Amnios: hacer ver lo que ve
Cuando, en cierta ocasión, le preguntaban a Dulce María Loynaz su definición de poeta, la autora de Jardín afirmaba que “un poeta es alguien que ve más allá en el mundo circundante y más adentro en el mundo interior”. Y concluía la escritora galardonada con el Premio Cervantes: “pero además debe unir a esas dos condiciones, una tercera más difícil: hacer ver lo que ve”.
La lectura de los textos reunidos en la más reciente entrega de la revista Amnios (número 14 / 2014) confirma, indudablemente, la certeza de tales palabras, pues estos poemas –acompañados de comentarios, reseñas y entrevistas relacionados con el ejercicio lírico— son muestra evidente de que un poeta hace ver al lector lo que ya él antes ha visto.
Diez poetas cubanos, pertenecientes a diversas generaciones, estilos y tendencias, presentan sus versos en esta edición, que se abre con varios textos del también ensayista –hoy residente en Barcelona— Pedro Marqués de Armas (La Habana, 1965), aparecidos originalmente en sus poemarios Eso que soñé grande y Virus del Nilo.
De dos voces poéticas surgidas en el centro de la isla, en Villa Clara, Sergio García Zamora (Esperanza, 1986) y Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, 1968), se reproducen varios textos que permiten conocer y valorar el alcance de los presupuestos ideoestéticos que sustentan sus respectivas producciones literarias.
Tres creadores nacidos en los años setenta del siglo XX, en varias provincias del país, aparecen, con una colección de sus poemas, en las páginas siguientes de este número de Amnios: Maylén Domínguez Mondeja (Cruces, Cienfuegos, 1973), Frank Castell (Las Tunas, 1976) y Daniel Díaz Mantilla (La Habana, 1970).
Otros tres autores se reservan para el último segmento dedicado a dar a conocer la creación lírica en la Cuba de hoy: Víctor Casaus (La Habana, 1944), Nelson Herrera Ysla (Morón, Ciego de Ávila, 1947) y Pepe Sánchez (Cumanayagua, Cienfuegos, 1956).
La mirada reflexiva a la poesía publicada en la isla, también puede encontrarse en las páginas de Amnios. Así, Jamila Medina Ríos comenta La gran arquitecta, de Legna Rodríguez Iglesias; Luis Álvarez Álvarez se acerca al cuaderno A la entrada de la noche, de Lázaro Castillo, y Jorge Ángel Hernández Pérez analiza la antología Si yo me llamase Raimundo, de Ramón Fernández-Larrea.
En “La poesía es nuestro más divino pugilato en lo oscuro” se conoce la conversación sostenida por el poeta y editor Alpidio Alonso-Grau, director de la revista, con Roberto Manzano (Ciego de Ávila, 1949), a quien pertenecen las ilustraciones que acompañan el número y de quien se publican varios de sus versos, entre ellos el titulado “El ciclista que va subiendo la colina”:
El ciclista que va subiendo la colina
cargado con sus sacos de carbón
podría recordar, acaso, a Augusto Bébel?
Él sube con sus sacos de carbón.
El ciclista que va subiendo la colina
cargado con sus sacos de carbón
podría recordar, acaso, a Bertrand Russell?
Él sube con sus sacos de carbón.
El ciclista que va subiendo la colina
cargado con sus sacos de carbón
podría recordar, acaso, a Tristán Tzara?
Él sube con sus sacos de carbón.
El ciclista que va subiendo la colina
cargado con sus sacos de carbón
podría recordar, acaso, a Yuri Lotean?
Él sube con sus sacos de carbón.
El ciclista que va subiendo la colina
cargado con sus sacos de carbón
podría recordar, al menos, a Walt Disney?
Él sube con sus sacos de carbón.
Poemas y poetas de diversas latitudes del mundo se reúnen en otro de los segmentos del número 14 de la publicación. El traductor Guillermo Fernández presenta al italiano Eros Alesi; mientras que Ileana Valdés Carranza traduce al estadounidense Ezra Pound y Gerardo Lewin y Florinda Goldberg a la israelí Tal Nitzán.
Del nicaragüense Francisco Larios pueden también leerse algunos de sus versos, al igual que de la chilena María Inés Zaldívar, esta última presentada por un breve y documentado estudio que firma el poeta, ensayista, investigador, crítico y traductor Virgilio López Lemus.
Luis Alberto Arellano, poeta, ensayista y editor mexicano, en “Cuerpos dolientes y poesía”, tomado del libro Escribir poesía en México (Editorial Bonobos, México, 2010), cuenta sobre su experiencia, durante dos años, al frente de un taller de creación literaria en una prisión estatal en las afueras de Querétaro, su ciudad natal.
En la sección Entrepáginas, como cierre de Amnios, se reseñan poemarios publicados por sellos editoriales nacionales y territoriales, entre ellos Estrías, de Soleida Ríos (Editorial Letras Cubanas); El cielo de mi cuerpo. Antología poética 1989-2011, de Aleyda Quevedo Rojas (Ediciones Orto), y Los frágiles senderos, de Rubén Fernando Alonso (Ediciones Luminaria).
Editado por: Dino Allende
