Thomas Merton: sus nexos con Cuba
Thomas Merton, cuyo centenario celebramos este 31 de enero, sostuvo intensos vínculos con Cuba y su movimiento cultural. Que sea uno de los escritores sobre la espiritualidad que mayor influencia ejercieron durante el siglo XX, ilustra acerca de cuan beneficiosa resultó para él y para cuantos entonces lo conocieron, una relación mutuamente enriquecedora.
Varios autores, periodistas incluidos, han trabajado el tema de su estancia en Cuba. Se conoce que arribó en abril de 1940, para recuperarse después de una operación de apendicitis. Vivía momentos de decisiones trascendentales, contaba 25 años y había determinado que se incorporaría al sacerdocio católico. Se sintió muy a gusto en el país, estableció amistades para la toda la vida, disfrutó las bondades del clima. Según sus propias palabras, halló “una isla brillante donde la bondad y solicitud que me acompañaban a dondequiera que dirigiese mis débiles pasos alcanzaron su grado máximo”.
En su libro La montaña de los siete círculos, de 1948, la más célebre de sus obras, Merton incluye los versos que dedicó a la Virgen de la Caridad del Cobre; aquella visita a la Isla le permitió además establecer y mantener, con el transcurso de los años, una relación epistolar con varios de los miembros del Grupo Orígenes, entre ellos, Fina García Marruz, Cintio Vitier, Eliseo Diego y Octavio Smith, tal como ha señalado el periodista y colega Jesús Lozada.
Mañana de invierno: banderas y nieve.
Permanecen sobre el monumento
Presencias vivientes
De la muerte alada.
La historia comienza otra vez
Con sacrificio.
Tambores,
Banderas y nieves.
(Fragmento de “Siete imágenes arcaicas”, en traducción versionada de los origenistas cubanos).
Fue después de esa visita a Cuba que Merton, nacido en Prades, Francia, el 31 de enero de 1915 y de padre originario de Nueva Zelanda, ingresó, en 1941, en la abadía trapense de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, para ordenarse de sacerdote y adoptar el nombre de padre Luis. Anteriormente había cursado estudios en las universidades de Cambridge, Inglaterra, y Columbia, Estados Unidos, y desde 1938 se convirtió al catolicismo, después de lo cual había ejercido la docencia y trabajado en un centro católico de Harlem, en Nueva York.
Permaneció 27 años en Getsemaní y alcanzó nombradía como poeta y escritor contemplativo, defensor del pacifismo, de los movimientos antirracistas y abierto al diálogo con otras creencias religiosas. Su producción literaria incluye La montaña de los siete círculos (1948); Las aguas de Siloé (1949); El signo de Jonás (1953); La vida silenciosa (1957). Varios volúmenes de poesía y algunos de sus libros, en especial el primero de los citados, se han traducido a numerosas lenguas.
Su correspondencia, diario y conversaciones revelan la personalidad de Merton en su lucha contra la injusticia social y a favor de los derechos civiles. Como poeta se le considera entre los más destacados e influyentes de su tiempo.
Murió en Bangkok, Tailandia, el 10 de diciembre de 1968, en un accidente, cuando asistía a una conferencia entre cristianos y budistas, y se le sepultó en el monasterio de Getsemaní.
Recordar en Cuba el centenario de Thomas Merton en modo alguno debe verse como un hecho inusual. El escritor, el pensador, el religioso, alcanzaron renombre universal. Y también en Cuba encontró amigos para toda la vida.
Editado por: Dino Allende
