El Caribe y su música
Zona de confluencia de casi todas las culturas del mundo contemporáneo, en el Caribe se ha producido, a lo largo de los últimos cinco siglos, la conjunción de las más diversas nacionalidades y lenguas europeas —española, portuguesa, holandesa, inglesa, francesa—, en necesaria convivencia con las diversas tribus originarias —caribes, arahuacos, mayas— y con numerosas culturas africanas —yorubas, bantúes, mandingas—, a las que se sumaría más adelante la llegada de hindúes y chinos, capaces de crear en su convivencia un impresionante caleidoscopio de costumbres, religiones, lenguas, y modos de vivir nunca antes enfrentados en toda la larga historia de la humanidad, y prestos a mezclarse para dar origen a esa combinación sui géneris que es la vida y el hombre del Caribe. Los pueblos surgidos en esta zona geográfica se han forjado a partir de una historia común de despojo, colonización, sumisión, luchas de redención, transculturación y migraciones humanas impulsadas por la esclavitud o la búsqueda de mejor fortuna. Todos estos avatares han dejado una impronta en su universo humano y cultural.
Sin duda el Caribe ha sido, y aun es hoy, un entorno propicio donde se gestan algunos de los procesos étnicos y culturales más trascendentes de la humanidad. Uno de los casos más conocidos es el de la música afrocaribeña, donde sobresalen ritmos tan trascendentes como el jazz, el son cubano, el calipso, el reggae y el bossa nova brasileño. Y es que el aporte africano, según afirma el musicólogo cubano Olavo Alén, fue un factor decisivo en la homogeneización cultural caribeña.
En el libro Occidentalización de las culturas musicales africanas en el Caribe —publicado por Ediciones Museo de la Música y presentado recientemente en el Sábado del Libro— el propio Olavo Alén arroja luz sobre el peculiar desarrollo de este aporte africano y cómo el mismo llegó a adquirir una fisionomía que lo diferenciaría de su antecedente, convirtiéndose en génesis de la cultura caribeña tal como la conocemos hoy.
Pero los aportes trascendentales obtenidos en el marco de este proceso de occidentalización —afirma Alén en la introducción del volumen— aparecieron cuando de la música afrocaribeña comenzaron a nacer comportamientos y actitudes estéticas pertenecientes por completo al individuo caribeño:
Hoy día estos comportamientos y actitudes estéticas del músico caribeño se encuentran más esparcidos por el mundo que la suma de todos sus equivalentes africanos. Basta solo con recordar la difusión internacional que tuvieron durante el siglo XX el reggae de Jamaica, la orquesta Steel Bands de Trinidad y Tobago, la rumba, el chachachá y el mambo de Cuba, y de forma más general, la música conocida como salsa.
En los siete capítulos en los que está bosquejado Occidentalización de las culturas... se aborda el proceso de colonización y mestizaje del Caribe y cómo su música es un fenómeno históricamente reciente, pues surge del contacto que acarreó el asentamiento de europeos y africanos en estos territorios durante solo unos pocos cientos de años; asimismo las tradiciones nacidas de la ejecución del tambor en el Caribe y sus antecedentes africanos. Se definen teóricamente los conceptos de “música afrocubana” y “música afrocaribeña”; un acercamiento a la cultura musical de las sociedades de tumba francesa en Cuba, en cuyo complicado proceso de transculturación no funcionó la cultura española como dominante. Se determina además el origen cubano y caribeño de la rumba y la tumbadora y el impacto mundial de ambas; el surgimiento del son a partir de las tradiciones nacidas del tambor al proyectarse hacia otros instrumentos y cómo en la actualidad el conjunto de tradiciones que abarca este género y su expansión por todas las capas y estratos de la población cubana lo han convertido en el más desarrollado entre los complejos genéricos de la música insular. El capítulo siete y final recoge las observaciones realizadas a otras culturas musicales del Caribe para determinar sus semejanzas, y en él se puede apreciar cómo nuestra cultura musical se expande por el mundo, conquistando por su fuerza aquellas otras que le sirvieron de antecedentes.
El libro posee una bien nutrida galería de fotos que sirven como apoyatura visual de los temas abordados y de los instrumentos propios de estas culturas musicales, así como también para el reconocimiento de una pléyade de creadores cuyos aportes fueron trascendentales en la cristalización de la cultura caribeña.
Occidentalización de las culturas musicales africanas es un texto no solo concebido para el marco estrecho de los especialistas, pues, aunque ha sido escrito con todo el rigor académico que caracteriza al doctor Alén, el lenguaje utilizado —claro, conciso— es un atractivo incluso para el lector menos entrenado.
Editado por Yaremis Pérez
