El peligro de una confrontación cubano-dominicana (I)
A mediados de 1947, como resultado de las disputas entre el gobierno cubano de Ramón Grau San Martín y el dominicano de Rafael Leónidas Trujillo, se desató una intensa agitación política ante la presunta amenaza que representaba la expedición de Cayo Confites para el régimen dicatorial trujillista.
El 19 de agosto, varios días después de que la cancillería cubana hubiera recibido de su similar dominicana la nota dirigida al Jefe de Estado Mayor, general Genovevo Pérez Dámera, de parte de su colega dominicano, general Caamaño, donde lo exhortaba actuar para impedir los preparativos de la expedición armada contra el gobierno de Ciudad Trujillo, el aludido respondió en una entrevista a la agencia United Press.
El alto oficial cubano refirió que había contestado a dicha nota, prometiendo realizaría una investigación del caso y ratificó que la misma se hallaba en curso. Después de todo ese protocolo terminó asegurando que era absurda la acusación de que estuviera preparando una fuerza expedicionaria en Cuba. Estaba visto que esto era una respuesta estudiada para la prensa pues Genovevo actuaba para tener acorralada la conspiración y había mandado a confiscar no pocos aviones de guerra.1
Por esos días la prensa cubana, en particular el periódico Pueblo del 11 de agosto había reportado acerca de una acalorada discusión entre Grau, el Ministro de Educación José Manuel Alemán y Pérez Dámera . Este último había protestado de la actividad de Alemán alrededor de los revolucionarios dominicanos, entendía que la misma indicaba un desprecio a su alto rango y autoridad. El general pedía a Grau escoger entre él y el Ministro de Educación.
El diario en cuestión especulaba que el Presidente Grau no había mantenido informado a Genovevo respecto a la actitud condescendiente de su gobierno hacia la trama contra el régimen trujillista. Se reportaba que en ese caso Grau le pidió a Alemán pusiera al día de los acontecimientos al General.2.Por lo tanto, la respuesta oficial del Jefe del Estado Mayor cubano a la nota diplomática dominicana estaba influida por ese acuerdo del que se hacían fuertes conjeturas. Todo parece indicar que al sospechar los vínculos de Genovevo con Trujillo, se decidió mantenerlo fuera de los detalles de la conspiración, pero luego se le incorporó a la misma con la esperanza de contar con su apoyo.
Por encima de lo que pudieran decidir cubanos y dominicanos, los norteamericanos movían los resortes de su poder para decidir en torno a este conflicto caribeño. Según un informe de la legación dominicana en La Habana, uno de los agregados militares norteamericanos en esa capital había anunciado en el Hotel Nacional que la “expedición era una expedición suicida” y que no se le debería permitir su salida.
¿Cómo de antemano el alto mando militar estadounidense la calificaba de suicida?, ¿Tendrían previsto que los marines norteamericanos actuaran contra ella?.
Para ratificar esa postura cercana al intervencionismo, el Encargado de Negocios dominicano en su informe a sus superiores sobre el encuentro con el Agregado militar expresaba:
“Quien con él hablaba dice que sacó la sensación de que los Estados Unidos sólo tienen interés ahora de luchar contra el comunismo y que ‘una revolución siempre lleva en la entraña la posibilidad de que los comunistas mejoren su posición’, por tanto no les interesaban los cambios violentos”.3
Era evidente que Washington estaba dispuesto a todo para impedir la salida de la expedición revolucionaria, ya que la misma se había vinculado al naciente conflicto Este- Oeste dentro de la Guerra Fría, ellos bregarían satisfechos con los regímenes totalitarios caribeños antes que aceptar cualquier tipo de revolución social en su traspatio natural.
Mientras tanto, el gobierno cubano se mantenía dubitativo ante las presiones enormes que recibía y en cuanto a las reclamaciones dominicanas solo acertaba a decir que no cumplían las formalidades requeridas para ser procesadas, se le estaba dando largas a un asunto que requería una determinación definitiva. Cada día que los expedicionarios perdían acampando en cayo Confites era una derrota a sus propósitos liberadores. Por suerte, otro líder dominicano del exilio, Jiménez Grullón, trataba de corregir en algo los desatinos de Angel Morales y declaraba a la prensa que una invasión a la República Dominicana era una fantasía de Trujillo. 4
En vista de todo ello el dictador dominicano intentó “coger el toro por lo cuernos”, enviándole una carta personal al Presidente Grau para hacer que la cancillería cubana admitiera como procedente la protesta diplomática dominicana. La misiva ratificaba la denuncia acerca de los ingentes preparativos militares que se efectuaban en Cuba para “intentar desembarcos en territorio dominicano con el designio de desatar una guerra civil” y admitía que los cubanos habían respondido que atenderían el caso. Lamentaba Trujillo que según “los indicios en posesión de mi gobierno” los aprestos bélicos seguían su curso en Cuba sin que se hubiera tomado ninguna medida efectiva para detenerlos y que por tanto “se requiere la intervención de una autoridad más influyente que la Cancillería, para mover la acción de esos departamentos en el sentido de la fiel aplicación de los pactos interamericanos” por lo cual apelaba “personalmente a Vuestra Excelencia”.
Trujillo asumía que de lo contrario se malograría la paz en el Caribe y “la legendaria amistad entre el pueblo dominicano y el cubano”, y concluía indicando que “si Vuestra excelencia así lo quisiera formalmente, se resolvería inmediatamente”.5 Parecía insólito que a esa altura Trujillo se presentara como víctima preocupado por la paz del Caribe y pretendiara apoyar sus reclamaciones en los pactos interamericanos, de los que se había burlado en más de una ocasión. Pactos que por demás solo se aplicaban siempre que Washington lo estimaba conveniente.
El Presidente Grau respondió con una breve nota que era prácticamente una reiteración de las anteriores decalraciones de la propia cancillería cubana: “En relación con las apreciaciones de Vuestra Excelencia sobre supuestas actividades de exilados dominicanos residentes en mi país, pláceme manifestarle que mi gobierno ha tratado de comprobar la exactitud de esas informaciones y continúa laborando en el propósito de evitar que puedan ocurrir los hechos a que las mismas se refieren”. 6
Por esos días, fuentes de inteligencia dominicanas dieron a conocer al personal diplomático norteamericano que en una finca situada en Calabazar, propiedad del Ministro de Educación, José M. Alemán, se encontraba todo un arsenal bélico para producir la expedición revolucionaria. También corroboraron que el Ministro cubano había contribuido con $ 350. 000 a los preparativos insurreccionales.7 Además, descubren la presencia de aviones de combate en el Mariel y conocen que los primeros pilotos norteamericanos enrolados en la conjura habían arribado a Cuba. 8
A pesar del último esfuerzo de Trujillo para formalizar su protesta ante el gobierno cubano, la legación dominicana en La Habana advertía que la cancillería de la mayor de las Antillas insistía en apreciar que no había una protesta oficial dominicana, “considerando notas como mensajes de colega a colega sobre informaciones no oficiales de actividades revolucionarias en Cuba” y que ello no significaba “representación formal” alguna. Pedía autorización para protestar “por vía legación cubana allí o por conducto legación dominicana”. 9
El 21 de agosto un cable de UPI indicaba que Trujillo podría formular acusaciones contra Cuba en algún organismo oficial basándose en los acuerdos de La Habana de 1928 y 1940.10 Es curioso que después que los norteamericanos contemplaran este tipo de mecanismo para enfrentar el conflicto cubano-dominicano viniera luego Trujillo a recurrir a lo mismo. Evidentemente Washington y Ciudad Trujillo estaban actuando en sintonía.
Citas y notas
1-Resúmenes de prensa, 19 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento de Estado y de las fuerzas armadas norteamericanas. Tomo II (1947). Santo Domingo, Editorial Fundación Cultural Dominicana, 1982, p. 598-599.
2- Informe Norweb, 18 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947), p.583-584.
3- Informe legación dominicana en La Habana,19 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947) p. 608.
4- Informe Norweb, 19 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947), p. 602 y 603.
5- Archivo del Ministerio de Relaciones Exterirores de la República Dominicana. 114/6.1 1936-1974 (6).
6- Ibidem.
7- Informe de Lovett, Embajada EEUU La Habana, 20 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947), p. 613.
8- Telegrama Norweb 20 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947) p.613-614.
9- Carta de Emilo García Godoy, Encargado Secretaria de Estado de Relaciones Exteriores, 21 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947) p.618-619.
10- Resúmenes de prensa. En: Bernardo Vega , Ob. Cit. Tomo II (1947) p. 618.
Editado por: Dino Allende
