Acercamiento al paraíso en Sábado del Libro
En La Biblia se indica que el paraíso fue el hogar de la primera pareja humana: «Jehová Dios plantó un jardín en el Edén, hacia el este, y allí puso al hombre que había formado. [...] Y procedió a tomar al hombre y a establecerlo en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara» (Génesis 2:8, 15). Al traducirse este pasaje del hebreo original al griego, la palabra que se empleó para “jardín” fue parádeisos, de donde se deriva el vocablo español paraíso. Las Sagradas Escrituras presentan ese jardín como un lugar real en el que la primera pareja humana vivía libre de la enfermedad y la muerte (Génesis 1:27, 28), pero como desobedecieron al Santo Padre, perdieron aquel hermoso hogar. No obstante, muchas profecías bíblicas hablan de un futuro en el que la humanidad gozará del paraíso restaurado. Hay quienes piensan que todo esto no es más que una antigua leyenda, mientras que otros lo ven como un jardín de ensueño donde los buenos viven para siempre realizando actividades agradables y productivas.
Esa idea de la inmortalidad es tan recurrente en las diferentes culturas que ha sido objeto de estudio de una apreciable cantidad de investigadores a lo largo de la historia. Precisamente acá en Cuba se publicó recientemente por la Editorial Arte y Literatura el volumen Imaginarios del Paraíso. Ensayos de interpretación, del escritor argentino Adolfo Colombres, que fue la propuesta del pasado Sábado del Libro.
Adolfo Colombres está considerado actualmente como uno de los antropólogos latinoamericanos más importantes. Su ya vasta obra incluye títulos como La colonización cultural de la América indígena (1977); La hora del “bárbaro”. Bases para una antropología social de apoyo (1982); Sobre la cultura y el arte
popular (1987); América Latina: El desafío del tercer milenio (1993); Celebración del lenguaje. Hacia una teoría intercultural de la literatura (1997); Seres mitológicos argentinos (2001), y Teoría transcultural del arte. Hacia un pensamiento visual independiente (2004). Ha recibido innumerables galardones, entre ellos el Premio Sudamérica de Lenguas y Letras (1991), el Premio Konex de Letras (1994) y el Premio Ricardo Rojas de Narrativa (1996). Es autor, además, de varias novelas y libros para niños.
Su propósito con Imaginario del Paraíso, según aclara en la introducción, no es hacer una antropología de la muerte, pues se trata más bien de un acercamiento a los mitos escatológicos que se detienen en descubrir las características de esa otra vida imaginaria que se alcanza despues de morir, y que no persigue la pureza de las ciencias sociales, ni la verdad “objetiva” de los teólogos, sino que se inclina hacia esa cuota de subjetividad que se permiten la literatura y el arte. De lo que se trata, asegura, es de confrontar los paraísos concebidos por los diferentes pueblos, tanto actuales como extinguidos, no solo para alcanzar en lo posible cierta visión transcultural, sino también, o sobre todo, para dar cuenta del grado evolutivo que alzanzaron, de su capacidad de poetizar y significar la vida, hablando del más allá de la muerte.
La presentación del texto en el Sábado del Libro le fue confiada al doctor en Ciencias sobre Artes Roberto Méndez, quien es miembro correspondiente de la Academia Cubana de la Lengua y uno de nuestros más reconocidos ensayistas; que cuenta en su aval, entre otros, con el Premio Alejo Carpentier y el Premio Internacional Mariano Picón Salas, ambos en la categoría de Ensayo.
Si repasamos el quehacer de Colombres, aseveró Méndez en sus palabras, podemos definir con cierta precisión el universo de sus obsesiones. Se interesa, sobre todo, por las prácticas culturales tenidas por periféricas, con un interés particular en lo simbólico y ritual. Tiene una marcada visión anticolonialista que se acerca especialmente a los pueblos originarios de América, para precisar sus imaginarios y el núcleo filosófico que los nutre. Este interés se ha extendido hacia otros grupos sociales de Ásia, África y Oceanía y sus libros están marcados por un lenguaje creativo lleno de imágenes y sugerencias en las que se mezclan los discursos de diversas artes, los relatos y la poesía popular.
Más adelante explicó que Imaginario del Paraíso esta dividido en cinco secciones: “Jardines de Oriente”, “Europa: el paraíso perdido”, “El África negra: los muertos que no se van”, “América o la tierra sin mal”, y “Las islas lejanas”. Las cuatro primeras se subdividen en numerosos epígrafes que se ocupan de las visiones particulares o convergentes de diferentes grupos humanos o civilizaciones, en un recorrido por las antiguas culturas de los persas, egipcios, indios, chinos, etruscos, romanos, bantúes, mexicanos, mayas, guaraníes e incas, entre otros pueblos. En la última parte remite al lector a la búsqueda del paraíso por viajeros, artistas y escritores europeos y norteamericanos, entre los se cuentan Paul Gauguin, Herman Melville, Robert Louis Stevenson y Jack London, «que ubican el perdido edén de los orígenes en algún remoto confín del universo no suficientemente tocado por la civilización occidental y capitalista».
Roberto Méndez concluyó la lectura de su enjundioso texto de presentación afirmando que un buen libro como este no solo provoca placer en el lector, también una necesidad de diálogo con el escritor, en la medida en que despierta interrogantes y hasta disenciones. Y abogó porque en un futuro no lejano se produzca una nueva edición del mismo, en gran formato, con papel grueso y amplios márgenes, donde ganarían espacio y color las pinturas, grabados y fotografías que acompañan al volumen. «Sería esa la edición perfecta para tener siempre a la mano en casa, la que nos quitaría los deseos de salir al sol y al ruido y nos obligaría a hojear una y otra vez esta sucesión de sueños que nos permiten ganar, aunque sea por un momento, la condición de inmortales».
