La Sociedad de Amigos de la República ante la crisis institucional cubana (1955-1958) (III)
El mes de diciembre de 1955 traería consigo un conjunto de acciones revolucionarias que prepararon las condiciones para que se establecieran los primeros contactos entre Batista y la oposición oficial. Entre las manifestaciones más relevantes de repudio al régimen batistiano podemos señalar las producidas por el estudiantado el 27 de noviembre de Santiago de Cuba; la del 2 de diciembre en la que la FEU decidió enviarle una carta a Cosme de la Torriente reafirmando su fe en la revolución y demandando que la SAR pusiera fin oficialmente a sus ofertas de negociación con el gobierno; la protesta estudiantil en el Stadium del Cerro el 4 de diciembre; la demostración del estudiantado y el pueblo en general el 7 de diciembre, el paro nacional de cinco minutos el 14 de diciembre y la más importante: a mediados de diciembre , la huelga de los trabajadores azucareros por el pago del diferencial, que conmocionó los cimientos de la dictadura cuando se transformó en huelga política con visos de insurrección popular. La dictadura, atemorizada ante el empuje de las masas, decidió entrar en contacto con la SAR, que iba a servirle de señuelo a la tiranía para confundir al pueblo y ganar tiempo. Sin embargo, Torriente y Miró Cardona se llamaron a engaño cuando pensaron que su táctica de asustar al régimen con el fantasma de la Revolución podría estar surtiendo efecto. La SAR se aprovechaba del poderoso movimiento de protesta para que el gobierno accediese a un entendimiento.
Una gestión que precedió a los contactos entre el gobierno y la oposición fue la reunión de Batista con Raúl de Cárdenas el 16 de diciembre. Para esta fecha el movimiento revolucionario tomaba auge, razón por la cual Batista, dejando a un lado su exigencia de que la SAR fuese neutral, se declaró partidario de un acercamiento con la oposición. Cosme de la Torriente convocó a la Junta Directiva de la SAR y a los comisionados de los partidos políticos de oposición para analizar la nueva situación que se había creado. En dicha reunión el acuerdo más importante fue darle un voto de confianza a Cosme de la Torrriente para que acudiese a entrevistarse con Batista cuando este accediese a recibirlo.1
La primera entrevista de Batista con Torriente se efectuó el 27 de diciembre. En esta primera reunión Batista sugirió que fueran las comisiones que se designasen por parte del gobierno y la oposición las que con posterioridad continuasen las conversaciones que condujesen a la conciliación de criterios y a plasmarlos en proyectos de ley.2 Con esta medida, Batista trató de dilatar el proceso y evadía dar respuesta inmediata a las demandas de la SAR. Oposición y gobierno habían acordado evitar pronunciamientos o conductas que pusieran en peligro la paz ciudadana. Sin embargo, el dictador no ponía límites a la represión y burlaba la tregua que había acordado arremetiendo contra los obreros azucareros en huelga.
La segunda entrevista Torriente-Batista tuvo lugar el 10 de enero de 1956 y en ella se acordó que las comisiones del gobierno y la oposición que se designasen de común acuerdo habrían de fijar la fecha y el tipo de los comicios electorales dentro de la Constitución vigente y que también estudiarían una legislación electoral nueva para las elecciones, las que no se sabía cuando ni cómo se efectuarían. Nada se obtuvo en concreto. Torriente había decepcionado a la oposición que le había pedido que llegase a acuerdos específicos con Batista en torno a las garantías y elecciones generales. Este último consiguió poner en funcionamiento su táctica dilatoria.3
De inmediato, las direcciones de los distintos partidos se reunieron. La mayoría de ellos acordaron no designar ninguna comisión hasta tanto no se tomasen las determinaciones claves. Tal fue el caso del PPC (Ortodoxos) , del PRC (Auténtico-Abstencionista) y del Movimiento de la Nación. El PRC (Auténtico-Electoralista) comandado por Grau asumió una posición distinta, pues para ellos cualquier vía era aceptable.4
Ante el caos surgido en las filas de la oposición oficial, la SAR decidió emitir unas declaraciones tratando de salvar el prestigio de su líder y el suyo propio, proponiéndole a Batista que fijara acuerdos específicos.5 El dictador les respondió con una carta donde les planteó, en cuanto a las elecciones generales: “…fecha de la toma de posesión presidencial en relación con las elecciones generales, que no podía decidir yo-como no puedo- por cuestión de responsabilidad y delicadeza…”.6
A continuación hacía énfasis en que fueran las comisiones las que discutieran una fórmula que llegase hasta la celebración de elecciones generales y su fecha. Estas palabras de Batista fueron interpretadas de modo tergiversado por algunos oposicionistas, que pensaban que el jefe de Estado entendía la necesidad de elecciones generales antes de 1958 pero que no podía ser él quien se tomase la atribución de poner en inmediata ejecución esta medida por cuestiones de “responsabilidad y delicadeza”.
Se celebró una reunión conjunta de la SAR con el resto de los partidos de oposición en la que se debatió en torno a la designación de comisiones. Don Cosme utilizó muy inteligentemente sus habilidades políticas para convencer a la oposición de que era necesario designarlas y para ello se valió del carácter genérico de las declaraciones de Batista en su carta, en el sentido de que no había rechazado de forma absoluta las elecciones generales y había dejado abiertas las posibilidades de llevarlas a efecto; pensaba que detrás de esas razones de “responsabilidad y delicadeza” había una posición flexible. Torriente agregó que si la oposición se retiraba de las discusiones, Batista la denunciaría públicamente como responsable de que no se lograse un acuerdo que él no había rechazado.7
Ante tales argumentos, los líderes oposicionistas decidieron designar las comisiones, los más intransigentes cedieron para no quedar como responsables ante la opinión pública. Sólo hubo una voz discrepante que fue la de Amalio Fiallo por el Movimiento de Liberación Radical (MLR). El PPC (Ortodoxos), el PRC (Auténtico-abstencionista), el PRC (Aténtico-electoralista), el Movimiento de la Nación y el Partido Demócrata (Oposicionista) designaron cada uno tres representantes. El gobierno designó sus comisiones integradas por el Partido Progresista, el Partido Demócrata (Oficialista), el Partido Liberal y el Partido Unión Radical, cada uno con dos representantes.
Sin embargo, a fines de enero se volvieron a reunir los partidos oposicionistas y la SAR. La Ortodoxia llevó a debate cuestiones candentes. Manifestaron que no asistirían a la reunión con el gobierno hasta tanto no cesara el estado de violencia y fueran puestos en libertad todos los detenidos durante el 28 de enero. El Partido Ortodoxo tenía que dar cuenta a una masa revolucionaria que demandaba posiciones más consecuentes. No obstante, el gobierno se negó rotundamente a acceder a las demandas de la Ortodoxia.8
Las gestiones de paz habían caído en un serio impasse del que era difícil salir. La habilidad política de Cosme se puso a prueba y el veterano no escatimó recursos de ninguna índole para lograr que el proceso no se interrumpiese. El líder de la SAR insistió a los oposicionistas que debían reiniciar las gestiones pero, por otro lado, hizo todas las diligencias posibles con los comisionados del gobierno para lograr que se concediese el cumplimiento de los requisitos.
Finalmente Torriente, en carta del 17 de febrero, reconociendo la deteriorada situación política del momento, apeló al conservadurismo de las dirigencias de los partidos de oposición. Alertaba dramáticamente sobre el peligro que amenazaba las bases orgánicas de la República neocolonial burguesa. “Sombríos presagios” para los intereses básicos de la burguesía traía aparejada la irrupción de la juventud rebelde de origen popular, con sus consignas de Revolución, mientras se avecinaba una crisis económica con sus secuelas de miseria y desempleo.
Se temía que ambos factores al conjugarse, darían por resultado el colapso de las instituciones públicas. Estaban en juego intereses vitales que no podían ser relegados a un segundo plano para reclamar del régimen el cumplimiento estricto de las demandas ortodoxas. El 19 de febrero todos los partidos de oposición decidieron acudir al Dialogo Cívico, el impacto de la carta de Torriente fue notable. Entre los razonamientos, contenidos en su carta de fecha 17 de febrero, pesaban los siguientes:
Esta situación (…) ha paralizado el curso de las negociaciones, con grave quebranto para el país, dominado otra vez por los más sombríos presagios. Pero convencido de que se hace necesario evitar nueva y dolorosa efusión de sangre, de que deseemos salvar las fuerzas jóvenes del país e impedir el colapso económico, he atendido la insistente solicitud de los miembros de esta sociedad que entienden necesario superar todas las dificultades opuestas hasta ahora y las que se opongan en lo futuro al propósito de lograr fórmulas decorosas de solución”.9
Citas y notas
1-Diario Nacional, La Habana, 2 de diciembre de 1955, p. 2.
2-Las comisiones debían estar integradas por miembros representativos de los distintos partidos del gobierno y la oposición. Ver: El Mundo, la Habana, 28 de diciembre de 1955, En: Recortes Varios No. 38, Colección Facticia. Biblioteca Nacional “José Martí” p. 10.
3-El Mundo, 6 de enero de 1956, p. 22 .
4-Ibidem.
5-Prensa Libre, La Habana, 14 de enero de 1956, p. 26.
6-Bohemia, La Habana, 28 de enero de 1956, p. 45.
7-Prensa Libre, 27 de enero de 1956, p. 36 .
8-Prensa Libre, 1 de febrero de 1956, p. 50 .
9-Prensa Libre, 19 de febrero de 1956, p.2 .
Editado por: Dino Allende
