Para festejar el ascenso de Delfín Prats

A Delfín Prats, un poeta fundamental que, a partir de los últimos años –en palabras de otro poeta, Jesús David Curbelo—, ha marcado profundamente, y de una manera todavía no valorada por la crítica, el panorama de la lírica insular, se dedicó el encuentro que, a propósito de su nominación como finalista del Premio Nacional de Literatura en su edición del año 2014, reconocía la validez y permanencia de su obra.
En el Centro Cultural Dulce María Loynaz –escenario donde fueron comentadas, con anterioridad, la obra de Eduardo Heras León, Lina de Feria y Margarita Mateo, los restantes escritores también nominados a la más alta distinción de las letras cubanas—, un panel, integrado por Ronel González, Edel Morales y Norge Espinosa Mendoza se encargaba de analizar el alcance y trascendencia de la producción del poeta y narrador, nacido en 1945 en Holguín.
Para Ronel González –uno de los más acuciosos investigadores de la producción lírica de Delfín Prats, quien firma en un reciente estudio publicado bajo el título Temida polisemia—, la poesía breve que ha escrito este autor es suficiente para tenerlo entre las voces más importantes del panorama de las letras cubanas de las últimas décadas y considerarlo un verdadero clásico de la poesía de la isla.
“Poeta intenso y meticuloso –aseguraba—, dueño de la palabra y de su connotada polisemia, Delfín Prats replantea la cubanidad como un nexo indeleble, por sus modos particulares de aprehender el entorno. Nos dice que, de algún modo, él también es la suma de las aspiraciones de un siglo que se extingue para que nazca otro. Un tránsito iluminado, cuya mayor gloria es haber estado cada a cara y haber establecido un diálogo intemporal con las esencias de la poesía con mayúsculas”.
Con Lenguaje de mudos, libro que por adversas circunstancias es hoy una rareza en el contexto de la literatura cubana, Delfín Prats –quien ha ejercido como traductor de idioma ruso— recibía, en 1968, el Premio David. Casi dos décadas más tarde, en 1987, aparecería su segundo poemario, Para festejar el ascenso de Ícaro, al que seguirían varias antologías de versos –como El esplendor y el caos (2002) y Aguas (2010)— y algunos textos narrativos.
El poeta Edel Morales evocaba sus primeras lecturas de la obra de Delfín Prats y reconocía que, aunque el autor ha escrito libros de prosa, es esencialmente un poeta, orgullo de la literatura nacional. “Todos –aseveraba— estamos en deuda con su obra, que debe ser más conocida, más leída, más valorada, en sus aportes al enriquecimiento de nosotros como lectores y de la cultura cubana en general”.
Otro poeta, también dramaturgo y crítico, Norge Espinosa Mendoza, compartía parte de su texto, aun inédito, “Delfín Prats, paisaje, fragmento, memoria”, a publicar en la revista Azoteas, donde, en apretada síntesis, recorría momentos de la vida personal e intelectual de “un hombre que volvía de la nada, aparentemente, para recordarnos que la poesía cubana podía ser otra cosa”, creador de una obra de intensidad y transparencia, que parece comenzar una y otra vez.
“Su credo, su poesía –concluyó— ha sobrevivido a épocas y a tendencias. Aun las lenguas más feroces de nuestra pequeña literatura lo mencionan con cierta dosis de respeto. Lo describo con sus palabras, porque nadie podrá mejor que él imaginar su retrato, su rostro en ese paisaje que la memoria dibuja una y otra vez. "La memoria está llena de pájaros", dice en Lenguaje de mudos. Es una manera muy elegante de hacernos saber que la memoria está llena de sus poemas”.
Editado por: Nora Lelyen Fernández
