Venid, amigos, a la fiesta mía

“Mi padre, Eliseo Diego, nació el 2 de julio de 1920, hace 95 años. He querido agrupar estos recuerdos y contarlos, como un pequeño homenaje a su memoria y a todos esos abuelos españoles, desconocidos para mí, pero de los que tanto habló durante toda su vida y que, sin dudas, fueron la simiente de la cual brotó su amor por la literatura, la cultura y el arte”.
Con tales palabras, Josefina de Diego iniciaba su conferencia que, bajo el título España y la literatura española en la vida y obra del escritor cubano Eliseo Diego, se llevó a cabo en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, para recordar un nuevo aniversario del natalicio del autor de En la Calzada de Jesús del Monte.
Se trataba del segundo texto de una serie, iniciada con el estudio El idioma inglés y la literatura inglesa en la vida y obra del escritor cubano Eliseo Diego –ya expuesto, el pasado año, en la propia institución cultural de El Vedado habanero—, que concluirá con Lo que me cuentan los libros de la biblioteca de mi padre, que pronto será leído en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Sustentada en una extensa entrevista, realizada a su padre en 1989 –aun inédita—, así como en testimonios del escritor, documentos familiares y fotografías, Josefina de Diego, con hábil y amena destreza, iniciaba su intervención con un recorrido por el árbol genealógico, afincado en tierra española, del conocido, y reconocido, poeta, narrador y ensayista.
“Sus padres, amantes ambos de la literatura –afirmaba—, le compraban muchos libros y, desde muy pequeño, se aficionó a la lectura. Conservo casi todos los libros de aquella maravillosa editorial catalana, Araluce. Me conmueve ver que el niño que fue Eliseo Diego, en esos libros, dibujaba banderitas cubanas, que también pegaba en forma de calcomanía”.
Al ser hijo de un asturiano, ser sus abuelos maternos españoles, y tener una madre que, aunque cubana, le hablaba en inglés y le regalaba libros escritos en ese idioma, “el cubanito que ya era mi padre, en medio de tanta confusión de idiomas y acentos extraños, sintió la necesidad de que quedara muy clara cuál era su nacionalidad, aunque le apasionasen sus lecturas sobre los almogávares, la historia de la Conquista o las batallas del almirante Nelson…”.
La huella de España resulta evidente en la obra literaria de Eliseo Diego. Así lo demuestran, por ejemplo, los dos primeros textos –titulados “Boabdil” y “Felipe II”—, que publicó, con solo veintidós años, en las páginas de la revista Clavileño, aparecidos, respectivamente, en las ediciones de agosto y septiembre de 1942.
En este encuentro, Josefina de Diego daba testimonio de lo visto en su casa, de las lecturas de su padre, de sus conversaciones y de sus preferencias. Rememoraba, entre otros recuerdos, cómo el escritor citaba de memoria extensos parlamentos de El Quijote, novela cumbre de Miguel de Cervantes Saavedra que –según sus palabras— leyó y releyó en numerosas ocasiones.
La mayor influencia recibida por su padre –aclaraba—, se encuentra a partir del Romancero y cancionero español de los siglos XV y XVI, así como de los escritores del llamado Siglo de Oro español. Podría afirmarse que fueron sus preferidos Cervantes y Quevedo, incluso dos de sus libros tienen por título versos de este poeta: En las oscuras manos del olvido, su primera obra publicada en 1942, y Conversación con los difuntos, traducciones de poetas ingleses y norteamericanos aparecido en 1991.
Dentro de la ensayística de Eliseo Diego –incluida en obras como Libro de quizás y de quién sabe— también son recurrentes las referencias a España. Son innumerables sus textos sobre la poesía anónima española, pues “le fascinaba su sencillez y cómo lograban esos poetas sin nombre atrapar la esencia de las cosas, los enigmas de la vida, con un mínimo de recursos”.
Cerraba su conferencia Josefina de Diego con la lectura de “Venid, amigos, a la fiesta mía”, el primer soneto escrito por su padre cuando solo contaba unos veinte años –uno de los preferidos de Fina García Marruz, presente en el encuentro—, “porque aquí nos pide que hagamos, un poco, lo que hemos hecho hoy: recordarlo, acompañarlo, compartir entre todos «las cosas que él amó»”.
Foto: Roxana de los Ríos
Editado por: Dino Allende
