El libro más triste del mundo ¿o no?
Un abuelo despreocupado por su familia y, a la vez, obsesionado con la culpa por haber dejado caer a su nieto cuando era bebé, ahora un adolescente cuadripléjico debido al accidente, una pareja de jóvenes hermanos deshumanizados ante el sufrimiento del benjamín de la familia, una madre sacrificada y frustrada, quien se autoflagela con privaciones voluntarias, y un padre evasivo y ausente… son algunos de los caracteres básicos que componen el sistema de personajes de El libro más triste del mundo, escrito por Otilio Carvajal y publicado por Gente Nueva en su sugestiva Colección 21 en este 2014.
La muy cuidadosa edición de Josefa Quintana apuntala la calidad de la lectura, asimismo el diseño y la composición de Ileana Fernández. Mención aparte merecen la cubierta y las ilustraciones de Yaimel López, quien, en trazos gruesos y precisos en la gama de los grises dibuja el sentir y el vivir de los personajes, en vistas picadas, contrapicadas y otros encuadres singulares, acompañados de elementos conceptuales que caracterizan a cada uno de ellos y que se corresponden con los códigos estilísticos del texto.
Desde el mismo inicio, en la diégesis de la obra, se perciben ciertas influencias del escritor estadounidense William Faulkner, específicamente de su paradigmática novela Mientras agonizo. El narrador, en ocasiones omnisciente, también cambia de sujeto, se traslada de un personaje a otro. Se manejan criterios de espacialidad y puntos de vista cinematográficos, aunque con un lenguaje más diáfano, cercano y comprensible para los adolescentes y jóvenes cubanos. La narración es ágil, abundan las oraciones cortas y sintéticas, certeras en su expresividad, y el lenguaje, por momentos hiperrealistas, no transpira la excesiva acritud de otros relatos actuales sobre temas similares, sino que combina un extraño contraste de dureza, humor, ironía y maravilla.
Los personajes, aunque poseen nombres comunes, están rebautizados con seudónimos que caracterizan o satirizan sus roles: el abusivo hermano mayor es Cosa Nostra; el perro, Diego Velázquez el Adelantado. Igualmente se establece un paralelo nominal en cuanto a los hermanos mayores y sus progenitores: los varones se nombran Tony; las féminas, Nati. Por su parte, el abuelo y el nieto se llaman Lucas. Este sistema permite al lector tejer hilos estructurales de relación.
A juzgar por el título del libro —que, dicho sea de paso, bien pudiera provocar rechazo y distanciamiento, lo cual atenta comercialmente contra su adquisición, que debería potenciarse en las librerías cubanas—, su contenido se presume pletórico de penalidades. Sin embargo, en su texto el autor maneja nociones humanistas claves como la esperanza, la fe, el amor, la comprensión y la piedad. Así, el volumen se yergue como obra hermosa, sensible y muy aconsejable para los tiempos que corren, donde la unión familiar, la atención y el interés mutuo tienen que, o deben, ser pilares indestructibles de valores a recuperar y cultivar en cada hogar.
Un interesante e importante aspecto en la dramaturgia de la novela es la presencia del elemento mágico-religioso en la figura de un extraño niño bautizado con el nombre original de Buda, Sidarta, quien mantiene comunicación con uno de los más reconocidos santos yoga vivos: Sri Sathia Sai Baba, residente en la India, quien lo guía espiritualmente para realizar sucesivas reencarnaciones salvadoras, asumiendo los problemas ajenos hasta su consumación como anciano más que centenario. La muy agradable inclusión diegética de esta filosofía que cobró auge en Cuba en la década de los noventa permite la feliz conclusión del entramado literario a través de un deus ex máchina al estilo cubano, donde los buenos renacen física y espiritualmente y a los personajes negativos se les otorga la posibilidad y la oportunidad de regenerarse mediante la práctica del bien.
El autor, Otilio Carvajal Marrero nació en Santa Clara el 13 de agosto de 1968. Graduado de Dirección Artística de Espectáculos Musicales y Teatrales ha impartido talleres especializados de poesía y literatura para niños y jóvenes y se destaca como profesor del taller de formación literaria El viajero. Como escritor, ha cultivado la poesía, el teatro y la novela. Entre sus premios se mencionan el José María Heredia, de teatro y poesía; el Manuel Navarro Luna, de poesía; el Regino Botti, de teatro; y el Eliseo Diego, de novela para jóvenes. Su novela Ponme la mano aquí vio la luz en la editorial La Pluma de Oro y fue vertida al holandés. Varias antologías de poesía y narrativa cubanas e hispanoamericanas, publicadas en Argentina, México y los Estados Unidos, incluyen obras suyas. Pertenece al Consejo Editorial de la casa editora Capiro, en su provincia natal.
El libro más triste del mundo, contrario a lo que el título afirma, invita a una enriquecedora y emotiva lectura, donde los valores literarios se mezclan con los humanos en una simbiosis de ternura y sabiduría digna de perpetuarse en nuestro diario vivir.
Editado por Yaremis Pérez
