Tocar a un hombre
La primera vez que escuché el nombre Agostinho Neto fue en la estrofa de una canción de la nueva trova cubana, si mal no recuerdo, y que estaba dedicada a todos aquellos cubanos que habían prestado ayuda y servicio internacionalista en un país de África llamado Angola. Luego no supe más de este patriota angolano, hasta que conocí a varios estudiantes extranjeros que procedían de ese mismo país y que estaban estudiando medicina en nuestro suelo cubano, pero que hablaban de su prócer con mucho orgullo.
Ahora tengo en mis manos un volumen que me ha sorprendido sobremanera, porque no sabía que los escritos de este memorable hombre habían sido recopilados y hechos un bello libro, al alcance de quienes aún creen firmemente en la esperanza y están convencidos de ello.
Este volumen que corresponde a la colección Sur de Ediciones UNIÓN, perteneciente al año 2012, consta con la traducción y una especie de introducción, Agostinho Neto: Culminación de la sagrada esperanza, de David Chericián, quien comenta que no es hasta «principios de 1963, que recibe de manos de estudiantes de Angola y otras colonias portuguesas en África, escritos a mano, a máquina, y muchas veces dichos de memoria, los primeros poemas de Agostinho».
Estoy de acuerdo con Chericián cuando comenta sobre esta poesía africana, que son versos marcados por una palabra que resalta a cada instante mientras la vista y el sentimiento se pierde entre las páginas de Sagrada esperanza.
Definitivamente este revolucionario tuvo que ser un hombre consciente en todo momento de sus vivencias y de todo lo que le circundaba, tanto del sufrimiento de su pueblo oprimido y necesitado de cambios radicales, como del grito voraz que le iba consumiendo por dentro y que encuentra su cauce en la lucha por la libertad y justicia para su gente sufrida, como en la literatura, escribiendo poemas y versos que extrapolaran su sentir a otros, que quizás vivían ajenos a esta realidad de África y se comportaban, por eso, pasivamente.
Es necesario decir que António Agostinho Neto Kilamba nació en Icolo y Bengo, ciudades de Angola, el 17 de septiembre del año 1922, y murió en la ciudad de Moscú, antigua Unión Soviética, el 10 de septiembre de 1979. Entre sus actividades principales es meritorio resaltar que fue el primer presidente que tuvo Angola, luego de liderar el Movimiento Popular de Liberación de ese país, el cual trataba de revivir la cultura angoleña tradicional, además que el mismo fomentó en el angoleño la escritura de poemas y escritos que exaltaran dicha cultura y con los cuales sirvió a diversos movimientos también nacionalistas angolanos.
Poesía africana
En el camino
La fila de cargadores bailundos
que gimen bajo el peso de los fardos.
En el cuarto
la mulatica de ojos cariñosos
que se retoca el rostro con polvo y colorete.
La mujer bajo las anchas faldas menea las caderas.
En la cama el hombre insomne piensa
en comprar tenedores y cuchillos para comer en la mesa.
Agostinho también fue médico, y con sus conocimientos ayudó a reprimir el colonialismo portugués. Por dichas actividades sufrió prisión en Cabo Verde y exilio en Marruecos, luego de escapar de su condena. Desde allí siguió con su ideología anticolonialista, independentista y marxista.
Los poemas de Sagrada esperanza son versos cargados de una fuerte emotividad. Entre ellos hay palabras, imágenes y metáforas dedicadas tanto a las madres como a los compañeros de lucha que ofrecieron su vida por la independencia y una vida mejor en Angola y todos los pueblos africanos. «Adiós a la hora de la partida» es el primer título que encontramos al desnudar este libro y es una muestra fehaciente de lo dicho antes.
Madre mía
(…)
tú me enseñaste a esperar
como esperaste en las horas difíciles.
(…)
Ya no espero
Soy aquel por quien se espera.
Si bien se había dicho que la poesía agosthiniana era una poesía, sin dudas, comprometida con las ideas de independencia, libertad y marxismo, el caso es que no solo se dedica a quienes tomaron un fusil en sus brazos para pelear contra el enemigo, sino también, a aquellas personas sin las cuales no hubieran podido hacer lo correcto, aquellas que quedaron en espera de asomarse y ver un reflejo en el horizonte que resultara conocido, una figura que llenara el vacío de la foto donde falta el hijo, el padre, el hermano… Pero ya ellos no esperan nada, ellos luchan, y son esperados por quienes les aman.
Agostinho también denuncia los males, las injusticias contra las que lucha, solo sugiriendo, de forma clara y sin traspiés:
El rostro retrata el alma
arrugada por el sufrimiento.
En esta hora de llanto
vespertina y ensangrentada
Manuel
su amor
partió (…)
¿Hasta cuándo?
Además de estar en presencia de una poesía revolucionaria, comprometida y patriótica, no podemos decir que estamos en ausencia de derroche de buen gusto y maestría al escribir este género literario tan difícil de desarrollar. El autor se engalana para mostrarnos de una bella forma el mundo que conoce y que sueña con plena certeza de poder lograrlo.
Si queremos conocer África, la Angola de antes y la Angola actual, es preciso leer la Sagrada esperanza de Agostinho Neto. Quizás podamos decir que es nuestra Cuba de quien el poeta y patriota escribió, mas, es necesario compartir la certeza de la poesía y la victoria que en estos días se nos regala.
