Cuentapropista
Cuentapropista, versión de José Rodríguez Cabrera, inspirada en el monólogo Venta de liquidaciones, del poeta, escritor y dramaturgo cubano Jorge Carrigan, es el estreno que llevara a las tablas de la sala El Sótano la compañía Rita Montaner, con puesta en escena y dirección artística del teatrólogo Fernando Quiñones Posada, quien dirige esa cincuentenaria agrupación.
Jorge Carrigan estudió dramaturgia y dirección teatral en la Escuela Nacional de Arte, en La Habana, y participó en una decena de Talleres Literarios y de Dramaturgia: el Taller Rolando Ferrer, conducido por el escritor y dramaturgo Gerardo Fulleda León, el Taller Bertolt Brecht, impartido por el maestro Fredy Artiles, y el Taller de Creación Escénica.
Durante más de tres décadas ha mantenido una labor continua como escritor. Es autor de una docena de obras teatrales; labor a la que ha dedicado la mayor parte de su tiempo, además de escribir poesía y narrativa.
Desde 1994, reside en Canadá, donde fundó una compañía de teatro con la que trabajó durante dos años, y luego, prosiguió su producción intelectual y espiritual en el campo de la creación literaria.
En 1999, publicó su libro de narraciones y poemas Cascabeles en la Punta, y en 2002, la antología Teatro de Segunda Mano, que recoge las obras teatrales escritas en colaboración con otros escritores (entre ellos, Marie Catherine Chiasson, coautora del unipersonal en que está basada la versión de Rodríguez Cabrera).
En 2003, impartió un taller de escritura dramática on line, donde participaron estudiantes españoles y canadienses. En 2009, publicó algunas de sus obras teatrales, las cuales incluyó en una Colección Mínima de Ediciones Versio.
Su novela Bailar con la más fea vio la luz en junio de 2010, y en julio de ese mismo año, la Editorial Sociedarte, de República Dominicana, publicó Teatro Desnudo, una recopilación de tres obras de su autoría.
En la actualidad, conduce un taller de teatro con actores no profesionales de todas las edades, en Ottawa, Canadá. Poemas y narraciones, escapados de su fértil inspiración, han sido recogidos en antologías, así como publicados en revistas culturales.
Desde el punto de vista de su clasificación genérica, Cuentapropista deviene un híbrido, ya que en esa obra encontramos comedia, farsa, animación, absurdo, una crítica —más o menos velada— a la vigente programación socio-cultural que mediatiza el comportamiento humano, así como una pincelada de teatro musical.
El elenco actoral estuvo integrado por José Alejandro (Margarita, travesti, dueño de un negocio, al parecer ilícito), Margarita Placeres (la madre) y Jorge Mederos (el marido).
No sé por qué curiosa asociación de ideas, esa puesta en escena evoca la obra Arriba, Corazón, del dramaturgo argentino Oswaldo Dragún, estrenada en esa misma sala en el verano de 1989 y donde solo había un personaje: Corazón, mientras que el resto de los actores y actrices eran recuerdos lejanos que, en forma de espectros fantasmagóricos, acudían a la memoria del protagonista (Jorge Cao).
En Cuentapropista sucede algo similar: el peso de la acción dramática recae en el personaje protagónico, mientras que la madre y el marido solo intervienen cuando se les convoca. No obstante la versatilidad que identifica a José Alejandro, quien le presta piel y alma a Margarita, no logró focalizar la atención y el interés de los amantes del arte de las tablas, a pesar de los ingentes esfuerzos que realizara para alcanzar dicho objetivo, cuya concreción constituye un pilar fundamental en el desarrollo y culminación exitosos de un monólogo.
Por otra parte, no llegó a dominar el clima emocional del auditorio, no obstante el despliegue de recursos histriónicos utilizados por él para conseguirlo.
En esa puesta, se frustró el fin perseguido por José Alejandro, a quien no puede ni debe negársele —nada más lejos de la realidad ni de la verdadera intención de este cronista— el carisma que, en todo momento, lo caracterizara en el escenario.
La madre fallecida y el marido, a quien unos cazadores lo ultimaran a tiros ¿por equivocación?, porque lo confundieron con un conejo (¿?), no desempeñan una función puntual en la trama, y por consiguiente, es posible prescindir de ellos, lo cual no afectaría la estructura dramatúrgica en que descansa dicha obra.
Una posible explicación de por qué Cuentapropista no produjo el efecto esperado en el público, quizás resida en el hecho de que este anhelaba ver proyectadas sobre las tablas las dificultades objetivo-subjetivas que, hoy por hoy, atraviesan aquellas personas que se dedican al trabajo no estatal, y eso solo se intuye por la escenografía, porque, en la praxis, Margarita interactúa con los espectadores para exteriorizar los disímiles problemas (incluidos los «conyugales») que afronta.
Por último, el final desconcierta, ya que de pronto se escuchó el ulular de las sirenas de un patrullero y la voz en off de un agente de la autoridad que conminaba a Margarita para entregarse a la policía por estar involucrada en un negocio ilegal (¿?), en el sótano de un inmueble, y además, por la posesión de un arma de fuego sin la correspondiente licencia para portarla.
No me asiste la más mínima duda de que Cuentapropista no alcanzó el vuelo estético-artístico que lograran, por ejemplo, El millonario y la maleta1 y Tula, tórtola y becerro,2 obras dedicadas a evocar la memoria de la ilustre poetisa, escritora y dramaturga, doña Gertrudis Gómez de Avellaneda, en el año del bicentenario de su natalicio.
Notas
1.Reseñada en esta sección.
2.Ídem.
