La balada del siglo XXI
Muchos son los escritores que han adelantado a través de sus mejores páginas sucesos que ocurrirían en el futuro próximo o lejano. Fácil es citar al francés Julio Verne con sus submarinos (Veinte mil leguas…), su viaje al cosmos (De la Tierra a la Luna), sus armas de destrucción masiva (Ante la Bandera), e incluso avances tecnológicos en el transporte, que aún no llegan (Dueño del Mundo), entre muchas otras novelas suyas.
De la misma forma, el científico alemán Peter Lorenz escribió con perspicaz ilusión premonitoria el libro Los Homúnculos, publicado por la editorial Arte y Literatura en 1978, donde adelanta el tema de los clones con su relato sobre la creación de hombres artificiales en serie por la doctora en genética Solveg Wanderfel. Un grupo propone como alternativas posibles su empleo en beneficio de la humanidad y otras personas sin escrúpulos el fin de formar un peligroso ejército de inteligencia rasa que domine el Planeta a su favor.
Pero no solo la ciencia y la tecnología son temas recurrentes en la escritura premonitoria. En el año 1988, el catalán Jordi Sierra i Fabra terminó de escribir La Balada del siglo XXI, una novela para jóvenes que profundiza en los entresijos de la diabólica industria de la música contemporánea, cuya propuesta –adivinamos- ha cumplido su plazo como fantasía para convertirse en una absurda realidad.
Como explica el autor en sus palabras iniciales, el diseño de personajes y entornos se basa en compañías, funcionarios y artistas reales, a quienes cambia las señas no solo para evitar su identificación, sino para universalizar su oferta literaria de honda preocupación humanista. Así pone sobre el tapete la ética y la estética del mercado de los sonidos armónicos, dominados más por el poder, el dinero, el sexo y las drogas, que por una evidente calidad en las obras y artistas propuestos. Expone también, desde una perspectiva más aleccionadora, la depauperación del arte y su esencia más pura ante la presión del interés mercantilista de las ventas, la competencia y la publicidad.
En el texto que nos ocupa, Jordi Sierra i Fabra expande sus certeros conocimientos acerca del mundo interior del rock y sus actores de reparto: desde los presidentes de las compañías disqueras, los anunciantes, los directores de los tabloides en tanto periodistas prostituidos profesionalmente al mejor postor y otros tantos hinchas de los verdaderos protagonistas: los músicos que desgastan su vida tratando de cumplir desaforadamente los plazos que les reportarán millones de monedas pero también millones de desengaños, de riesgos, de vicios, y finalmente su paso nada grato al olvido, como supervivientes del pernicioso mecanismo, o a la misma muerte.
Con un sistema de personajes sumamente dinámico y bien manejado en la alucinante dramaturgia que exhibe la novela, el argumento narra el decursar del proyecto (y sus resultados) de la imaginaria empresa discográfica CEBSAW, a partir del cual sus directivos contratan a otro monopolio, IMEC Corporation Systems, con el fin de diseñar a través de medios electrónicos y digitales, mediante la estadística cibernética, no solo el aspecto físico, intelectual y espiritual de cada uno de los integrantes de una banda altamente comercializable, sino las letras que interpretarán y la calidad de la música que será requerida para esos fines.
Es interesante en extremo seguir los pasos y procedimientos descritos al detalle que proporciona Sierra i Fabra para la consecución del macabro plan de manipulación mediática y falsamente artística. Cada hito en el camino es registrado, cada historia de vida de los protagonistas es documentada con sagacidad periodística. Se alternan diversas técnicas, estilos y géneros tanto narrativos como puramente periodísticos, desde el diálogo y la descripción hasta la nota informativa, la crónica y el reportaje. Esto enriquece sobremanera la lectura, impidiendo que, más que el aburrimiento, que no ha lugar en este caso, pero sí la fatiga por el exceso de datos, acciones, personajes y contextos, haga desear el abandono de tamaña aventura.
El pulso de la diégesis se acelera o ralentiza siempre a favor de la acción dramática, de manera que en ocasiones nos parece estar visualizando una película. Las intenciones fílmicas se evidencian a través de un gran despliegue descriptivo de colores y luces, de texturas y formas. Sin embargo, hay síntesis en los epígrafes dedicados a la prensa, que apoyan igualmente el decursar del relato e implementan las elipsis necesarias, por ejemplo, al documentar las giras del grupo y sus presentaciones públicas, las cuales, salvo detalles de interés, ocurren en similares circunstancias.
Con una excelente edición de Gretel Ávila Hechavarría, la composición de Marla Albo Quintana y las estilizadas ilustraciones de cubierta de Luis Martínez Brito sobre el diseño ya histórico y reconocido de María Elena Cicard Quintana que contempla el fácilmente identificable fondo blanco tras la figura compleja, La balada del siglo XXI espera por nuestra activa y consciente visión para sumergirnos en el mundo -ya actual- de maniobras mediáticas preconcebidas, ilusiones y apariencias impuestas como reales, y fraudes a todo trapo, no solo en la esfera de la música sino en la industria del ocio en general, donde las máquinas, las redes y los avances tecnológicos deshumanizan cada vez más. Gracias a este Premio Andersen catalán por su alerta necesaria y oportuna, presente en la selección del año 2011 de la Colección 21 de Gente Nueva.
