Rogelio Martínez Furé

El maestro Rogelio Martínez Furé se reunió con el periodista Fernando Rodríguez Sosa en la librería Fayad Jamís, durante el espacio Libro a la Carta, dejando a su paso un cúmulo de dicharachos y refranes en lengua yoruba, conga y arará.
Humildad, conciencia, ciencia y paciencia es la filosofía de este hombre que domina el inglés, el francés y el portugués como su español natal, solo para enriquecerse de los clásicos y llevar la sabiduría a los demás, ya que en su investigación no había ningún libro que tratara los temas de África en español.
Inaugurador del Grupo folclórico nacional y primero en llevar a las tablas la obra complementaría folclórica Oshun y Oggún, nos aconsejó no olvidar nunca nuestros orígenes, porque el presente está lleno de imprevistos.
En una conferencia magistral el maestro nos dejó ver toda la transculturación que el Grupo tiene como telón de fondo: lo árabe, lo ibérico, el punto guajiro, el zapateo, la tumba francesa, etc. No solo es África por algo, es es un grupo de vanguardia.
Furé no está de acuerdo en cómo se manifiesta la religión en este tiempo, en que el desconocimiento ha engendrado comportamientos a los que ha llama “negrólogos” y “jineterismo-seudocultural”, personas oportunistas que proclaman una sabiduría hecha de la impronta, que guian a una generación ingenua y ignorante. La falta de rigor investigativo es un lastre, vuelve a recalcar, debe hacerse de humildad y paciencia porque su objetivo es recolectar y devolver la riqueza del patrimonio. “La mentira da flores pero no da frutos” —dice un pensamiento africano.
Nos recordó que el estribillo, muy popular en estos días: “Oh, La Habana, Oh, La Habana” fue usado por primera vez en el siglo XIX, y que la rumba es un toque profano, que al decir del diccionario, profano significa "lo que no es sagrado ni sirve para usos sagrados. Falto de respeto para las cosas sagradas. Irreverente".
Se deben conocer las raíces para controlar el presente y no quedarse detenido en el tiempo, sino ir con el tiempo. Esto pasa por la idealización que tenemos de África y la nostalgia conque la vemos. Sus viajes al continente negro fueron un encontronazo. Había llevado los tambores batá cubanos después de un siglo y redescubrió a una verdadera y contemporánea África, donde el sincretismo era exuberante y la imagen del desarrollo absolutamente distinta.
El libro que se mostraba al público ese día titulado El pequeño Tarikh, apuntes para un diccionario de poetas africanos, con prólogo de Nancy Morejón, es el complemento de su trabajo de cuatro décadas, empezado en 1963, terminado y entregado en el 2014 y publicado en 2015. El compendio realizado en siete tomos recoge todo lo que dejaron los ancestros africanos en sus noventa lenguas, hasta la musulmana.
Lo cubano es un río de aguas siempre renovadas, que al final desemboca en lo más hermoso: asumir la historia sin chovinismo ni xenofobia. El concepto de lo cubano cambia, se reinventa constantemente. Este diccionario, según Furé, estará siempre abierto para que lo enriquezcan las nuevas generaciones, y recuperar así la memoria y también el olvido, porque Cuba es y será siempre parte del gran Caribe.
A la pregunta de los consejos para la nueva generación aportó que se deben leer los clásicos, todos, porque somos todos, con todo tipo de pensamientos. En especial recomendó a Lidia Cabrera, que es la recolectora de la memoria viva, y a Fernando Ortíz, el tercer descubridor de Cuba y que aportó que sin el negro Cuba estaba incompleta.
Se siente un hombre realizado y que las luces y las sombras que han rodeado su vida las volvería a vivir. A pesar de que cree ser un cubano, matancero nato, lanzó al aire una pregunta: ¿quién lo sepa que me lo diga?
