Entrevista a Guillermo Rodríguez Rivera
Hay entrevistas que solo son un cuestionario: frías y ortodoxas. Otras adoptan el tono de conversación y llevan a los interlocutores a rutas no planeadas, a veces tediosas, a veces necesarias y plausibles. Guillermo Rodríguez Rivera me recibió en la sala de su casa en el Vedado, me invitó a sentar en el sillón que deseara y allí, frente a mí, con la tranquilidad de quien puede responder a cualquier pregunta, indagó sobre los objetivos y lugar de publicación de la entrevista que me disponía a hacerle.
-¿Por qué la crítica? -Inquirió.
- Porque creo que en Cuba se adolece de ella.
- ¿Te gusta la crítica?
- Sí, pero no me atrevo aún.
- (SONRÍE) Bueno, vamos a ver, empecemos.
¿Usted cree que se hace crítica literaria en Cuba hoy?
Yo no sé si se hace, pero no se publica, y por tanto es como si no existiera. La prensa cubana no publica nada. Esos espacios se eliminaron cuando se redujo el tamaño de los periódicos, que después crecieron pero se quedaron con periodistas fijos que a veces no son críticos literarios, sino periodistas que hacen trabajos culturales, porque tampoco tienen, ni la disposición, ni la capacidad para hacer crítica literaria propiamente dicha.
Hay distintos tipos de crítica. La investigación o el estudio de una obra, la reseña, que es mas informativa que otra cosa… También se pueden considerar varias fases de la crítica: al escoger una obra para comentarla, se está en presencia de una primera fase crítica ¿por qué elijo esa y no otra? ¿por qué me voy a acercar a esta y no a las demás? Martí decía: “Amar, he ahí la crítica”. También decía que cuando no estaba de acuerdo, callaba; que él no iba a hacer nunca crítica negativa.
A veces se confunde la crítica con la promoción literaria…
La promoción tiene un aspecto de crítica, porque ya cuando tu promueves algo por iniciativa propia o por un factor cultural y no por razones comerciales -en este caso no es crítica literaria-, se puede hablar de un trabajo crítico.
¿Usted cree que lo que se hace en la prensa cubana es promoción literaria y no crítica?
Yo creo que promoción tampoco. Cada cierto tiempo aparece un trabajo diciendo: “salió tal libro”, pero no es sistemático. Eso se suprimió en el Periodo Especial y luego por comodidad de los editores no se retomó. Aquí se cometieron muchos errores en el 62. Recuerdo que se suspendió el pago de colaboraciones en un momento dado; se asignó a cada revista, incluso a las literarias, una redacción. Los periodistas no eran especializados, tenían que escribir de todo, y por tanto la calidad era muy baja.
Hay en Cuba una tendencia a la crítica elogiosa, ¿cuáles cree que sean las causas de este fenómeno?
En Cuba hay criterios a veces muy equivocados respecto a la polémica literaria. Yo he sido bastante polemista y me he buscado bastantes líos por ello. Porque hay quienes creen que cuando discrepas respecto a un libro, lo estas haciendo con la persona. Por eso muchas veces prefieren la crítica dulzona, edulcorada, que siempre está de acuerdo. Yo creo que la crítica, si se hace bien, y de buena fe, puede también censurar ciertas cosas. Eso lo que hace es ayudar al escritor, no solamente al lector. Sarmiento asumía la crítica desde un sentido muy elemental, en el que incidía mucho lo biográfico. Y a veces es muy interesante porque en la biografía de un escritor encuentras elementos que pueden explicar la obra, aunque no en un cien por ciento, no hay que confundir la obra con la persona. En un momento se desechó la crítica estructural, mas rigurosa y científica, que a veces eludía las cuestiones biográficas, que creo que pueden ser muy interesantes. Hay un elemento llamado “la enciclopedia de la obra”, es decir, los datos que me pueden ayudar a comprender la obra como la afiliación política o filosófica del escritor, el momento en que se escribe la obra… Son factores importantes aunque nunca llegan, por supuesto, a sustituir la obra porque esta tiene además el factor estético. La obra literaria es un fenómeno complejo, tiene un aspecto psicológico, uno autobiográfico, uno social y otro ideológico. Es decir, que es difícil abarcarlo todo.
¿Cuáles son las características que no le pueden faltar a un crítico?
Primeramente debe estar todo lo bien informado que pueda. Porque la información es la que te da los instrumentos para pensar y actuar sobre las cosas, para analizarlas. Ese es un elemento fundamental. Luego debe de poner un poco los problemas personales a un lado. A uno no le cae bien ni simpatiza con todo el mundo, y a veces te cae bien alguien que no es un gran escritor. El crítico debe centrarse más en la obra, atender a lo que es y lo que dice, a las contribuciones que hace al ser humano. La gente pasa y la obra queda, es lo que llega al lector. Puede que no conozcas al autor y estés leyendo, sin embargo, su obra. Allí puede haber una presencia del hombre, quien está más o menos implicado en su obra. Quizás donde más se implica es en la poesía.
¿Así asume usted la crítica?
Yo quisiera, ojalá.
Entonces ¿cuál es su experiencia de la crítica?
Soy profesor universitario y he sido, ocasionalmente, crítico también. Y tengo un curso sobre el Análisis del texto poético, que salió publicado recientemente bajo el título La otra palabra, por la editorial Pueblo y Educación. Se trata de una metodología crítica para la poesía, que termina con los análisis integrales de dos poemas: uno clásico, un soneto barroco y el otro mucho más contemporáneo, más profundo.
Uno tiene que procurarse los instrumentos. Y el crítico debe tener la mayor cantidad de herramientas posibles y debe fijarse en cómo las aplica. Cada obra demanda un tipo de análisis específico, hay que comprender lo que la obra te quiere decir, y luego elegir, pero ya eso depende del talento del crítico.
Durante un tiempo prescindimos de las polémicas, aunque ahora la hemos retomado un poco. Es que a veces entendemos mal los criterios políticos. La unidad es muy importante en momentos decisivos. Todos los países, hasta los más profundamente capitalistas, cierran filas en los momentos que les hace falta. Pero una cosa es cerrar filas en la defensa del país y otra es hacerlo en cuanto a una obra literaria porque proponga un criterio diferente. Ese no es un problema de principios. Se trata mas bien de variedad de opiniones que es lo que enriquece el saber.
Quizás con las políticas culturales de los años ´70 comenzó a mermar la inspiración para la crítica…
Sí, por supuesto. En los ´70 desaparecen un montón de escritores de este país. A muchos escritores no les dejaban publicar nada, entre ellos yo. Había un criterio de hacer una cultura sin fisuras ideológicas y aparecen muchos poetas que se esfuman después porque no eran poetas. Fue un periodo de mediocridad, yo creo que por eso es quinquenio gris. Pero con los buenos escritores, desaparecieron también los buenos críticos y la crítica en general.
Sin embargo, hoy día hay algunos críticos dignos de mención…
La crítica esta muy menguada, y la investigación, porque yo creo que la crítica tiene varios aspectos. Está la reseña, que versa sobre lo que está aconteciendo; la crítica, que es la valoración de una obra nueva; y la investigación que va a profundizar en una obra que ya se conoce. Yo creo que la que más se hace es la investigación, en los medios académicos. Por ejemplo, el gran crítico de poesía de Cuba en el siglo XX fue Cintio Vitier, pero también está Roberto Fernández Retamar, Ambrosio Fornet -para mí el mejor crítico de narrativa-. José Antonio Portuondo fue un gran conocedor de la crítica pero la ejerció muy poco. José Lezama Lima era un crítico muy personal, muy de su formación…
¿Muy impresionista?
Con eso de impresionista hay que tener cuidado. Si lo asumimos como no tener una metodología crítica entonces sí. Yo creo que Lezama hacía poesía con la crítica. Desiderio Navarro ha sido más bien un investigador de la crítica. Pero la crítica en sí la ha ejercido muy poco. De él puedo citar estudios sobre Nicolás Guillén, así como muy buenas traducciones sobre el desarrollo de la crítica en el mundo. Enrique Saínz hace cosas interesantes, Roberto Méndez, Luisa Campuzano igualmente, pero con ella ocurre igual que con Portuondo, ha estudiado mucho la crítica, pero no ha incursionado tanto como la ha estudiado.
¿Entonces pudiera generalizarse que la crítica se estudia más de lo que se ejerce?
Es que hay un vacío de la crítica que se ha visto en los últimos treinta años, motivado por la falta de interés de la prensa por la crítica. En revistas literarias no se puede hacer crítica que llegue a la gente. En la Revisa Unión por ejemplo. Hay que hacerlo en el Granma, en el Juventud Rebelde, buscar más espacio, seleccionar mejor a los periodistas para ejercerla. Ya hemos ido recuperando los periódicos, a ver si ahora recuperamos la crítica. Los problemas de la prensa son demasiado grandes para meterse, además, en el asunto de la crítica literaria.
¿Qué pudiera hacerse concretamente para llenar este vacío?
Lo primero es abrir las secciones de crítica en la prensa cotidiana. Es desde ahí que se puede hacer la crítica de lo que va apareciendo en el día a día para llegar a la gente y que esta la siga. Ese es un tipo de crítica que desapareció. La tuvimos durante el primer lustro de la Revolución, quizás hasta el 66 o el 67; de ahí en adelante empieza a desaparecer. Tenemos una trayectoria tan complicada.
La cosa mejoraría mucho si las publicaciones tuvieran esa crítica más o menos fija, que mostraran puntos de vista diferentes sin ser enemigos, porque las personas pueden ver las cosas de diversas formas sin ser absolutamente adversarios. Pero yo creo que el crítico verdadero es el que hace permanentemente la crítica en una publicación, porque habitúa al lector a un punto de vista y este acude a él porque le interesa, porque se identifica. Tiene mucho que ver el punto de vista del crítico. Ese es un elemento que siempre va a funcionar. Aunque lo primero debería ser que hubiera crítica. Habría que buscar la manera de reponer esto en los órganos de prensa, que hayan algunas personas que hagan trabajos críticos sobre las novedades literarias, y se les pague por eso.
