Lina Leiva y sus inspiradoras barcas de cristal
La colección 21 de la editorial Gente Nueva, creada y desarrollada desde el 2007 por el escritor, poeta, periodista, investigador y promotor literario Enrique Pérez Díaz, no deja de sorprendernos con intensas proposiciones. Una de las más entrañables es el título presentado en el año 2013 dentro del apartado Juvenil: Las barcas de cristal hacia el infinito, de la escritora Lina Leiva, nacida en 1964 en Morón, Ciego de Ávila.
El volumen incluye 45 textos que podrían catalogarse como microrrelatos, viñetas o cuentos cortos, pues apenas basta a la autora una página, o incluso medio folio, para provocar en sus lectores las más urgentes emociones, las más de las veces dolorosas, con cada historia que narra en una acertada síntesis. Pleno del más preciso realismo, no obstante, su lenguaje se torna por momentos metafórico en una extraña dualidad contrastante que caracteriza su estilo literario de manera muy singular.
La obra sin dudas toca esa parte de la realidad que hiere y desgarra. No hay lugar para las medias tintas; sin embargo, a pesar del pesimismo y la tristeza que respira cada creación, la estructura del libro favorece un devenir, si no optimista, sí esperanzador. Los similares títulos que enmarcan la obra como publicación en sí, como libro compacto y completo -el que inicia y el que termina-, no solo juegan entre ellos con sus significados en un nivel denotativo, sino también connotativo y simbólico, al sumar como propuesta definitiva, el título del libro como tal. Se inicia con “Las barcas de cristal”, culmina con “Las barcas de cristal en la corriente”, y propone una opción más sugerente con el título del libro, que ofrece a la postre un círculo de esperanza y brillo.
A juzgar por las dedicatorias que preceden a numerosos relatos, varias de las narraciones están inspiradas en sucesos tomados de las más pedestres circunstancias. Los temas son diversos: el abandono filial, el alcoholismo, la muerte de los padres, de los abuelos, pero también de los hijos, el suicidio, las ausencias, la espera infructuosa e infinita, las fantasías, las represiones, la locura, los maltratos, los olvidos, los amores, la enfermedad, la maternidad, la fealdad, el racismo, la homofobia (estos dos últimos tópicos tratados con cierta intencionalidad positiva). No solo la infancia es reflejada en específico, inmersa en su mundo interior, en sus preocupaciones y anhelos, sino también la adolescencia y la juventud se encuentran insertadas en contextos familiares o sociales: el hogar, la escuela, la naturaleza –el mar en específico- como escenario de labores (pesca, navegación, transporte).
Lina Leiva rinde culto así a las costas de su archipiélago y a la vida diaria de sus habitantes más sencillos y comunes, en cuyo entorno penetra para adueñarse de sus retos y ansiedades, de sus derrotas y victorias más íntimas y personales, de sus esfuerzos más heroicos y silenciosos, de sus sentimientos más ocultos.
Quizás el destinatario del texto no sea la infancia más llana sino más bien la adolescencia tardía, por la comprensión que exige no solo la compleja redacción de la obra por momentos, sino su interpretación a niveles más acuciosos y disfrutables. La edición de Las barcas de cristal hacia el infinito fue realizada por la reconocida editora Suntyan Irigoyen Sánchez, y el diseño, composición e ilustraciones son de Damián Flores Iriarte, quien respeta, a pesar de su abigarrada y fantasiosa imagen de cubierta, el perfil de la colección pautado por María Elena Cicard Quintana, basado en la figura compleja sobre el fondo simple y neutro.
Convocamos desde nuestras páginas a navegar en las barcas de cristal que nos ofrece Lina Leiva, con la intensidad que merece y la ilusión como brújula, que nos orienta a través de sus distintos senderos. La autora es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Fundación Nicolás Guillén. Entre los libros publicados con su firma destacan Grande como el viento, Cascabeleo, La noche dónde está, y ¡Ay, qué miedo! También cultiva la poesía. Ha obtenido Premio en Encuentros de Talleres Literarios y Mención en el Concurso Eliseo Diego.
Editado por Yaremis Pérez Dueñas
