Emilito, un costumbrista que hizo humor de la sociedad de su tiempo
La cuantiosa obra de Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) abarca tres grandes temas de trabajo e investigación. Uno de ellos es el ejercicio de un periodismo que encuadra dentro del género costumbrista; los otros dos son el tema martiano y el antiimperialista.
El primero ocupa un apreciable segmento de su producción a lo largo de muchos años. En realidad el costumbrismo, mediante sus cuadros breves y dinámicos, viene a ser algo así como el equivalente literario del sainete del teatro vernáculo.
Emilito, como le llamaron sus numerosos amigos, colegas y contemporáneos, fue hombre de vida pública muy activa y excelente orador. Escucharlo era como tomar una lección de historia viva, amena y apasionada. Siempre muy cubano.
Y por supuesto que sin pretender ser humorista, las historias contadas por Emilito tienen la gracia auténtica de quien sabe poner unos granos de pimienta y demás condimentos dentro del congrí de la sociedad cubana.
Con un hacer periodístico prolongado, en revistas como El Fígaro, Gráfico, Social, Carteles, Diario de La Marina…, Emilito utilizó variedad de seudónimos, algunos de los cuales, por sí solos, denotan la intención caricaturesca y crítica de sus trabajos. Helos aquí: El Curioso Parlanchín, U. Noquelosabe, U. Noquelovió, Juan Matusalén Junior, Enrique Alejandro Herman, Cristóbal de La Habana, Dr. X.W.Z. y otros más.
Una muestra de su vena observadora y buen humor sobre el tema del matrimonio puede a continuación disfrutarse... aunque en este pasaje Emilito parece ejercer sus dotes de adivinador al augurar lo que pasaría en los tiempos por venir (¿acaso, por casualidad, los actuales?):
…Hasta ha de llegar el día en que los pocos que aún se casen lo hagan secretamente para evitar ser sorprendidos por los rascabucheadores de bodas, que entonces han de existir… reducida la ceremonia nupcial a acontecimiento sensacional por lo raro y desusado…
(En “La boda, espectáculo cómico”)
Historiador, pero más que ello testigo y partícipe activo de su tiempo, Emilito puso su cultura y sabiduría al servicio de los intereses nacionales, como también su palabra y energía, entregado en cuerpo y alma a la investigación de las relaciones entre Cuba y su vecino del Norte. Dejó entre los cubanos el legado de su defensa permanente de los intereses nacionales y su amor por la ciudad capital. Ello, además de una abundante obra que hoy podemos consultar y su memoria de hombre bueno y honesto entre quienes lo conocieron.
Al revisar la abundante producción periodística de este autor, de hecho se está recorriendo la historia de Cuba, porque él fue heraldo de la actualidad nacional y extranjera. De laboriosidad sorprendente y abarcadora, fue abogado, editor, historiador y publicista, sin agotar la relación de sus profesiones.
En el fragmento del artículo “La moda de las operaciones o las operaciones de moda”, de 1927, que ahora incluimos, Emilito lanza sus dardos contra otra de las modas de los años 20 y 30, relacionada con la práctica de la medicina y las operaciones:
-Me he enterado que te vas a operar, chica. ¿De qué te operas?— se oye preguntar frecuentemente entre amigas y conocidas.
-De apendicitis —contesta la interpelada dándose importancia.
-¡Ay, qué bueno! —le replica envidiosa la otra, si no está operada. Te iremos a ver todos los días. Supongo que irán también Rodolfito, Chicho y Pepe. ¡Ya verás, chica, qué ratos tan agradables vamos a pasar!
Y así sucede. Tal es la fama de que goza la apendicitis y el entusiasmo y orgullo que produce el ser uno operado de esa enfermedad tan simpática y tan chic.
Fue Emilito uno de los grandes animadores del Grupo Minorista (¡cuántas veces no se reunieron todos en su bufete de la viejohabanera calle Cuba!); ocupó cargos de dirección en la Sociedad Cubana de Derecho Internacional; promovió con su oratoria fogosa campañas en favor de la mujer, contra la corrupción en el profesorado, la discriminación racial y las formas de injerencismo.
Aparece entre los fundadores de la Institución Hispano-Cubana de Cultura presidida por Fernando Ortiz, funda y preside la Junta Nacional Pro Independencia de Puerto Rico, se desempeña como historiador de la Ciudad de La Habana desde 1935, encabeza la Asociación de Amigos de la Biblioteca Nacional, es el gran impulsor de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales y de los Congresos Nacionales de Historia.
Sobre otra de las prácticas años atrás muy en boga, reproducimos esta otra viñeta que por sí misma se abre paso:
Rara es la muchacha que no sabe poner, a las mil maravillas, inyecciones de todas clases, utilizando su ciencia ya en aplicaciones a su propia persona, ya a los familiares o amistades. Y no faltan los jóvenes y viejos verdes que también prestan a domicilio sus servicios como expertos en poner inyecciones, persiguiendo finalidades más rascabucheriles que humanitarias, aunque para disimular se vean obligados a inyectar no solo a ternecitas y jamonas apetitosas, sino también a viejas mandadas a retirar.
(En “Medicamentos criollos amoroso-curanderiles”, 1939)
Personalidad carismática, Emilio Roig de Leuchsenring es uno de los indispensables de la cultura y de la historia de Cuba. También de su periodismo, en especial por lo mucho que abarcó y lo mucho que contribuyó a despertar entre sus conciudadanos el interés por los temas nacionales, por la defensa de los valores nacionales, por su intransigencia ciudadana, por su cubanidad. Todo ello sin dejar de practicar un muy serio y ameno buen humor.
Editado por: Nora Lelyen Fernández
