Teresa Melo: una voz lírica primordial
El Autor y su Obra, espacio que cada mes organiza el Instituto Cubano del Libro (ICL) para homenajear a aquellos escritores e investigadores que, con sus obras, han enriquecido el devenir de la cultura cubana contemporánea, se consagró en esta ocasión a la poetisa, editora y promotora cultural Teresa Melo, quien es considerada «una de las voces líricas primordiales de la década de los ochenta».
Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961) es licenciada en Filosofía por la Universidad de La Habana y tiene publicados, entre otros, los poemarios: Libro de Estefanía (Ediciones Caserón, 1990), El vino del error (Ediciones Unión, 1998), Yo no quería ser reina (Ediciones Santiago, 2001); El mundo de Daniela (Centro de Ediciones de Málaga, España, 2002 y Ediciones Cauce, 2006), y Las altas horas (Editorial Letras Cubanas, 2003 y Ediciones Espiral Maior S L, Galicia, 2008). Otros textos de su autoría aparecen recogidos en diversas publicaciones seriadas cubanas y extranjeras, entre las que destacan: Del Caribe, SiC, La Gaceta de Cuba, El Caimán Barbudo, Casa de las Américas, Cúpulas, La Jornada, A duras páginas, La palabra y el hombre (estas tres últimas de México), Catálogo de letras (EEUU), Journal Amistad (Holanda), y Ateneo de la Laguna (Islas Canarias, España). También se encuentran contenidos en las antologías: Ellos pisan el césped (Ediciones Vigía, 1988); Poesía infiel (Casa Editora Abril, 1989); Retrato de grupo y Jugando a juegos prohibidos (ambas por la Editorial Letras Cubanas, en 1989 y 1990, respectivamente); Mujer adentro (Editorial Oriente, 1999); La isla entera (Betania, España, 1995); Hermanos (Grupo Cultural Pórtico, Brasil, 1997); El turno y la transición. Poesía latinoamericana del siglo XXI (Siglo XXI Editores, México, 1997); La casa se mueve (Málaga, España, 2001); La rebelión de los desobedientes (Solar Editores, 2001); Incesante rumor (Ediciones Puentepalo, Islas Canarias, 2002), Puerto del sol (New México State University, 2002); Heridos por la luz (Guadalajara, México, 2003), y Los nuevos caníbales (Isla Negra/Búho, 2003), entre otras.
Entre los numerosos lauros merecidos por la trascendencia de su obra y quehacer cultural sobresalen los premios Jacques Roumain 1987; de la Crítica Literaria 1999 y 2004 (por El vino del error y Las altas horas, respectivamente); Nicolás Guillén, de poesía, en el 2003 (por Las altas horas); La Rosa Blanca, 2004, y la distinción Por la Cultura Nacional, en el 2002, que concede el Consejo de Estado de la República de Cuba «en virtud de la creación a favor de la identidad patria».
El panel que realizó el elogio estuvo integrado por los también escritores Nancy Morejón (Premio Nacional de Literatura), Enrique Pérez Díaz y Pedro López Cerviño, quienes abordaron con palabras hermosas y sentidas la hondura y significación del quehacer artístico y literario de Teresa Melo.
En el texto que tituló “Una mujer que no cabe en los poemas”, López Cerviño recorre, a partir de sus recuerdos, la relación de amistad y admiración que ha sostenido durante largos años con esa «mujer que va más allá y más acá de sus poemas», que escribe despacio, como ya se ha dicho, y que publica más despacio aún, pues aunque no tiene como “modus operandi” pulir largamente como orfebre sus poemas, prefiere sembrarlos y esperar a que broten las yemas insolentes, y así, segura de esa vida propia, se decide entonces a publicarlos. Más adelante la describió como una humilde y sencilla trabajadora capaz de defender las audacias desde sus labores como directora de Ediciones Santiago —«que tantos bienes hiciera y hace a escritores y lectores»— y del Centro Provincial del Libro y la Literatura en su provincia, también como organizadora del Encuentro de Poetas en la Fiesta del Fuego, y en su actual desempeño en la Fundación Caguayo, una institución que trabaja denodadamente por preservar y enardecer la memoria y el acervo cultural de Santiago de Cuba, donde «es alma que crea, promueve y enaltece a cuanto vale», siempre con esa profunda «vocación de promotora de espacios para dar oportunidad y protagonismo a muchos jóvenes creadores, en gentil mecenazgo».
Enrique Pérez Díaz realizó un acercamiento a la literatura que escribe para niños tomando como referencia El mundo de Daniela, un poemario donde consigue en cada línea, de modo diáfano y creativo, pertrechar a los lectores de una mirada otra sobre las esencias que conforman el entorno de un menor que se crece ante nosotros por sus preocupaciones e incertidumbres lógicas a su edad. Teresa y Daniela, dos y una misma en sus intenciones de buscar las razones o sinrazones del mundo en que viven, hacen nacer el milagro de que la poesía brote sin moldes y ataduras, liberadas por fortuna de las más tradicionales formas de la versificación dedicada a la infancia, dijo Enriquito y concluyó afirmando que este volumen renueva el cuarto de los libros cubanos de poesía pensada, dirigida o que toma al niño como esencia y sustrato, convirtiéndose en una de esas raras avis en las cuales, desde la más inmediata sencillez, se consigue la ansiada y remota universalidad.
Por su parte Nancy Morejón comenzó sus palabras asegurando que Teresa Melo pertenece a la tradición de poetas como Regino Boti y José Manuel Poveda, para mencionar solo los más conocidos, pues ellos representan un conocimiento muy cabal del oficio literario y que rompieron un monton de barreras culturales, para ganarse el respeto y la admiración de todos sus coetáneos. Hay una expresión en la obra de Teresa —apuntó— de una limpieza, transparencia y un sentido de lo popular tan lírico, que le aportan una apreciable dimensión humana.
La también presidenta de la Asociación de Escritores de la UNEAC y de la Academia Cubana de la Lengua, se declaró muy feliz de participar en el agasajo a una autora cuya obra se encuentra ya colocada entre las prioridades del movimiento literario cubano y cuyo nombre no es cualquier cosa, ni es solo el de una persona que queremos y que es imprescindible para nosotros, pues se trata de alguien que nos ha aportado y dado lecciones.

Hace algunos años atrás, en medio de una atroz campaña de mentiras orquestadas contra el proceso revolucionario cubano, Teresa Melo leyó un texto de su autoría en el concierto convocado “En defensa de la Patria” y realizado en la explanada del antiguo Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, que es prueba fehaciente del compromiso con su propia “milicia invisible de la poesía” y de la ética de quien defiende los valores del ser humano por encima de cualquier otro. Cubaliteraria le ofrece a sus lectores un fragmento:
Creo, como escribió el poeta cubano José Lezama Lima, que nacer es aquí una fiesta innombrable. Ser parte de esa fiesta nos da el derecho a la luz y a la oscuridad, al sol y a sus manchas, al cielo azul y a la nube que es nuestra y que nos corresponde sólo a nosotros deshacer o convertir en lluvia.
Creo en la belleza de los colores de mi luz de patria. En el blanco de la paloma pintada por Pablo Picasso y la rosa franca de José Martí. En el blanco de las “almas de blanco” que entregan salud y sonrisa a los devastados por sismos de la naturaleza y de las sociedades. En ese blanco creo, así que sé que ese símbolo es mío, es nuestro, es de Cuba.
Creo en la belleza de los gladiolos que nacen en mi tierra. Quienes ayer enarbolaron martillos creyendo destruir la música, quienes ayer destrozaron un pavorreal creyendo destruir el arte, quienes se hacen fotos junto a un torturado como trofeo, quienes creen en un Nobel de Paz con el uniforme de la guerra, no pueden enarbolar mis gladiolos. Ninguna flor crece abonada por el engaño, la manipulación, la hipocresía y el dinero. Así que este gladiolo y todas las flores que simbolizan la belleza, abonados por las manos que los siembran, son míos, son nuestros, son de Cuba.
Fotos cortesía de La Jiribilla y Alfredo Montoto
