Abril, novela para adolescentes
La editorial Sed de Belleza se encuentra ubicada en la ciudad de Santa Clara, capital de la central provincia cubana de Villa Clara. Puede considerarse una de las editoriales de vanguardia en el país, por la perspicaz e intencionada selección de sus publicaciones. En esta ocasión les propongo una obra aparecida en el año 2014. Su título es Abril, de la joven escritora Sigrid Victoria Dueñas.
El quehacer de esta creadora se centra en la literatura para niños y jóvenes. Nacida en La Habana, en 1980, ha obtenido reconocimientos por su escritura en este género, como el Premio Calendario del 2003 con Los Noseniqué tienen la panza rayada, publicado dos años más tarde por la editorial Abril; la Beca de Creación La Noche, otorgada por la Asociación Hermanos Saíz en 2005; la primera mención en La Edad de Oro, certamen de Gente Nueva, en 2009, por Ciudad en Red, publicado en 2012 y comentado en estas páginas. Con la Editorial Oriente tiene publicada la noveleta El Inicio del Cuento, del 2007, y su título El Dinosaurio vio la luz, por Gente Nueva en el 2014. La activa escritora fue además miembro del equipo de guionistas de la gustada serie televisiva para público juvenil, Adrenalina 360. Ha sido antologada y pertenece al taller literario Espiral y al grupo Creativo Manga Cubano.
En esta novela corta, el argumento se centra en la historia de una amistad cultivada inconscientemente desde la infancia más temprana, que desemboca en un amor inconfesable al llegar la adolescencia. Historia común y frecuente, y sin embargo, de tratamiento singular, pues se inicia drásticamente en el clímax de un accidente, donde la protagonista, de nombre Abril, yace en coma y su espíritu se proyecta hacia el joven amado, Michel, con quien deberá cumplimentar una misión.
Es interesante el manejo de las distintas tipografías para diferenciar los planos de narración del texto, donde muchas peripecias se reiteran, pero siempre desde distintos puntos de vista, a manera del faulkneriano monólogo interior. El plano de la conciencia espiritual de Abril está marcado por la letra cursiva, ligera y volátil, mientras que la visión de Michel, al pie de la realidad, permanece en letra de molde. Se narra siempre en primera persona del singular, desde donde la autora migra de uno a otro personaje, caracterizando categóricamente a cada uno de ellos.
Otro aspecto de valía es la incorporación de la fantasía a través de la presencia de un espíritu que solo el interesado puede ver, un recurso que, si bien la literatura de este género –y otras manifestaciones artísticas como el cine y el teatro- maneja con bastante frecuencia, brilla en este caso por la manera sorprendente, certera y sutil que la autora propone, sin necesidad de forzar la dramaturgia, sino con inusitada naturalidad, pues la fluidez con que suceden los acontecimientos es otro logro que destaca en el estilo de Sigrid. Conocido desde textos anteriores, como Ciudad en Red, libro ofrecido en estas páginas hace ya un tiempo, cada vez resulta más convincente y profundo por su enfoque audiovisual. Las descripciones son dinámicas, muy a tono con el vocabulario juvenil de estos tiempos, mas sin caer en inoportunas o inútiles jergas.
Las referencias a obras clásicas de la literatura universal dedicada a la niñez, de sobra conocidas por los adolescentes lectores, marcan enlaces generacionales entre los protagonistas y el público al que va dirigido. En son de burla, de protesta o de reafirmación, son hitos que apoyan y potencian el devenir dramatúrgico. Específicamente se traza un paralelo que abre y cierra el conflicto, con el cuento "La Sirenita", del danés Hans Christian Andersen, en el sentido de la invisibilidad semántica de ambas protagonistas:
Qué bien se ve que Andersen era hombre… Pobre Sirenita. Eso de no poder hablar es lo peor que puede hacérsele a una mujer. (Pág.15)
Andersen fue compasivo en su historia. Después de todo, la espuma de mar no puede sentir. Quiero ser espuma. (Pág. 85)
Es notable, por ello, la presencia de temas de género y la relevancia otorgada a la intimidad juvenil en esta obra, no solo femenina sino masculina. La autora se muestra consciente de su público primario, protagonizado por edades donde la sexualidad se manifiesta de manera explosiva. Sin didactismo evidente, la autora nos propone el caso de la evasión del cuidado familiar y parental, donde una inexperta o ingenua joven –muy a pesar de su aparente malicia- puede caer en presiones difíciles que llevan a explotaciones peligrosas y dañinas para la personalidad y la integridad física de un adolescente. Para ello incluye sucesos que ocurren al personaje supuestamente negativo: Ingrid, sometida a la prostitución por quien menos pensaríamos, debido al buen diseño de cada integrante de la trama que se nos ofrece, y a la misma dramaturgia que la creadora sabe manejar con buen tino.
Ninguna conversación es ociosa, todo diálogo está lleno de significado, sin sonar aleccionador, mucho menos aburrido, pues no se pierde la esencia estética y lúdica, ineludible en la literatura dedicada a edades juveniles. Por tanto, también pudiéramos hablar de mezcla de géneros en el texto, dada la presencia de elementos tanto de la novela negra como de la romántica, la fantástica, la realista, e incluso la psicológica.
Destaca la edición de Déborah García, la corrección es de Isaily Pérez y el diseño de cubierta pertenece a Alex, quien hace uso de códigos manga, tan atractivos para los más jóvenes, para representar a los dos protagonistas vestidos de uniforme típico de secundaria cubana, en un desencuentro que no permite adivinar el final sorpresivo del texto interior. La resolución del conflicto se logra de manera espléndida en la última página, y aunque no merece ser calificada de abrupta, sí se llena de tensión y fuertes emociones que el lector disfrutará enormemente, como hemos comprobado en la realidad.
Abril, novela ideal para la adolescencia de estos tiempos, recuerda a deliciosos clásicos del género introducidos en Cuba en décadas pasadas, escritos por mujeres, como La cinta blanca en tus cabellos, de Clara Jarunkova, o Se ha perdido una niña, de Galina Demikina, por su sutileza e imaginación al manejar contenidos complejos y urgentes. Como testimonio final, dejo la protesta de una niña de once años, quien, al terminar de leer el libro se quedó mirando la última página con actitud satisfecha y triste a la vez, para decir:
Ay… ¿por qué se acabó tan rápido?
