¿Qué hicimos en la Feria Internacional del Libro en Haití?
Debo escribirlo para que no quede en el olvido o solo en el recuerdo de quienes vivimos los días en la Feria Internacional del Libro en Haití. No está dicho ni escrito en otra parte. Cuba fue el país invitado de honor a esta Feria. Una feria que comienza a andar, que aún puede ser superior, pero que ya es valiosa desde el momento en que se realiza, en que se pretende ubicar al libro y la lectura en un punto de atención.
Desde estas primeras líneas va mi agradecimiento y respeto a esas personas que piensan en el libro y los lectores, que dedicaron largas horas al encuentro con tantas páginas, esas personas que pensaron en los niños y jóvenes porque sin educación y sin lectura un país no tiene futuro. Desde el tema de la feria quedaba trazado el objetivo: compartir el conocimiento para cambiar el mundo.
Lo vimos en Haití, en cada recorrido veíamos muchos uniformes, muchos niños iban a los colegios. Y muchos niños fue el público principal de la Feria de Haití en el Palacio Municipal de Delmas, del 12 al 14 de diciembre, niños inquietos que preguntaban en inglés, francés, creole o español, y hojeaban las propuestas.
La delegación cubana arribó a Puerto Príncipe en la tarde del 8 de diciembre. Frantz Carly Jean Michel dio las palabras de bienvenida por parte de los haitianos. Zuleica Romay, hablaba por Cuba. Serían unos días para conocer la cultura haitiana, la mayoría de los cubanos íbamos por primera vez. Ahora comenzábamos a mirar las montañas de Haití, a soñar con La Citadelle, con Cabo Haitiano donde estuvo Martí. Comenzábamos a mirar un país que se levanta.
En la noche nos sorprendieron con una pieza de teatro, La Corte de los Milagros, escrita por Michel Soukar, autor a quien se le dedicara la Feria. Algunos no entendimos completamente la obra por la barrera idiomática, pero sí varios momentos por las actuaciones especiales.
Inolvidable la mañana en que fuimos a una antigua fortaleza abandonada, y vimos desde arriba a Puerto Príncipe, vimos los cañones, y no imaginamos aún, cómo pudieron llevar hasta tanta altura piedra y cañón.
Inolvidable el día en que estuvimos en el Museo Panteón Nacional Haitiano Mupanah, donde se honra la memoria de los padres de la patria haitiana. Allí, se dice, está el ancla de la Santa María, la pistola con la que Henri Christophe se suicidó con una bala de oro, pinturas haitianas que casi nos hacen perder la salida y mucho más.
Pedro Pablo Rodríguez y Gloria Rolando pudieron estar en Cabo Haitiano, un sueño de ambos. Pedro Pablo desde la incesante búsqueda de Martí y Gloria
desde la filmografía de un país y su gente.
El 12 de diciembre fue mi cumpleaños treinta y dos y estuve en Haití. Me correspondía intervenir en el panel La literatura cubana, de sus orígenes a la era contemporánea, un panorama a cuatro voces, donde Laura Ruiz, Teresa Cárdenas, José Antonio Baujín y yo, apuntábamos ideas, reflexiones con un público muy joven y atento. Pedro Pablo Rodríguez estuvo, llegó exactamente en el momento en que preguntaban por las veces en que Martí había estado en Haití.
En esa misma jornada el panel Los desafíos de las Ciencias Sociales en Cuba con Zuleica Romay, Pedro Pablo Rodríguez y Emilio Jorge Rodríguez provocó varias preguntas.
El documental Reembarque, de Gloria Rolando hizo pensar, llorar y hasta proponer una segunda parte que pudiera llamarse "Reencuentro".
También se desarrolló una mesa dedicada a la promoción y edición del libro en Cuba, y otra a Alejo Carpentier. Se hicieron actividades en el stand con los niños y se presentaron libros.
Si al finalizar los conversatorios con el público preguntaban si lo podían encontrar en francés, entonces uno podía darse por satisfecho, había sido interesante. Y sucedió. Por ejemplo les interesó leer los cuentos de Teresa Cárdenas en francés, o tener los libros de la editorial de la Universidad de La Habana en la Biblioteca Nacional de Haití.
En el stand se compraban los libros de Alejo Carpentier, libros de música, clásicos de nuestra literatura, y libros de jóvenes autores.
Y más, sucedió más. El encuentro de nuestros escritores con escritores del área. Laura Ruiz encontraba material para sus investigaciones y ensayos; José Antonio Baujín mostraba la academia; Emilio Jorge apuntaba lo conocido en viajes anteriores; Alexandra Loyola, desde el stand mantenía la sonrisa. El grupo de Pathfinder, se integró al nuestro, o nosotros a ellos, como si tuviéramos una relación de muchos años.
Conocimos el sabor de la Prestige, una cerveza haitiana para conocer y tener cerca. Y en la clausura conocimos que el talento de Haití en la música, es como en la pintura.
Recuerdo el momento en que Marta Campos cantó "La Guantanamera" y el público francófono coreaba el estribillo. Allí había una parte de Cuba, aunque los
únicos cubanos presentes éramos los doce de la delegación.
Tomado de Claustrofobias
