escenario al que parece referirse este volumen es nuestro planeta. El carácter ontológico de esa indagación en la conciencia no admite otro contexto y en este sentido los poemas no pertenecen a ninguna literatura en específico: ni a la cubana, ni a la argentina siquiera a la latinoamericana.
La originalidad de esta voz no tiene parentesco con otra que me haya sido dado leer. Y esto otorga al libro un valor agregado que es el de su absoluta autenticidad, su compromiso con una individualidad que es, paradójicamente solidaria puesto que no se complace en exaltar o desnudar al autor, sino en ofrecernos una visión del mundo que apela a la intervención de los otros, todos los otros para quienes el enunciante se convierte en un analista o un demiurgo, gracias a la efectividad de sus recursos.
En definitiva, Eso que se extiende se llama desierto no hace otra cosa que confirmar el lugar de su autora en el contexto de la lírica internacional. Una poeta que escribe mejor y mejor a medida que nos entrega su hacer cotidiano en el campo de la escritura.
Buena elección la de Letras Cubanas, al poner este libro en manos de los que todavía buscamos en la poesía una suerte de mapa para desafiar a los espejismos que nos tocan.
Editado por: Diana Fernández Fernández
