La otra esquina: reflejo objetivo-subjetivo de la realidad cubana actual
La otra esquina, con guión de la escritora Yamila Suárez y dirección general del realizador Ernesto Fiallo, es el título de la telenovela cubana que transmitiera los martes, jueves y sábados, en horario estelar, el Canal Cubavisión de la Televisión Nacional.
Yamila Suárez ha dirigido los documentales: Tango Havana y Ay mi amor, en co-dirección con Fiallo, y ha sido guionista de los telefilmes Desiree, con dirección del propio Fiallo, e Invierno y Otoño, el primero de un proyecto que abarca las cuatro estaciones, y que dirige la realizadora Yaíma Pardo.
Ernesto Fiallo, dirigió Soledad, segunda temporada de la telenovela Bajo el mismo sol, y el telefilme Desiree, mientras su primer programa para la pequeña pantalla fue el audiovisual De lo real y maravilloso, con guión del historiador Eduardo Vázquez.
La otra esquina, estructurada en 80 capítulos de 27 minutos de duración, registra —con meridiana claridad— conflictos de la vida diaria, enredos familiares, maltrato de palabra a las personas de la tercera edad, agresividad física y verbal, traición, egoísmo enfermizo, chantaje emocional, envidia, intolerancia, infidelidades, secretos, pasiones, abandonos e intrigas, que —por las más disímiles razones— mediatizan la realidad que nos circunda.
Sin duda alguna, el elenco es de lujo, y lo integran Blanca Rosa Blanco, Raúl Pomares (1934-2015),1 Julio César Ramírez, Miriam Socarrás, Enrique Molina, Paula Alí, Fernando Echevarría, Rogelio Blaín, Rubén Breñas, Alexis Díaz de Villegas, Diana Rosa Suárez, Amarilys Núñez, Tamara Castellanos, Juan Carlos Roque Moreno2 y Dennys Ramos,3 entre otros artistas consagrados y noveles.
En el caso específico del primerísimo actor Raúl Pomares, habría que destacar —con letras indelebles— la credibilidad que le aportara al personaje del abuelo Yayo. Por problemas de salud que padecía durante la filmación de la telenovela, y que finalmente ocasionaron su lamentable deceso, hubo que eliminar los textos correspondientes.
Sin embargo, la grandeza y humildad que lo identifican, en cualquier medio, enriquecieron — ¡y de qué manera!— la estructura psicológica en que se sustentara la personalidad de Yayo, quien se comunicaba con la hija y las nietas a través de miradas, el sonido de un silbato (iniciativa original del desaparecido actor), gestos y el silencio; recurso técnico-interpretativo mucho más elocuente que cualquier parlamento.
La trama gira en torno a un escritor que llega al barrio donde viven cinco familias (disfuncionales o fracturadas), las cuales —de una u otra forma— se integran a su existencia.
La protagonista (Blanca Rosa Blanco) es una abogada con una hija de cinco años, y al descubrir la infidelidad del esposo (Julio César Ramírez), se separa de él y regresa al seno de su núcleo familiar, integrado por la progenitora, su hermana y el abuelo materno. En el desarrollo de dicho audiovisual, se puede percibir amor, soledad, conflictos intergeneracionales, así como situaciones problemáticas que enfrenta la familia cubana actual.
Si bien esta telenovela no es un dechado de virtudes, no se le puede regatear su principal mérito: Salva un «agujero negro» en la emisión de los dramatizados nacionales, ya que supera —con creces— precedentes entre los que recordamos: Playa Leonora,4 Tierras de fuego5 y Santa María del Porvenir, no obstante los ingentes esfuerzos realizados por los actores y actrices que formaron parte de sus respectivos elencos, para tratar de salvar… lo insalvable.
En La otra esquina, la profusión de conflictos creíbles facilita que el televidente se traslade de una a otra historia, configurada por disímiles circunstancias: la infidelidad, el alcoholismo, el amor en la tercera edad, que enriquece la calidad de vida de los adultos mayores, el robo, diferentes status socio-económicos, tráfico ilegal de personas hacia el exterior; y hasta las secuelas materiales, psíquicas y espirituales dejadas por un fenómeno atmosférico.
El guión y la dirección de actores funcionan en la mayor parte de la trama, que se acompaña de una fotografía, caracterizada por su buena factura estético-artística.
En las escenas relacionadas con la violencia de género y el alcoholismo, los espectadores perciben que el equipo de realización llevó a cabo una exhaustiva investigación psicosocial para identificar las causas que las generan, y en consecuencia, proponer la posible solución a esos acuciantes problemas que interfieren con el normal desarrollo de nuestra sociedad perfectible.
Por otra parte, los casos legales incluidos en la acción dramática fueron consultados con un abogado, quien trazó los indicadores técnico-jurídicos que signan el ejercicio profesional del Derecho en nuestro país.
La realidad cubana de los tiempos que corren mantiene —y mantendrá— palpitante actualidad, en cualquier telenovela de factura nacional. Por lo tanto, los temas se reiteran, independientemente de las coyunturas sociales. La familia, por ejemplo, enfrenta sus propios problemas, las contradicciones entre padres e hijos, la infidelidad, el amor y el desamor pertenecen a todas las épocas y todos los tiempos. Ahora bien, los niños y los ancianos, grupos etarios con mayor vulnerabilidad, son los más perjudicados por la influencia emocional negativa que dejan dichas situaciones conflictuales en la mente y en el alma de los «pequeños príncipes» y de las personas de la tercera edad.
La vivienda y los problemas económicos son temas que afectan, en mayor o menor medida, a cuantos vivimos, amamos, creamos y soñamos en la mayor isla de las Antillas, pero deviene una lucha permanente, en todos y cada uno de nosotros, tratar de ser mejores seres humanos, así como más solidarios y unidos, no solo en los buenos, sino también en los malos momentos que la vida nos depara.
Los problemas sociales no pueden convertir a los cubanos de hoy en seres mezquinos o emocionalmente encallecidos. Según mi percepción crítica, ese es el mensaje marcadamente ético-humanista que debe descubrir el televidente en La otra esquina. Que lo haya logrado o no, depende de la valoración efectuada por los televidentes.
Diálogo con Blanca Rosa Blanco.
La primerísima actriz Blanca Rosa Blanco, quien desempeñara el papel protagónico de la telenovela La otra esquina, accedió gentilmente a conversar con los lectores del Portal Cubaliteraria para hablarles de Silvia, el personaje que interpretara con la excelencia artístico-profesional que la distingue en cualquier medio.
¿Cuál fue el factor detonante que la vinculó al papel protagónico de la telenovela La otra esquina?
El factor detonante que me catapultó al papel protagónico de La otra esquina fue de carácter eminentemente afectivo-espiritual: la gran amistad y
afinidad entre el director Ernesto Fiallo, la escritora Yamila Suárez y yo. Estoy segura de que la estructura psicológica y espiritual en que descansa el personaje protagónico que interpretara en esa telenovela, Yamila lo concibió con la certeza de que yo lo interpretaría, o sea, lo diseñó especialmente para mí.
Le tengo mucho respeto y mis experiencias con ella han sido productivas y creativas, en grado sumo, mientras que Ernesto y yo hemos transitado juntos durante un buen tiempo. Él era asistente y yo una estudiante de actuación, nos conocemos un poco y logramos sentirnos muy cómodos, me quedo en silencio, lo observo y disfruto ver como creció desde todo punto de vista. Eso me agrada mucho.
Así las cosas, hicimos un pacto amistoso, una especie de juego, donde ellos me vigilaban y yo me escondía para tratar de salvarme —en el mejor sentido de la expresión— y usted sabe que los amigos nos exigimos demasiado. No obstante, leí y analicé el guión, el cual devino una verdadera dificultad, algo que en mí resulta muy atractivo, el reto, lo difícil […], prestarle piel y alma, en un audiovisual de 80 capítulos, a una mujer como Silvia, constituía una responsabilidad muy grande, con un público culto que siempre espera más y mejor del actor o la actriz.
Un público educado para consumir una proposición estético-artística que, sistemáticamente, la compara y revisa […]. Ese personaje era muy diferente a lo que la gente esperaba que hiciera frente a la cámara.
¿Le aportó algo de su cosecha personal al guión?
Con el guión no fue necesario aportar mucho más de lo que estaba escrito. Contribuimos siempre con nuestro humilde granito de arena para hacerlo más creativo. Después vas eliminando y descubriendo que, en la síntesis, puede estar el éxito.
Los códigos de la telenovela no te permiten desarrollar esa fórmula al tope, pero sí desplegar una interpretación contenida, expresiva y sostenida por recursos viscerales, que se escapan de tu yo artístico.
¿Por qué percibe el personaje de Silvia como muy diferente a los interpretados hasta ahora?
Los personajes siempre son distintos, mientras nosotros somos los mismos. El «secreto» radica en descubrir la diferencia con esa realidad, no se trata de ser otro, es sentir que lo soy […] sin dejar de ser yo. En consecuencia, fluye armónicamente un ser que convive contigo por un tiempo.
Silvia es una mujer con virtudes, defectos, pasado, presente, verdades que defender y otras que ocultar […]. Una mujer que trata de pensar en ella, algo que resulta difícil de aceptar. Trabajamos en función de que el personaje fuera distinto en todos los sentidos, lo cual no significaba —en modo alguno— que fuera aceptado o exitoso el resultado final, pero, en realidad, hacerlo fue totalmente intencional.
Las más recientes telenovelas o teleseries cubanas no han sido bien recibidas por la teleaudiencia ni por la prensa especializada. Por lo tanto, ¿ha valorado la responsabilidad que asumiera al protagonizar ese audiovisual?
Claro que sí: lo pienso y me cuestiono cada día más, debe ser la edad (¿?) [Se ríe a carcajada limpia] No me asiste la más mínima duda de que constituye una enorme responsabilidad protagonizar una telenovela, sobre todo si refleja nuestra realidad social, o ser parte del elenco de una teleserie, ya que mientras estás en pantalla existes, si funciona ¡Perfecto!, pero si no, eres acribillada a saetazos por todo: desde el color de las paredes del set hasta la iluminación, la música y el sonido, por solo referirme a algunos factores técnico-artísticos involucrados en la realización de un audiovisual.
Si bien a veces quisiera permanecer alejada años luz del problema, mi sentido de pertenencia a la pequeña pantalla es muy grande, y el respeto al público receptor aún más. A veces, hago abstracción para no sufrir el proceso de deterioro que, hoy por hoy, atraviesa y lo que debía ser placer se convierte en conflicto.
Cuando tienes un personaje de mucha permanencia en el tiempo de rodaje convives con todo, y con todos, lo cual habla de diversidad de intereses (criterios, valores).
La responsabilidad es algo que va creciendo durante el desarrollo del proceso, y en la pantalla chica es un valor colectivo desde que decides participar en el proyecto y te entregas a él en cuerpo, mente y alma. Estás consciente de que es responsabilidad tuya el resultado de ese producto. No tengo la suerte de permanecer indiferente, tengo un gravísimo problema con la exigencia, la disciplina y el rigor, así que enfrento lo que me corresponde, y durante ese lapso me quedo callada muy pocas veces.
¿Es su debut en el desempeño de un papel protagónico en una telenovela?
Me parece que sí […]. Los antecedentes anteriores con ese papel fueron protagónicos de temporadas: La cara oculta de la luna o Bajo el mismo sol, pero aquí tenemos una telenovela, donde los papeles están bien distribuidos y todos tienen su historia y sus códigos.
Ahora bien, Silvia —motivo de muchos de los cambios— existe y convive con una buena parte de los personajes, también le confieso que tuve temor de que se me diera un protagónico insípido […]. Muchas veces han sido los antagónicos los personajes más atractivos para mí, y solo después que empecé, logré involucrarme hasta las últimas consecuencias. Amé a Silvia lo humanamente posible.
¿Cuál fue la razón fundamental de que se entusiasmara tanto con La otra esquina?
Me entusiasmé, porque no he perdido la capacidad de soñar, de creer y de compartir ese sentimiento. Es mi humilde aporte, eso es lo que puedo ofrecer. Tengo el entusiasmo juvenil, pero con la madurez de entender y comprender que cualquier error es humano. Confío en el sentimiento de todos los que hicimos realidad audiovisual La otra esquina, y si nos equivocamos, algo que, en ese medio, resulta imperdonable, nos quedará la esperanza de que hay un largo camino por recorrer.
Fue una suerte coincidir con actores de mi aula, del mismo curso, y con los actores y actrices de lujo, que pertenecen a esa generación consagrada. Una mezcla muy atractiva, donde el respeto al otro desempeñara una función esencial […]
Si no es un «secreto clasificado» ¿podría reseñar sus planes inmediatos y mediatos?
Estoy esperando el estreno del filme Leontina del realizador Rudy Mora, y poco a poco, me incorporé a la escritura de un argumento, con un grupo de […] bueno, sólo diré que hemos pensado en doce capítulos, algunos los voy a dirigir yo, y hasta ahora su nombre es Retrospectiva. Solo hasta ahí puedo revelarle […]. El resto es «secreto profesional».
Notas
1.Jesús Dueñas Becerra. Raúl Pomares: su última actuación. Disponible en: www.radioprogreso.icrt.cu (Culturales).
2.Entrevistado en esta sección.
3.Ibídem.
4.Reseñada en esta sección.
5.Ibídem.
Editado por: Dino Allende
