Hispanoamérica y los Nobel de Literatura
Alfred Nobel alcanzó la celebridad entre sus contemporáneos por sus dotes de inventor y buen ojo para los negocios. El químico e industrial sueco, estudioso de los explosivos, estableció una fábrica de nitroglicerina en 1862 que rápidamente creció hasta convertirse en una lucrativa empresa.
En 1888 (tenía para entonces 55 años) patentó la pólvora sin humo y acrecentó aún más su fortuna con inversiones en la explotación de yacimientos de petróleo en Rusia. Al morir en 1895 era un magnate de la industria petrolera y uno de los industriales más poderosos de Europa.
Dispuso en su testamento la institución de premios destinados a reconocer el trabajo de creadores y hombres de ciencias eminentes en favor del progreso de la humanidad.
En 1900 se creó la Fundación de los Premios Nobel, que tiene la finalidad de manejar las finanzas y encargarse de la administración de los Premios Nobel, pero no está involucrada en el proceso de selección de los galardonados, que son elegidos por la Real Academia de Ciencias de Suecia, el Instituto Karolinska, La Academia Sueca y el comité Noruego del Nobel. En sus inicios fueron cinco los reconocimientos en las disciplinas de Física, Química, Fisiología y Medicina, Literatura y Paz. Un lustro después se conocían los primeros laureados. Hasta 1968 no se incorporó una sexta categoría o disciplina, el Premio de Ciencias Económicas, conferido por vez primera un año después.
Esa es la historia en síntesis de los premios, que han sobrepasado ya su centenario de creados y que con independencia de la nacionalidad, raza, credo e ideología de sus acreedores se entregan anualmente. Claro que, obra humana al fin, no están exentos de desaciertos, olvidos, polémicas, subjetivismos, preferencias… . Con todo, es un lauro que enaltece y quien lo recibe no puede menos que esbozar una sonrisa de satisfacción y reconocimiento.
Hispanoamérica no ha sido de las regiones del mundo mejor tratadas, quizá todo lo contrario. El idioma inglés y sus hablantes han sido mucho más afortunados. Aun así nos detendremos en los autores de habla española que lo han recibido… y utilizamos ese verbo porque sin apasionamientos, algunos más lo han merecido y nunca se les confirió.
El primer Premio Nobel de Literatura para un hispanoamericano llegó ¡Al fin!, en 1945. Lo recibió una mujer, Gabriela Mistral, poetisa chilena. La natural sencillez de la ilustre escritora de Sonetos de la muerte poco o nada se alteró con el galardón, si bien toda América Latina y España lo disfrutaron como algo largamente esperado.
Una buena cantidad de años —22— pasaron antes de conferirse otra vez a un escritor latinoamericano. Correspondió, en 1967, al guatemalteco Miguel Ángel Asturias, autor de Leyendas de Guatemala, El señor Presidente y otros muchos buenos libros. De nuevo, algarabía en los cenáculos literarios latinoamericanos, júbilo y esperanzas.
Entonces sobrevino una sorpresa. ¡Solo cuatro años después llegó el tercero! Sí, en 1971 correspondió nuevamente a un chileno, este al poeta Pablo Neruda. Tal parece que los miembros de la Academia Sueca comenzaban a disfrutar de la riqueza de la literatura hispanoamericana. ¡Qué bien! Y once años después, en 1982, se acordaron de Gabriel García Márquez y se lo confirieron al narrador colombiano de Cien años de soledad y unas cuantas novelas antológicas más, leídas una y otra vez, traducidas y disfrutadas en el mundo todo.
Después sí hubo que esperar un buen rato por el quinto premio… ¡18 años! Pero llegó, y correspondió a un autor, a un señor autor, nombrado Octavio Paz. Se afirma que lo merecía hacía rato y él se sentó a escribir mientras tanto, porque no se le puede esperar sin nada hacer. Si el premio llega, mejor es que lo tome a uno trabajando, o sea, escribiendo.
Y el sexto Nobel de Literatura demoró 20 años, ¡Que no es nada, según Gardel, aunque el aserto sea discutible! Recayó en Mario Vargas Llosa (2010) el premio, que según el criterio de los entendidos y utilizando un lenguaje popular, “se caía de la mata” desde hacía años. El júbilo de Perú y España —el escritor tiene también esa nacionalidad— se extendió a cada rincón donde se hablara castellano.
De habla inglesa, si bien dentro del entorno geográfico y cultural del Caribe, se festejó en 1992 el Nobel conferido a Derek Walccott, de la pequeña isla de Santa Lucía, primer ciudadano de las Antillas en recibirlo. Brasil espera pacientemente por el primer Nobel de Literatura.
Mas no crea que España ha tenido mejor suerte: los Nobel de Literatura en la Península son bastante escasos: José Echegaray (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989). ¡Se han olvidado casi por completo de los escritores de la Península!
Ni Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes, Rómulo Gallegos, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Mario Benedetti, Augusto Roa Bastos, Juan Gelman… todos hispanoamericanos, fueron laureados con el Nobel. Nadie hubiera objetado el premio para alguno de ellos.
Vale pues, una vez más decir que en la relación de los Nobel ni están todos los que son, ni son todos los que están… aunque mientras tanto, La Tierra sigue rotando.
Editado por: Dino Allende
