Rafael Alberti, un poeta en tres encuentros
Hágase de un viejo calendario y remóntese ochenta años atrás, al 16 de abril de 1935, día en que el vapor Siboney atracó en la rada capitalina y de él desembarcó una pareja de jóvenes españoles. El se nombraba Rafael Alberti, de oficio poeta, y ella, su esposa, María Teresa León, también escritora.
Se hallaban en La Habana gracias a la gestión como promotor de la cultura que realizaba entonces un cubano imprescindible, aunque un tanto olvidado hoy: José María Chacón y Calvo, quien no se cansó de traer a personalidades de la cultura hasta San Cristóbal de La Habana.
Con Chacón y Calvo anduvieron por el lujoso Havana Yatch Club, donde se tomaron una fotografía que apareció en la prensa de entonces. Pero algo más: Alberti ofreció en La Habana recitales de poesía. El primero tuvo lugar el 20 de abril en la Sociedad Lyceum del Vedado, donde hoy está la Casa de la Cultura de Plaza. En esa ocasión leyó una muestra de su poesía de intención social, así como la sátira titulada La pájara pinta. Cinco días después, en la misma sede, se le dio una recepción de agasajo, puesto que su nombradía era ya conocida en el Nuevo Mundo.
El día 26 disertó sobre "Lope de Vega y la nueva poesía española", en tanto el 3 de mayo, en Auditorium, de la Sociedad Pro Arte Musical, lo que es hoy el Auditórium Amadeo Roldán, realizó una lectura comentada de sus propios versos.
Los recitales de Alberti no se limitaron a las sociedades intelectuales. El poeta, militante decidido de la izquierda, se llegó hasta la cárcel de Guanabacoa y allí leyó sus poemas ante las reclusas sancionadas por causas políticas.
Después se encaminó hasta el Castillo del Príncipe, reclusorio donde se hallaban detenidos Juan Marinello, Regino Pedroso, José M. Valdés-Rodríguez y otros líderes de la izquierda acusados de realizar "propaganda sediciosa", y también con ellos departió.
Alberti habló a los intelectuales acerca de la necesidad de crear una organización de artistas y escritores que estimulara la creación de contenido revolucionario y tuvo un encuentro mutuamente enriquecedor con el poeta Nicolás Guillén.
Ángel Augier contaba tiempo después sus recuerdos de Alberti y María Teresa:
"Ambos eran extravertidos vitales, disfrutaban a plenitud del sol y del mar en el Malecón, recorrían con entusiasmo las calles de la Habana Vieja, donde el poeta no cesaba de descubrir similitudes con Cádiz, a cuya bahía se asoma su natal Puerto de Santa María; los negros, sus ritmos, su folclor, fueron sorprendente hallazgo. Y sobre todo, la apasionada identificación con nuestro pueblo".
Durante aquella visita se hospedaron en el hotel Saratoga, frente al Capitolio, una zona que era el corazón mismo de la ciudad.
Una segunda visita tuvo lugar en marzo de 1960. El triunfo revolucionario de enero de 1959 entusiasmó a Alberti y a María Teresa, quienes desplegaron una intensa actividad social y política durante aquellos días entre nosotros, incluidos recitales y conferencias de prensa.
Por última vez arribó el poeta a Cuba, con sus 89 años, en abril de 1991, ocasión en que recibió los máximos honores: la Universidad de La Habana le otorgó el doctorado Honoris Causa, el Ministerio de Cultura publicó su volumen de Poesía Escogida y el Consejo de Estado le confirió la más alta de nuestras condecoraciones, la Orden José Martí.
¿Qué más puede decirse? Rafael Alberti, siempre amigo de Cuba y de sus moradores, alcanzó dentro de la literatura española un relieve que hoy le asegura un sitial entre los más importantes poetas del siglo XX.
Evocarlo desde esta sección deviene además invitación a la relectura de su poesía, relectura que puede tomarse más bien como un disfrute enriquecedor.
Editado por: Dino Allende
