Dame el siete, tebano. La prosa de Antón Arrufat
La autora de estas páginas, amparada en un yo que se difumina en diversas identidades, explica y reverencia la prosa de Antón Arrufat. Ella, la misma que escribiera poscrítica, acompañada de un bibliógrafo pasivo, una poetisa lánguida, una historiadora siniestra, cierto fotógrafo enamorado del escritor y un librero de la Plaza de Armas, se aventura a desentrañar la poética de novelas, cuentos y ensayos de este excelente prosista. El suyo es un riguroso análisis académico que, sin embargo, se permite el humor, el juego y la fabulación, que incorpora recursos y marcas estilísticas de su objeto de estudio, que hace guiños a la escritura teatral del autor de Los siete contra Tebas y también a su poesía, en un intensísimo juego intertextual y un rotundo ejercicio poscrítico. Margarita estudia los elementos distintivos de la escritura de Antón Arrufat, intentando ubicar —y lo consigue— la obra de este autor entre lo mejor de nuestro panorama literario.
Margarita Mateo Palmer nació en La Habana en la mismísima mitad del siglo pasado. Cathedral School fue su primer colegio, allí nació su pasión por la lengua de John Lennon. En su infancia estuvo ligada a la Sociedad Pro Arte Musical, donde estudió danza clásica. Si no bailó tan bien, la culpa fue de su robusto empeine que no consiguió hacer línea recta con el cuerpo. Famosa, casi un hit, fue Guardafronteras, pieza que cantó a dúo con Adolfo Costales. Ya dando clase en la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, comenzó a escribir. Ella escribía poscrítica, Paradiso, la aventura mítica y la novela Desde los blancos manicomios, son algunos de sus libros. La letra de su sillón en la Academia Cubana de la Lengua es la uve. Hace unos días presentó su retiro laboral a los funcionarios del Instituto Superior de Arte. Lo espera ansiosa, pero no descansa.
