José María Chacón y Calvo: un pretexto para escribir y evocarlo
José María Chacón y Calvo (1892-1969) es una de las personalidades de la cultura cubana que más hizo por ella a lo largo de la primera mitad del siglo XX. Puede afirmarse que no hay empresa cultural que no lo cuente entre sus entusiastas, y su prestigio y buen nombre permanecen incólumes. Su solvencia económica, su honestidad, sapiencia y carácter hicieron de él un mecenas que no se cansó de prestar servicios, hacer favores y sembrar recuerdos.
Una fotografía encontrada por azar en la página 21 de la edición de la revista Carteles del 22 de noviembre de 1936 nos sirve de hilo conductor para reproducir una anécdota que lo vincula con Pablo de la Torriente Brau. Fueron dos caracteres bien opuestos. El primero, asentado; el segundo, inquieto; aquel, un escritor de mesa; este otro, un escritor de trinchera. Los puntos de vista políticos difieren entre ambos. Sin embargo, es notoria la simpatía recíproca, el respeto y la admiración que se profesaron.
Rogamos al lector que observe la fecha de la fotografía: noviembre de 1936. Ya Pablo de la Torriente Brau está en España, como corresponsal y combatiente de la guerra civil en la Península, adonde llega procedente de Nueva York. Pablo caerá a los 35 años, combatiendo con los milicianos apenas un mes más tarde, en Majadahonda, el 19 de diciembre.
La historia la han contado sus hermanas Zoe y Ruth*, y la transcribimos a continuación:
Cuando Pablo llega a Madrid, va enseguida a ver a José María Chacón y Calvo, que en esos momentos era el Encargado de Negocios de la Embajada de Cuba en España. Desde la calle Pablo le grita:
- ¡Doctor Chacón y Calvo, doctor Chacón y Calvo!
Como no contesta, le grita entonces:
- ¡Señor Conde de Casa Bayona, señor Conde de Casa Bayona!
Se asoma Chacón y baja corriendo las escaleras gritando:
- ¡Pablo, por Dios!, ¿cómo gritas así?
Él sabía el peligro que significaba, en aquellos momentos, llamar a alguien conde. Pero Pablo gozaba con su maldad de muchacho.
Después de saludarlo y conversar, sale Pablo a recorrer Madrid y, al poco rato, se da cuenta de que ha dejado sus documentos personales en la Embajada. Algo muy peligroso, pues de ser detenido y no tener documentación la podía pasar muy mal. Regresa rápidamente y encuentra a Chacón muy nervioso, pues había visto los documentos de Pablo, y aquel le dice:
- ¡Qué peligro has corrido!
Chacón tiene un frasco de píldoras en las manos y Pablo le pregunta para qué son, y aquel le responde:
- Las tomo para los nervios.
A ver, déjame ver —le dice Pablo. (Toma el frasco y se echa varias píldoras en la boca y se va a dormir.)
Chacón, muy nervioso, no duerme en toda la noche. Por la mañana Pablo se levanta sonriente y Chacón le pregunta:
- ¿Cómo dormiste?
- Como un perro en un rincón —responde Pablo. ¿Tú has visto a alguien que duerma mejor que un perro en un rincón?
Y seguidamente le dice:
-¡Ah!, y bota esas píldoras, que no sirven para nada.
Las publicaciones seriadas de la primera mitad del siglo XX recogen el pensamiento literario Chacón y Calvo, el de a diario, que es también apreciable en los libros Romances tradicionales de Cuba, 1914; Ensayos de literatura cubana, 1922 y El primer poema escrito en Cuba, de ese mismo año.
Otro de los temas que lo absorbió fue la historia, desde la etapa de la colonización en Cuba, así como las más diversas aristas de la creación literaria. Se asegura que le hubiera gustado ser poeta, aunque nos queda como un intelectual multifacético, promotor del conocimiento y conferencista notable, para quien el estudio se integró perfectamente a la vida cotidiana.
Abogado, diplomático, periodista, crítico literario, ensayista, de la condición de humanista de José María Chacón y Calvo bastaría recordar que a la par con su obra de investigador y estudioso, se hallan otros textos de lirismo casi íntimo y experiencias personales, reveladores de la personalidad de quien los escribe.
El doctor Chacón fundó bibliotecas, se preocupó por la preservación de los archivos y estimuló la creación literaria desde las diversas responsabilidades que asumió. Se desempeñó en la Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación, representó a Cuba ante congresos internacionales, impartió conferencias y cursos en institutos y universidades foráneas, fundó Revista Cubana, órgano de la Dirección de Cultura; cofundó la Sociedad de Folklore Cubano, en 1923.
Fue miembro de las tres academias oficiales existentes en Cuba: la de Artes, la de Historia y la de la Lengua, que presidió entre 1951 y 1969. También presidió el Ateneo de La Habana, una institución destinada a la difusión de la cultura mediante conferencias, concursos, conciertos, exposiciones y demás manifestaciones artísticas.
El último Conde de Casa Bayona, nacido en el villorrio de Santa María del Rosario y fallecido en Cuba, la patria que tanto amó y distinguió, el 8 de noviembre de 1969, fue y es uno de los intelectuales más prominentes del siglo XX cubano. Todo lo cual debemos conocer para comprender mejor la foto acompañante, que nos permite comprobar el respeto y afecto con que sus contemporáneos lo recibían de regreso de alguno de sus viajes al exterior.
Notas
* – En: Pablo: la infancia y los recuerdos, por Zoe y Ruth de la Torriente Brau. Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2000, p. 46.
Editado por: Dino Allende
