Bon apéttit
La familia, el hogar, el amor, los vecinos que a veces pasan desapercibidos --aunque encarnan sustancialmente el drama de la realidad--, constituyen en este libro un universo inmediato que nos deja, no obstante, el sabor de la soledad y de la pérdida. Bajo la percepción de lo circundante, tras la sensorialidad de todo aquello que forma nuestro entorno y de algún modo nos define, late la conciencia de lo efímero y la inutilidad final de todos los actos humanos. Los personajes poemáticos se quedan como inmóviles ante el mecanisismo de la rutina, como en algunas obras de Chéjov. La narratividad de varios poemas denuncia la impronta devastadora del tiempo que, a la larga, no deja más que una marca de reloj en el brazo, «un espacio en blanco». Pero se revela, por contraposición, o a través de la nostalgia, la duda filosófica y la indiferencia, el deseo de una vida más auténtica, más sentida, como en aquellas fotos donde uno sonrie «feliz, de algún modo, para siempre».
