El peligro de una confrontación cubano-dominicana (II)
Finalmente se procedió a que la legación dominicana por medio de su Encargado de Negocios, Inchaústegui, tuviera contacto personal directo con el Ministro de Estado cubano, Rafael González Muñoz. En el encuentro sostenido por ambos, el primero refirió que era necesario terminar de salir del “círculo vicioso en que nos estamos moviendo” por el hecho que los cubanos no terminaban de aceptar como validas las reclamaciones dominicanas anteriores. El Ministro cubano, según Inchaustegui, “vió la trampa y sonrió”, también se quejó del exceso de publicidad que se le habían dado al intercambio de notas.
El diplomático dominicano dijo que la peor propaganda la había dado el líder del exilio Angel Morales, quien afirmó en Washington que “había cinco mil hombres” integrantes un ejército para combatir a su gobierno. Inchaustegui concluía que esos hombres “en alguna parte deben estar (…) más probablemente en los países americanos que están cerca de nosotros. Esto nos autoriza a pensar que aquí o en Haití o en alguno de los países del Caribe que están frente a nosotros se hallan esperando”. Hasta el Canciller cubano tuvo que reconocer ante Inchaustegui que “cuando él leyó las declaraciones del Señor Morales midió la cantidad de imprudencia y de incapacidad política que tiene, pues estaba ofreciendo pormenores que toda persona que piense se guarda”.1
En ese momento, González Muñoz terminaría dando a conocer a Inchaustegui el procedimiento que estaba siguiendo para el caso que debatían: “Yo creo que con el tiempo se podrá disipar (…) el justo temor de una agresión. Han pasado los días y nada ha ocurrido, creo que esta es una cuestión de tiempo”.2
Por tanto, en ese momento, el gobierno cubano estaba adoptando una estrategia para desangrar poco a poco los aprestos de los revolucionarios; caminaba en un terreno minado donde hasta al propio Grau le podía estallar una “bomba” si todo el proceso no se disponía a paso lento como hacen los zapadores. En esas circunstancias, cada día perdido era una derrota para los revolucionarios, todo parece indicar que a partir de este momento comenzó la traición del gobierno cubano a los revolucionarios dominicanos y cubanos.
Comenzaban a presentarse denuncias en la prensa cubana de los padres de algunos jóvenes que se habían sumado al grupo expedicionario y del que se desconocía su rumbo. Era el principio del fin de la expedición y todavía Inchaustegui, insatisfecho, le espetó a González Muñoz que podían solicitar en organismos internacionales que se aplicara lo estipulado en la llamada “Carta de La Habana” y que él sabía que Alemán tenía un arsenal de guerra en su finca privada, con varios aviones incluso. Al diplomático dominicano le llamó la atención que ante esas revelaciones el Canciller cubano “sonrió tan francamente, tan incrédulamente, que le dije: y a lo mejor se dice por ahí no puede haber treinta aviones que la finca es muy pequeña y que solo cabrán en ella treinta vacas”.3 Evidentemente, el encargado de negocios dominicano no captó con suficiente perspicacia el mensaje que le quiso transmitir González Muñoz.
Otros pasos daría la diplomacia dominicana a través de la legación cubana en Ciudad Trujillo. El Encargado de Negocios cubano en esa capital, Miguel Figueroa Miranda, fue convocado a una cita con el Secretario de Estado para Relaciones Exteriores, Emilio García Godoy. En el encuentro García Godoy, a solicitud de Trujillo, se hizo acompañar por el embajador brasilero ante el cual le leyó la carta que “el Jefe” le había mandado a Grau.
Figueroa se resintió de la presencia del embajador brasilero y también de la alianza de Trujillo con la Argentina de Perón, es por ello que se quejó al embajador norteamericano Butler de que “Trujillo siente que puede forzar el asunto con Cuba debido al respaldo argentino”. Esa misma noche la embajada argentina ofreció una cena cóctel en honor a Trujillo donde fue condecorado por el embajador Molinari, quien se piensa fue el “autor intelectual” de la carta a Grau.4 Con posterioridad Figueroa recibió una carta de García Godoy en que demuestra ciertas esperanzas en lo que el Presidente Grau pudiera hacer, toda vez que no negaba las imputaciones que el gobierno dominicano le hacía. En la misiva se exhortaba al gobierno cubano a que cumpliera lo dispuesto en la “Carta de La Habana” y procediera a desarmar y disolver al grupo de expedicionarios.
García Godoy trataba de adoctrinar convenientemente a Figueroa con la esperanza de atraer al gobierno cubano a la órbita de los países que se habían asimilado al carro de la “Guerra Fría”:
Por consiguiente, esos individuos, de tendencia extremista como se ve revelando con más fuerza cada día, constituyen un agrupamiento del mismo cariz que el que actúo a favor del comunismo en la última guerra española, y sus designios no pueden ser meramente políticos-internos en lo que respecta a la República Dominicana, sino los de tratar de producir una revolución social que repugna a sus tradiciones, a la ideología política de todos sus sectores, y a los más altos intereses del sistema democrático americano.5
Citas y notas
1-Memorando confidencial. Legación dominicana en La Habana, 21 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento de Estado y de las fuerzas armadas norteamericanas. Tomo II (1947) .Santo Domingo, Editorial Fundación Cultural Dominicana, 1982, p.620.
2-Ibidem.
3-Ibidem.
4-Telegrama Butler, 22 de agosto de 1947. En: Bernardo Vega , Ob. cit. Tomo II (1947), p 626-627.
5-Archivo del Ministerio de Relaciones Exterirores de la República Dominicana. 114 / 6.1 1936-1974 (6).
Editado por: Dino Allende
