La coherente incoherencia de Telo

La sonrisa, qué duda cabe, es el mejor antídoto que existe contra la tristeza, al menos esa es la tesis que con tanta perseverancia y dedicación defiende nuestra Laidi Fernández de Juan al crear, organizar y mantener, contra toda posible fatiga o adversidad, este espacio: Miércoles de Sonrisas, que tanto agradecemos sus habituales asistentes y amigos, devotos confesos del humor como medicina preventiva contra los males del espíritu, la abulia, el aburrimiento y todos esos poco amables estadios que envenenan, desmovilizan, disuaden y pugnan por convertir la vida en un espació monótono y gris.
Su elección para esta ocasión no pudo ser mejor: Eleuterio González Toledo (Telo), quien consiguió con esa sencillez y naturalidad que le caracterizan poner en vilo al auditorio con un par de monólogos antológicos sobre una “obra cumbre de la literatura”, que se vale del más singular absurdo para erigirse como tal y otro, el de un artesano que se dedica a fabricar diferentes objetos artísticos a partir de la güira. Ambos textos están dotados de un ingenio y una gracia contagiosas que le permiten al autor una comunicación fluida y muy amena con los espectadores, sin necesidad de recurrir a frases chabacanas o de mal gusto para lograr el favor y la aprobación del público. Me atrevería, sin correr grandes riesgos, a ponerlo como ejemplo del humor inteligente que debíamos promover de manera incansable en nuestro país, es decir, el humor bien pensado y alejado de la facilidad ramplona, la vulgaridad y hasta la ofensa mediocre que a veces (con bastante frecuencia desdichadamente) algunos improvisados derrochan en espectáculos donde lo popular se deforma y pierde su sentido al convertirse en una caricatura triste, pobre y descolorida, que tanto daño hace a sus receptores.
Después vinieron unas décimas sobre el amor en varias modalidades, en moneda nacional, en divisas y hasta en la moneda unificada, que fueron del agrado de todos por su lograda factura y simpatía, y sirvieron de colofón al espacio.
Antes había hablado un poco de sí mismo, completando en alguna medida la atinada presentación de su anfitriona. En esta especie de conversación con los presentes, Telo insistió en lo que califica como su “incoherencia crónica”. Pero, a mi modo de ver, creo que es todo lo contrario: él sabe muy bien lo que se propone y, además, sabe cómo decirlo, de manera muy bien pensada y organizada, que no se pierde -ni lo intenta- en malabarismos del idioma y prefiere esta alternativa que lo mantiene cerca de esos personajes a los que ha dado vida para nuestro beneplácito.
Gracias a Laidy por este maravilloso regalo y los próximos, que ya anunció y prometen ganar nuestro favor y ese necesario asombro que nos cautiva y nos hace acompañarla cada mes y, en especial, al amigo Telo por su genialidad, sencillez y comicidad, en esta época más cercana al drama, plagada de guerras, epidemias letales, adversidad y otros etcéteras que, confieso, olvidé hoy mientras lo escuchaba.
Editado por: Nora Lelyen Fernández
