Víctor Hugo y sus vínculos con la Cuba independentista

Años atrás, o digamos mejor unos cuantos años atras, entre las lecturas de juventud de muchos lectores de América Latina, junto a las aventuras escritas por Emilio Salgari y los libros de anticipación científica de Julio Verne, estaban Los Miserables, de Víctor Hugo, que además de constituir un clásico de la literatura universal, se lee con extraordinaria amenidad.
Víctor Hugo murió, al cabo de una fecunda vida de 83 años, el 22 de mayo de 1885, es decir, 130 años atrás, y en el panorama literario mundial la fecha no ha de pasar inadvertida.
En modo alguno fue el autor francés ajeno a la situación cubana, ni a su estatus colonial. Existe constancia de ello y no sorprende, dado el carácter crítico e independiente que reveló siempre en sus opiniones políticas, gustara o no las autoridades.
En esta ocasión preferimos evocar este episodio de Víctor Hugo que lo relaciona con Cuba durante el proceso libertador en la Isla. Corría el año de 1874 (sexto de la Guerra de los Diez Años) y Antonio Zambrana, constituyente en Guáimaro en 1869, se hallaba por París en funciones de agente especial de Cuba Libre.
Conocedor el cubano de la simpatía de Hugo por los movimientos emancipadores, se dirigió a él en busca de alguna manifestación de su apoyo y con fecha 22 de junio de 1874, redactó esta nota para Zambrana:
Señor:
Simpatizo profundamente con la noble y valerosa Cuba. He levantado ya la voz por ella, y de seguro que la levantaré de nuevo. Tendré una viva satisfacción en veros. Me encontraréis en mi casa, calle de Clichy, número21, el jueves 25 de junio, a las 9 de la noche.
Os envío mi más cordial apretón de manos.
Quizá afirme el lector que se trató solo de una nota, si bien reveladora de su simpatía “con la noble y valerosa Cuba”, expresión que podía tomarse, dado el prestigio y celebridad de quien la emitía, como un espaldarazo público a la lucha del pueblo cubano.
Pero posiblemente de mayor interés resulte releer la valoración humana y literaria que de Víctor Hugo nos entrega José Martí:
La mariposa va donde las alas la lleven: Víctor Hugo ha ido donde el siglo lo ha llevado. Gran conductor, ha sido a su vez conducido; y, siendo luz, ha sido reflejo. Es necesario verlo para tener idea de una aurora boreal; oírlo, para tener idea del Sinaí. Su nuevo libro es una sonrisa de anciano, que no puede ocultar completamente los ojos que sobre ella fulminan contra las maldades de los hombres miradas de gigante. Se extravía a veces el grande hombre, y exagera sus abstracciones poéticas, pero doquiera que los grandes ríos vayan, son grandes ríos.
La impronta de Víctor Hugo en los escritores de habla española y en particular en los cubanos del siglo XIX es palpable en la veneración de estos, en la lectura comentada de sus obras, en la defensa de su pensamiento y estilo.
No viene al caso repetir lo que tanto se ha escrito, ni enumerar los numerosos adjetivos que suelen acompañar a su condición de escritor, gloria de Francia y de su lengua. Bastaría recordar que Hugo fijó su mirada en Cuba, conoció de sus ansias de libertad y no desaprovechó la oportunidad de patentizar su solidaridad con una causa que para muchos europeos era un asunto muy distante y hasta apartado de sus preocupaciones vitales.
En ocasión del 130 aniversario de su muerte, puede ser esta una razón más para llegarnos a la biblioteca y releer la abundante obra (no solo Los miserables, hay variedad de títulos para escoger) de Víctor Hugo, una aventura que será disfrute y enseñanza para el lector.
Editado por: Dino Allende
